CONTRACORRIENTE: A FAVOR DE LA INMUNIDAD PARLAMENTARIA – VALOR.PE

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Por: Abraham Rivas Lombardi

En medio de la cowboyada desatada irresponsablemente por el Gobierno y el Congreso el último 05 de Julio de 2020, que atenta no solo contra el más elemental espíritu democrático, sino contra nuestra ya maltrecha estabilidad constitucional; es conveniente una reflexión jurídica y política sobre la institución de la inmunidad parlamentaria. Algunos de nuestros políticos y líderes de opinión adolecen de un peligroso defecto: sufren de memoria corta o selectiva. Creen que la política gira en torno a las dos horas de atención que le prestan a un tema. Digo esto por la frivolidad con que se trata la inmunidad parlamentaria, simplificándola en la poco democrática disyuntiva de estar en pro o contra de la lucha contra la corrupción, lo cual es una patraña.

¿Se imaginan Uds. cuántos parlamentarios de la oposición hubieran sido denunciados y procesados durante el régimen fujimontesinista (1992-2000) de no haber existido la inmunidad parlamentaria? ¿Pease, Mohme, Townsend, Lourdes Flores, Chipoco o Del Castillo, habrían completado indemnes su período congresal?. Ahora, oteando el porvenir: ¿Cuál será la protección de los futuros parlamentarios de la minoría cuando la siguiente autocracia – que la habrá, tarde o temprano – decida acallarlos con el ruin expediente de llenarlos de investigaciones y juicios?. ¿Creen que el Perú está libre de otra aventura dictatorial como la iniciada por Fujimori en 1992?.

Brevemente, veamos el punto de vista jurídico. La inmunidad o fuero parlamentario – de arresto y proceso – es una institución consustancial a la democracia, porque garantiza la actuación de los representantes del pueblo (parlamentarios) frente al Poder Ejecutivo, en el marco de una equilibrada relación de pesos y contrapesos. Es además una inmunidad relativa, ya que puede ser retirada con el procedimiento de levantamiento de fuero, a petición de la Corte Suprema.

En una democracia sana, con auténticos partidos políticos, las bancadas congresales estarían formadas por políticos honestos y con experiencia, libres de prontuario judicial, así como identificados con los intereses nacionales y con sus visiones ideológicas del Perú.

Lamentablemente, ningún diseño jurídico aguanta cuando políticos irresponsables o corruptos, aupados a clubes electorales – no partidos – pisotean el espíritu y texto de la Constitución anteponiendo sus intereses personales o de grupo.

Más o menos eso ha ocurrido en nuestro Perú del siglo XXI. La inmunidad parlamentaria no ha sido popular y los sucesivos Congresos, plagados de gente discutible – o por adoptar decisiones cuestionables – han hecho muy poco por revertir esa opinión ciudadana. La percepción pública es asociar a la inmunidad parlamentaria con una transitoria impunidad para eludir la acción de la justicia, lograda con el bloqueo del levantamiento del fuero a cargo de los propios parlamentarios (“otorongo no come otorongo”).

En el último cuatrienio, la incesante campaña contra la inmunidad parlamentaria se ha justificado en dos eventos: los congresistas entorpeciendo el levantamiento de la inmunidad a sus colegas (Donayre, Benicio Ríos, Anaculi, Ponce, etc. etc.) y la batalla contra la mayoría parlamentaria fujimorista cuya actuación torpe y revanchista contra el gobierno PPK-Vizcarra desestabilizó políticamente al país.

De poco han valido las opiniones de los más importantes eruditos en Derecho Constitucional sobre la necesidad de mantener la inmunidad parlamentaria modificando el procedimiento de levantamiento del fuero para hacerlo más expeditivo, porque de lo que se trataba era de demoler a la impopular mayoría parlamentaria.

La cuestionable disolución del Parlamento en Setiembre de 2019 – el fallo 4-3 del TC tiene más explicaciones políticas y personales que jurídicas – debió zanjar el problema y restablecer la sensatez constitucional, pero la enorme presión contra la inmunidad parlamentaria continuó, más por una demostración de poder de los políticos y medios de comunicación que la combaten, que por una convicción jurídica que la sustente.

El arribo del nuevo Congreso, inexperto y con el calendario electoral en mente, nos ha conducido a este desaguisado del 05 de julio pasado, con el presidente de la República como el chef principal. Es muy frecuente que los políticos sin experiencia reaccionen febrilmente ante el estímulo del adversario. Vizcarra los pechó y le dieron el vuelto remeciendo los cimientos mismos de nuestro sistema democrático.

En todo caso, ratifico mi convicción de la vigencia de la institución de la inmunidad parlamentaria, con las precisiones de materias y procedimientos para hacerla más expeditiva y no refugio de políticos sinvergüenzas y sus amigos.





Fuente: CONTRACORRIENTE: A FAVOR DE LA INMUNIDAD PARLAMENTARIA – VALOR.PE

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