EL ESTADO SIN SUS VESTIDURAS (FINAL)

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Por: Abraham Rivas Lombardi

 

En tercer lugar, es esencial comprender que nuestro sistema de salud pública ya estaba colapsado logística y administrativa como consecuencia de la crisis económica e hiperinflación (1983-1990) y porque nunca fue prioridad del régimen fujimontesinista (1990-2000), que orientó los recursos a la infraestructura en desmedro del incremento y capacitación del personal, equipamiento y mantenimiento de la oferta sanitaria, así como una justa política salarial.

Si haber corregido aquella situación, García II dispuso el descuartizamiento de la autoridad y del sistema de salud pública disfrazado de proceso de Descentralización (2007), con el efecto nocivo de acentuar la debilidad institucional de la organización como describimos en la entrega anterior. Con el agregado que en nuestro país coexisten con la oferta pública (MINSA) el Seguro Social (EsSalud), la sanidad de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional y una amplia oferta privada, todas autónomas – y descoordinadas – entre sí.

Esta debilidad se va a manifestar no solo en la ausencia de cuadros gerenciales y técnicos para conducir con eficiencia las funciones del sector Salud a nivel regional-departamental, sino en la lamentable impericia en aspectos elementales como los procedimientos de adquisición de bienes y servicios, así como en la proyección, contratación y ejecución de las obras de infraestructura de salud, todas con productos mediocres muy lejos de las metas proyectadas.

Fue recurrente que anualmente los Gobiernos Regionales devolvieran recursos no utilizados al Gobierno Central o los comprometidos se perdieran por falta de ejecución. Pese a su crucial importancia como servicio público básico, el sector Salud no fue la excepción a esta perniciosa práctica, pese a las importantes cifras que se incrementaban año tras año en el Presupuesto Público.

Así, en 2012 de un presupuesto total de gastos ascendente a S/ 95,534´635,146, el sector Salud recibió S/ 8,673´402,069 y los Gobiernos Regionales para la función Salud S/ 3,262´879,825. En el año 2016 de un presupuesto total de S/ 138,490´511,244, el sector Salud recibió S/ 13,471´156,438 y los Gobiernos Regionales para la función Salud S/ 4,693´382,725. Finalmente, para este 2020 de un presupuesto total de S/ 177,367´859,707, el sector Salud recibió S/ 10,942´179,792 y los Gobiernos Regionales para la función Salud S/ 7,200´732,754.

En todos los casos los montos superaron el 10% del presupuesto de gastos anuales, pero los patéticos resultados en su ejecución los vemos en la endeble  respuesta del sistema de salud pública nacional y regional en la presente emergencia por la pandemia del Covid-19. Lo más indignante es que desde el 2007, ni la PCM, el MEF y el propio MINSA como Ente Rector desplegaron medidas para potenciar los decadentes aspectos medulares del sistema, contentándose con destinar más recursos a Gobiernos Regionales que no estaban en capacidad de gestionarlos.

Finalmente, en cuatro lugar está el irresuelto problema de los recursos humanos en el sector Salud. A diferencia de otros sectores, en Salud coexisten diferentes organizaciones gremiales: médicos, enfermeras, obstetras, laboratoristas, técnicos y administrativos, cuyas unánimes demandas de mejoras salariales y condiciones de trabajo se han sucedido por décadas, recurrentemente desoídas por la debilidad política de los ministros de Salud y la testarudez de un MEF más preocupado en sus cuentas en azul al final de cada ejercicio presupuestal, que en fortalecer el componente más importante de una oferta de salud eficiente: el personal a cargo de la atención de los usuarios.

La cosecha de la irresponsable y pusilánime posición asumida por los sucesivos gobiernos que transversalmente dieron espaldas al sistema de salud pública, la estamos recogiendo hoy. Perú tiene las peores cifras – al 04.05.2020 – en el número de contagiados y muertos en América Latina per cápita, por encima de Brasil y México, consecuencias de la pandemia.

La uniformidad a nivel nacional de los reclamos del personal sanitario, por sus carencias logísticas, personales y de infraestructura, así como el clamor de la población por las unánimes carencias del sistema sanitario, solo revelan que superada la emergencia nuestro país deberá acometer una profunda reforma de su sistema de salud pública… y, por supuesto, tomar cuentas a los políticos y funcionarios que consintieron este desastre, algunos de los cuales tienen la osadía de presentarse como “expertos” en la materia que arruinaron.



Fuente: EL ESTADO SIN SUS VESTIDURAS (FINAL)

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