María Teresa Ruiz Rosas y su último «delirio» literario

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El Búho: Teresa, ¿cuál es la sensación para un escritor cuando lanza una nueva obra, en este caso, una novela?

Teresa: Es una mezcla de felicidad con enorme alivio por poder dedicarse a la siguiente novela, que está a la espera, y a la vez de expectativa por las reacciones. Como escribir es una actividad tan solitaria en principio, ese gran encuentro con “los otros“ es motivo de júbilo y de curiosidad por saber si lo que se pretende transmitir es percibido como tal. Asimismo, el mero hecho de conseguir publicar, es un reconocimiento, una certeza de no haber errado el camino.

Teresa Ruiz Rosas
Teresa Ruiz Rosas. Foto: María Mishamina 

¿Cuánto de Arequipa y cuánto de ti misma hay en esta obra?

Arequipa está recreada en los
setentas, en la época en que la protagonista de Estación Delirio, Anne Kahl,
vivió en nuestra ciudad. Está la mirada de ella como extranjera, alemana, y la
mirada de nuestros paisanos hacia ella. De mí hay la historia de mi amistad con
ella, que fue real, mi propia recepción de sus enseñanzas que fueron muchas, y
todo lo que proyecto en la ficción, que es lo que en la práctica me habría
gustado hacer. Por supuesto también maneras de ver el mundo, opiniones, deseos,
que siempre se filtran aunque aparezcan en boca de otros personajes y no
solamente de esa especie de alter ego mío, que bauticé como Silvia Olazábal
Ligur.

¿Cómo crees que influye en tu escritura la personalidad y el talento que viste en tu padre, el poeta José Ruiz Rosas, desde niña?

Al menos de tres maneras que considero
esenciales. Primero, la de poetizar hasta lo más banal y cotidiano dándole un
tono mágico, y en esa medida ficticio, y a fin de cuentas literario. Segundo,
la de ver la vida con humor y querer y saber plasmarlo al margen de lo trágico
que sea cuanto se necesita narrar; un humor afinado con las teclas de la
ironía, pero no destructivo ni pedante, sino que contiene el germen de la fe en
la alegría como fuerza positiva de la energía humana. Y tercero, la de tener un
profundo respeto por la lengua, es decir, tallar el lenguaje como un diamante,
pues es el único material de la escritura, no solo para la poesía como en su
caso, también para rescatar toda la humanidad que les quiera dar a mis
personajes, o la falta de humanidad, según.

¿Cómo ves el Perú desde Colonia donde vives, Teresa?, ¿cómo te llegan las noticias de este tiempo tan agitado?

Me parece importantísimo lo que desencadenó Gustavo Gorriti con su equipo hace 18 meses. Y también que la población descontenta haga públicas sus protestas. Me parece atroz el número de feminicidios, la pederastia del Sodalicio, entre otros. Es esencial que Teresina Muñoz Nájar haya abordado esos temas con rigor periodístico. Me encanta que la gente -no toda, pero mucha- tenga sed de leer; sino, no abrirían nuevas librerías, como “Licántropo“ en Arequipa y “Los Heraldos Negros“ en Barranco.

Vuelves a Arequipa cada 2 o 3 años, ¿está mejorando como ciudad, en qué?

Mejora mucho. Ya no hay tanta contaminación acústica como la hay, por ejemplo, en Chimbote, donde he estado esta vez. El Centro Histórico se respeta bastante, hay calles peatonales, otras con bancas como la calle Bolívar. Las picanterías son cada vez más ricas y también más abundantes. La gente ha tomado conciencia de vivir en una ciudad cuyo casco antiguo es Patrimonio de la Humanidad.

¿Y qué cosas van empeorando?

Mi querida calle Puente Grau y alrededores es un desastre de chabacanería, que tiene que ver con el exceso de microbuses que circulan por allí. Me cuentan del desatino de una autopista absurda con murales, que no he llegado a ver. En general, hay un exceso de vehículos y una escasez de transporte público de masas, causantes de un tráfico contaminante que parece querer competir con el de Lima, que es un espanto. Por último, el día en que resuelvan el problema del transporte público, algo perfectamente posible, la ciudad habrá avanzado en décadas de golpe.

Portada de Estación Delirio de Teresa Ruiz Rosas
Portada de Estación Delirio de Teresa Ruiz Rosas

Cinco ediciones del Hay Festival, el Congreso de la Lengua, la reactivación de la UNSA, podrían estar cambiando el panorama cultural de la ciudad, ¿eres optimista o pesimista respecto a esto?

Optimista siempre, es una motivación grandiosa para la gente, que de hecho participa un poco más en la vida cultural. Ojalá despierten todos de cierto letargo para asistir a lo que, con tanto esfuerzo, se organiza. Me refiero también al día a día, no solo en esos pocos días anuales de gloria colectiva. Lo que me sigue pareciendo un misterio es que la gente con los mayores recursos sea, en su mayoría, tan indiferente a la vida cultural de la ciudad.

Contra lo que se auguraba, el libro y la lectura no han muerto. Ahora los jóvenes leen pero de una manera distinta, ¿cuál es el futuro de los escritores como tú?

