A una semana de la muerte de Juan Ochoa – VALOR.PE

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Por: Percy Vilchez Salvatierra

Juan Ochoa ha muerto hace una semana y, según sabemos, no pronunció ni una sola queja o no pudo hacerlo pues murió ahogado en un pasadizo cualquiera del Hospital de Villa El Salvador. Me llamó dos veces en sus días finales. Por diversas razones no pude contestar en aquellos dos instantes. Luego, cuando le devolví las llamadas, como correspondía que hiciera, solo me respondió el silencio. Le escribí al WhatsApp y lo mismo, nada.

En su momento, ví la noticia fúnebre en el muro de Facebook del artista Víctor Escalante, que siempre fue muy cercano a él, y la rabia sucumbió al poco tiempo, ante la pena y, francamente, la impotencia de no poder hacer nada contra la Muerte.

Ochoa fue un hombre sencillo, talentoso y humilde. Pese a ello, tenía, a la vez, cualquier cantidad de preseas literarias y periodísticas que a cualquier otro habría envanecido. Tuve la suerte de tratarlo a partir de la realización de un libro que al final no salió debido a múltiples inconvenientes y que yo dejé pues no pagaban cuando era menester y no tomaban en serio el trabajo realizado pero Juan sí quedó pendiente de eso y ojalá haya estado todo saldado aunque, si así fuera el caso, tampoco le habría bastado para atenderse en una clínica privada por cuenta propia .

De las contadas veces que conversé con él, puedo decir que era un buen tipo, francamente, bonachón, y un apasionado de la cultura popular y la Amazonía, temas en los que era ampliamente erudito. La última vez que lo ví caminamos un rato en Magdalena y no sé cómo pero me contó que había estado, alguna vez, en la boda de Ingrid Yrivarren y que la conocía desde hace muchos años. Añadió que el evento había sido muy “chic” pero que él no cumplió con todas las formalidades que exigía aquel suceso. Supuse que era una ligera forma de rebeldía del buen Juan, individuo, por lo general, de naturaleza muy dócil y, también, una revelación tácita de su ostensible sencillez. Luego, hablamos de los artículos que enviaría a uno de los medios alternativos que dirijo y algunos detalles del proyecto libresco que teníamos en las manos.

Recuerdo que nos despedimos cerca de la Avenida Brasil, luego de haber recalado en una panadería de barrio  puesto que él debía preparar el lonche de su madre. Esta era su faceta más noble pues cuidaba a su madre ciega sacrificando muchas cosas. Ahora, esta señora, la madre de Ochoa, lucha por su vida dado que, también, está internada, debido al CoVid19 y esperemos que goce de buena salud pronto pese a este virus maldito.

En fin, es una verdadera desgracia que con todo y sus laureles literarios, Juan Ochoa, no haya tenido una adecuada cobertura de salud.

Es, en este orden de cosas, una laceración permanente en la dignidad del medio artístico y cultural que los artistas no gocen de ningún beneficio como corresponde a sus esforzadas vidas y a sus denodados trabajos.

¡Que no suceda jamás que el talento se pierda por falta de recursos materiales!

¡Que no vuelva a pasar que lamentemos las perdidas de otros Ochoa!

Debe procurarse, en este sentido, un seguro médico para todos los artistas y sus familias, cueste lo que cueste. Progresivamente, cuando el Perú sea un país ideal y no la actual pesadilla, todos los ciudadanos deberíamos hacer un uso pleno del derecho universal a la salud, no como ahora cuando el que puede atenderse se atiende y el que no, se muere.

Supuestamente, no estamos en el Siglo XIX, cuando este tipo de desgracias sucedían a menudo, y, sin embargo, al dar una vuelta por la Plazuela de San Pedro, en el Centro de Lima, en la madrugada, hallaremos varios elementos típicos de las fábulas de “La Bengala de Albión” o las razones fundadas de no pocas impresiones sociales de “El Viejo Aguafiestas”.

Entonces, debemos preocuparnos plenamente y tomar cartas en el asunto puesto que: ¿qué va a ser del futuro si los artistas no pueden sobrevivir?

En este sentido, debo exponer que es duro escribir en el Perú o, mejor dicho, vivir de la escritura, si no tienes contactos, medios o influencias pero esta muerte ha sido demasiado, demasiado injusta, demasiado innecesaria, demasiado absurda, etc.

Desde luego, es muy duro ser un artista en el Perú si no tienes “padrinos”, si no provienes de una clase social privilegiada o si no eres un lambiscón, solo por usar un término “amable”, pero esta muerte es inaguantable, insostenible e injustificable. Sobre todo, porque pudo evitarse. Pudo trasladarse, por ejemplo, a una clínica privada pero esta medida no se realizó porque, pese al arreglo que se dio hace semanas entre el Estado y estas empresas descarnadas, hasta el momento no se ha manifestado, por parte de ambas partes, ninguna intención de procurar el alivio de la gente actuando con tino y diligencia.

En conclusión, es una pena inmensa este deceso. Pero más que pena, lo que merece de parte de todos nosotros, es furia.

Así se está dejando morir a nuestros compatriotas durante esta pandemia, a apenas una semana del 199° Aniversario de la “Independencia”, y no se puede hacer nada, por el momento, excepto escribir y pensar. Hace una semana fue Juan Ochoa. Luego, el “Ángel del Oxígeno”*. Hoy, el esposo de Celia Capira** y tantos otros miles de ciudadanos anónimos.

¿Cuántos más están muriendo dejados de lado en los pasillos de todos los hospitales del país? ¿Cuántos repiten esta tragedia en todos los países del mundo?

Y, sobre todo, ¿hasta cuándo lo permitiremos?

Los ciudadanos que tenemos consciencia de lo que está sucediendo no olvidaremos jamás el crimen de lesa ineptitud que han realizado todos los “representantes públicos” durante esta pandemia.

Descansa en paz, Ochoa, “Juanito”. Te deseo la paz eterna pero ahora, en este mundo, nosotros no podemos descansar.

Veintiún días del Mes de la Patria de 2020.

PERCY VILCHEZ SALVATIERRA.

Escritor.

Abogado

Analista Político

Director-Conductor de Libertad Bajo Palabra.

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Fuente: A una semana de la muerte de Juan Ochoa – VALOR.PE

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