Por: Antero Flores Araoz / Informalidad y realismo

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Por: Antero Flores Araoz /  Pese al buen curso de la macroeconomía durante
estos últimos 30 años, al incremento de nuestra clase media y la reducción de la pobreza, deplorablemente no hemos sido capaces de dar oportunidades laborales a millones de peruanos, que están desempleados, viviendo a salto de mata y, otros, en un sistema precario de autoempleo, como es el comercio ambulatorio y también, el que se realiza en los alrededores de mercados de abastos y centros comerciales.

Tampoco hemos sido capaces de dar oportunidad de acceso a la formalidad, a quienes actúan en el emprendimiento informal y, ello por la exagerada tramitología oficial y la miopía gubernamental -en sus tres nivelespara no comprender que nadie se formalizará si ello les significa costos que no pueden afrontar para ponerse al día en sus obligaciones, sean ellas tributarias, laborales, asistenciales, municipales y de defensa civil, entre otras.

Hoy en día, que padecemos las terribles consecuencias económicas de la pandemia del COVID 19; vemos con mayor nitidez la situación de los desempleados permanentes y de quienes viven del comercio ambulatorio, vendiendo desde caramelos, gaseosas, galletas, secadores y pañuelos, como simples ejemplos.

Millones de esas personas, al igual que muchísimos que tienen trabajo formal, habitan en viviendas tugurizadas, sin ninguna protección frente al clima, así como carentes de servicios de agua, alcantarillado y hasta electricidad, pese a los permanentes ofrecimientos de políticos aparentemente preocupados por la situación, pero ello solo de la boca para afuera.

Para enfrentar la pandemia a la que nos hemos referido, se ha dispuesto entre diversas medidas, el aislamiento domiciliario y el toque de queda, con insignificantes excepciones, pero incomprensiblemente dando la espalda a todas las personas que se encuentran en el infortunio, que subsisten por el día a día, que a sus hijos no les llega la educación a distancia y, que carecen de todo tipo de facilidades.

Nos preguntamos ¿Cómo pueden subsistir en el confinamiento, si se alimentan con los poquísimos recursos del día a día? Para que cumplan con el aislamiento, son desalojados de las calles donde venden sus golosinas y otros pequeños bienes, los que son confiscados violentamente, perdiendo su reducido capital de trabajo. Es como si un empresario formal perdiera su empresa en un siniestro y no tuviese seguro. Pierden todo, y encima a muchos de ellos tampoco les llegan los bonos de solidaridad del Estado ni las canastas de alimentos.

Tenemos que ser realistas, es necesario, a esos comerciantes ambulantes, proporcionarles temporalmente parques o habilitarles terrenos baldíos, donde con el correspondiente distanciamiento, desinfección y medidas de higiene, sigan con sus actividades, hasta que las cosas mejoren.

Incautar su mercadería a esos comerciantes es condenarlos a la inanición, pues no tienen otros recursos para su subsistencia y las de sus familias, pero tan grave como ello, es que se abona el resentimiento, el ánimo de venganza y que afloren las mas bajas pasiones, que tienden a destruir lo que el Altísimo ha permitido obtener a otros. Es hora qué nuestras autoridades rectifiquen.



Fuente: Por: Antero Flores Araoz / Informalidad y realismo

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