Ya quisiera yo saber cuál será el
futuro. Ni idea. Yo sigo escribiendo como siempre, procurando mejorar en cada
novela que escribo y que traduzco. Creo que hay más jóvenes que leen de lo que
se imagina uno. En la calle Villalba, por ejemplo, me abordó un joven que me
había leído, estaba emocionado de poder hablarme, para mí fue muy grato
conversar con él espontáneamente.

¿Tu libro anterior “Nada que Declarar” va a ser llevado al cine, ¿qué expectativas tienes de eso?

Precisamente hemos estado trabajando
en el guión unos días con el realizador, Miguel Barreda. Es todo un desafío
adaptar una novela así como película de animación. Creo que ese formato
permitirá que llegue a más gente, que es de lo que se trata, pues justamente es
una crítica frontal al tráfico de mujeres con fines de explotación sexual. Un
tema que, aunque esté en agendas políticas, inexplicablemente no entra del todo
en el debate. Será porque los consumidores de prostitución, que tienen poder,
lo impiden. Y porque hay todavía un sedimento machista en la sociedad que
llevará un par de generaciones hasta que se diluya por completo, me temo.

Los nuevos escritores de Arequipa, algunos de los cuales has leido como Jurado del Concurso de El Búho, ¿qué deben mejorar?

Algunos, para empezar, su ortografía,
un indicador de lo poco que leen. Creo que si leyeran más, escribirían
automáticamente mejor, en general. Porque la lectura también afina el oído
literario, por así decir, una suerte de sentido de orientación que te indica si
vas bien o mal en tu escrito. Me parece magnífico que haya tantos interesados
en ser autores, pero han de considerar, que un buen escritor no saca de la
manga una obra lograda, hay bastante trabajo con el lenguaje detrás, y eso se
detecta más o menos rápido en la lectura. Es, pues, el oficio que se cultiva
con dedicación y práctica infatigables. Es curioso, pero casi nadie que no sea
escritor se imagina la cantidad de horas que hay metidas en la escritura de una
novela, por ejemplo. Se asombran de verdad cuando se toca el tema.

¿Qué escritores peruano o latinoamericanos sigues actualmente?

Seguir es algo que no va con mi ritmo de vida. Pero leo con avidez cuanto cae en mis manos, y lo termino de leer siempre que me atrape. Y si es extraordinario, como Bolaño, por ejemplo, lo releo y releo. La narrativa de Carlos Calderón Fajardo me gusta mucho, y también la de Oswaldo Reynoso y Miguel Gutiérrez. De autores vivos habría una buena lista, pero si luego me olvido de alguna o alguno. También leo a menudo poesía porque somos tierra de excelentes poetas.

¿Lanzarías una opinión política sobre lo que sucede en el mundo, en el Perú y en Arequipa?

En el mundo se preocupan demasiado por
el cambio climático y su poder destructivo sin ir al grano, que en mi opinión
es la industria armamentista, cuyo 59% lo controla Estados Unidos, y sus armas
-cuya fabricación, por lo demás, contamina a tope- se usan en guerras genocidas
como la de Yemen. ¿O existe acaso algo más destructivo para el planeta que
construir armas y utilizarlas en exterminar a nuestra propia especie? En lugar
de preocuparse por erradicar el hambre, para empezar.

Luego, en el Perú existe una desfachatez generalizada en cierta clase política de ilimitada codicia, que despliega una falta de ética alarmante, la cual se extiende como una epidemia. En los colegios tendría que haber más cursos de ética, de honestidad, de respeto por absolutamente todos los derechos humanos. Y claro, además, predicar con el ejemplo. Los políticos tendrían que ser modelos de integridad moral, que para eso son personas públicas elegidas y muy bien remuneradas.

En Arequipa, a veces observo una
tendencia a solo criticar defectos sin mencionar las virtudes de algunos
políticos, como ocurrió con Juan Manuel Guillén. Su excelente política
universitaria en la UNSA, por ejemplo, fue desandada apenas salió.

Teresa en Zurich (1992) con su padre el poeta José Ruiz Rosas

Ficha:

María Teresa Ruiz Rosas Cateriano

Lugar y fecha de nacimiento: Arequipa, 26 de abril de 1956

Estudios: 

Colegio Max Uhle, Literatura en la UNSA, Germanística y Filología Hispánica en la Universidad Albert Ludwig de Friburgo de Brisgovia, Filologías Húngara y Alemana en la Universidad Eötvös Loránd de Budapest.

Filología Hispánica y Traducción en la
Universidad Autónoma de Barcelona.

Ocupación: Escritora, traductora literaria.

Obras principales: El copista, La mujer cambiada, Nada que declarar, El libro de
Diana, Estación Delirio.

Premios:

Premio de poesía Enrique Huaco, Juan Rulfo de cuento en 1999.

Además de otros, Mención Honrosa de la III Bienal Internacional de Novela Copé 2011, a la novela Nada que declarar.

Una versión impresa de esta entrevista fue publicada en la Edición N° 72 de El Búho, la Revista.

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Texto e imágenes de: El Buho – Cultura
@ María Teresa Ruiz Rosas y su último «delirio» literario

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