Crecimiento económico, desarrollo y retos post COVID-19 en el Perú – VALOR.PE

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Por: Fernando Palomino Milla[1]

Nadie pudo presagiar los efectos de una pandemia como estamos viviendo hoy en el Perú y el mundo, mas aún, los planificadores estratégicos no previeron, ni siquiera como hipótesis negada, la posibilidad de ello. No es momento de criticar ni ser “generales” después de la batalla, pero las críticas gusten o no son necesarias y si en algo estamos de acuerdo no pueden quedar solamente circunscritas al gobierno del Presidente Vizcarra. Las críticas son vitales para la democracia y permite mejorar rumbos.

El manejo de la crisis por la pandemia del COVID 19 no ha sido el adecuado en el Perú. El Presidente Vizcarra debió aplicar desde el inicio de la emergencia la ley del Sistema de  Seguridad y Defensa Nacional (Ley 28478) y Ley de Movilización Nacional (Ley 28101) que se aplican contra amenazas convencionales (conflictos y guerras) y no convencionales, entre ellas “calamidades generadas por la naturaleza o inducidas por el hombre” para lo cual el empleo intensivo de las FFAA era prioritario.

Las FFAA, mas allá de apoyar en la seguridad interna en las calles, están desplegadas a lo largo y ancho del territorio nacional, conociendo las realidades locales mejor incluso que ciertos gobiernos regionales, y tienen la capacidad de efectuar planeamiento, registro, inventarios , logística y un largo etcétera en apoyo a la sociedad ante esta emergencia. Esto de ninguna manera significaría la militarización del país.

Lo concreto es que la pandemia está golpeando a la humanidad muy fuerte con millones de infectados y miles de vidas perdidas sin considerar los graves daños a la economía nacional y en especial al empleo formal e informal. Naturalmente el Perú no ha sido la excepción y los indicadores son alarmantes, mas aún enfrentando esta terrible amenaza con un sistema de salud muy precario era fácil pronosticar un triste desenlace.

Ahora bien, es momento de preguntarnos, por qué hemos llegado a los niveles de inoperancia y pobreza de los sistemas de salud? Es decir, siendo el Perú uno de los países modelos en el mundo en materia de crecimiento económico, mejores indices macroeconómicos, reducción de la pobreza y pobreza extrema, control de la inflación, mayores reservas internacionales netas, una responsable política monetaria, entre otros, tengamos que experimentar la situación que vivimos en estos últimos 20 años de prolongado crecimiento económico, período en el cual fuimos la “vedette” de la región.

Según datos del Banco Mundial el PBI del Perú creció desde USD 51,745 millones en el 2000 a USD 222,045 millones de dólares en el 2018. Esto significa haber mas que cuadriplicado el PBI en términos nominales en 20 años. A no dudar son cifras espectaculares sumada a que el porcentaje de la deuda externa sobre el PBI que se mantiene por debajo del 30% siendo uno de los mas bajos de la región.

América Latina es la región mas inequitativa del mundo. El Perú no es la excepción a pesar de una mejora marginal del índice Gini en los últimos años. Las metas del milenio de la ONU a partir del año 2000 y el Acuerdo Nacional, por citar dos documentos importantes, mencionan la necesidad de incrementar anualmente los presupuestos de salud y educación hasta llegar al 6% del PBI cada uno. Luego de 20 y 16 años de implementados estos acuerdos, no hemos sido capaces de elevar mas del 3% cada uno de ellos. Contradictoriamente durante dicho período el crecimiento del PBI peruano fue en promedio superior al 5%.

Que paso? Simple, la confusión sempiterna. Creer que crecer es igual a desarrollar. Nos contentamos con el mero crecimiento económico, muy importante por cierto, y descuidamos el desarrollo. Crecer económicamente no es igual que desarrollar. En economía, ese dogma de fe llamado la “mano invisible” de Adam Smith, permite para algunos un equilibrio entre la oferta y la demanda, sin embargo el crecimiento per se no puede garantizar el desarrollo de un Estado. He aquí la gran diferencia, solo nos contentamos con crecer económicamente, aplicando una severa ortodoxia en el manejo económico, como si ello fuera suficiente para el desarrollo, sin perjuicio de la mala gestión de funcionarios públicos e inclusive altos niveles de corrupción.

Alcanzar los niveles de desarrollo que requiere el Perú significa establecer adecuadas políticas públicas e implementar planes de desarrollo de largo aliento para atender la salud, educación, seguridad, conectividad, formalización de la PEA,  entre otros. Estas políticas públicas deberán ser transversales entre si. Lo concreto fue que la gestión de estas políticas públicas por los distintos gobiernos fue deficitario en los últimos 20 años. Pues entonces, hay una co-responsabilidad de todos ellos y el ciudadano tiene el derecho de denunciarlos públicamente ante la historia.

Si analizamos las otras políticas públicas distintas a la salud el panorama es similar o peor. Todas ellas deficitarias y en alarmante situación. Que hubiera pasado si la emergencia hubiese sido un sismo de grado 9º en la costa central y tsunami, como se espera ocurra en algún momento, o un conflicto en el frente externo? Tengo la impresión que igualmente pasaríamos por el colapso de los sistemas de salud (se darla de todas formas a no dudarlo), seguridad externa e interna, todos con un común denominador en estas emergencias.

Nos preocupamos en estos últimos 20 años principalmente en crecer económicamente y ser los mas “aplicados de la clase” en macroeconomía sobre todo en auto imponernos metas muy drásticas para ser catalogados un país de ingreso medio con posibilidades de ingresar a la OCDE. Este alto estándar macroeconómico sumado a la apertura del Perú a otros mercados internacionales ha sido importante a no dudarlo y nos ha permitido obtener un bajo riesgo país, capacidad de obtener créditos a tasas blandos, y ser atractivos a la inversión privada. Es cierto lo anterior pero no fue suficiente, al no gestionar adecuadamente las principales políticas públicas, lo cual nos viene pasando la factura hoy día a pesar de haber reducido la pobreza y pobreza extrema.

Ahora bien, por que tenemos siempre que ser reactivos? El gobierno de Vizcarra destinó un paquete de estímulos económicos sin precedentes del 12% del PBI, alrededor de S/. 90,000 millones de soles, para enfrentar la crisis del COVID 19 para salud pública y la actividad económica, uno de los planes de reactivación mas altos en los mercados emergentes. Acaso no hubiera sido mejor destinar gradualmente la mitad de estos recursos en los presupuestos de salud los últimos 20 años antes de la emergencia? Da la impresión que para la ortodoxia económica del MEF lo principal fue crecer y atesorar recursos a todo costo durante dicho período.

Sumado a lo anterior, como ya es endémico en nuestra historia económica del siglo XIX y XX, en el boom del guano, el caucho, el azúcar y la minería por mencionar algunos, y la continuidad del despilfarro de recursos, signados por un hálito de corrupción, siguió voraz en el siglo XXI. La construcción de la nueva refinería en Talara y el gaseoducto del sur peruano, por citar dos emblemáticos proyectos, vistos en contexto, tienen un costo ambos cercano de USD 13,000 millones, recursos que hubieran tenido un mayor impacto social si se hubieran empleados prioritarios para financiar las deficitarias políticas públicas de salud y educación por ejemplo, en especial infraestructura básica.

Sumado a lo anterior, han quedado en el tintero completar reformas estructurales pendientes. Tocaremos algunas de ellas para no ser mas extensos.

  • El tema de la regionalización es elocuente, es imposible mantener 25 regiones bajo los límites políticos de los departamentos de antaño. Este es una de las causas de muchos de los problemas para implementar adecuadas políticas públicas y reducir la ausencia del Estado. La nueva regionalización en el Perú deberá ser establecida políticamente bajo criterios geo-económicos.
  • Por otro lado, la formalización de la PEA. No es posible que estemos tan igual como a principio del año 2,000 donde hoy el 75% de la PEA es informal, no contribuyente y menos bancarizado. Esto es dramático bajo todo punto de vista inclusive desde la perspectiva de seguridad nacional. Durante la pandemia quedó demostrado lo problemático que resulta para un Estado poder llevar la ayuda a este segmento poblacional en caso de emergencia.
  • Adicionalmente, es necesario potenciar la democracia interna en los partidos políticos e implementar reformas constitucionales que permitan el voto facultativo (como en muchos países de la OCDE) , la renovación por tercios o mitades del congreso y la elección del Presidente de la República y Congreso en fechas distintas.

Finalmente, tras cada gran crisis hay una oportunidad. Ad-portas del bicentenario hagamos un acto de constricción y encontremos juntos el rumbo para el desarrollo del Perú. Para ello como primer punto las Políticas del Acuerdo Nacional dejaran de ser buenas intenciones y deberán ser vinculantes en materia presupuestal de obligatorio cumplimiento de los gobiernos de turno.

Cumplamos los acuerdos en materia de las principales políticas públicas como son la salud y educación.

Nos costará mucho, estamos a tiempo. Las generaciones venideras nos lo agradecerán.

 

[1] Contralmirante en retiro, Bachiller y Licenciado en Ciencias Marítimas por la Escuela Naval del Perú, Magister en Economía por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), Máster en Defensa y Seguridad Hemisférica por la Universidad del Salvador, graduado del Colegio Interamericano de Defensa (IADC) en Washington DC. Profesor Honorario del Centro de Altos Estudios Nacionales (CAEN), de la Escuela Superior de Guerra Naval (ESUP), Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) y Universidad San Ignacio de Loyola (USIL). Autor de libros, ensayos y artículos periodísticos. Expositor nacional e internacional.

 





Fuente: Crecimiento económico, desarrollo y retos post COVID-19 en el Perú – VALOR.PE

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