EL RIESGO DEL SALTO AL VACÍO – VALOR.PE

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Por: Abraham Rivas Lombardi

Inadvertida entre nuestra vorágine diaria ha pasado una fecha: el 22 de Agosto de 1930 – hace ya 90 años – cuando cayó mansamente la autocracia del presidente Augusto Leguía, que había gobernado el país durante 11 años, el denominado “Oncenio”. Un oscuro militar, Sánchez Cerro, se levantó en Arequipa y rápidamente demostró que el llamado ”Gigante del Pacífico” era otro líder con pies de barro, de los que han abundado en estas hermosas tierras del Perú.

Evoco este recuerdo – tan frecuente en nuestra historia del siglo XX – por cuanto el fin de Leguía significó la desaparición del “tiempo suplementario” de la “República Aristocrática” (1895-1930), el régimen de las élites del país, en la persona de uno de sus principales autócratas – dos veces presidente, primer ministro, ministro de Hacienda – y la irrupción en la política nacional de los partidos políticos ideológicos y organizados. Primero, el APRA, la Unión Revolucionaria – filo fascista – y los partidos comunistas – siempre divididos – en los años 30 y, después, Acción Popular y la DC-PPC, en los años 50, los que con sus vaivenes van a mantenerse vigentes hasta la llegada de un nuevo autócrata: Alberto Fujimori.

Entre 1990 y 1995 Fujimori y su partner Montesinos demuelen a los partidos políticos vigentes – APRA, AP, PPC, izquierdas – e inauguran el modelo de acceso al poder vigente en el Perú: un político carismático organiza un “partido express” sin ideología ni programa y aprovechando la coyuntura gana las elecciones (1995, 2001, 2011, 2016), tras lo cual el político desaparece y su “partido express” se disuelve como un alka seltzer.

Evidentemente, en este modelo no hay responsabilidades por el fracaso del gobierno, plasmado en el incumplimiento de las expectativas sociales y la desatención de las demandas de la población, las que quedan como bombas de relojería para el siguiente gobernante. De no haber estallado el escándalo Odebrecht – en Estados Unidos y no en América Latina – solo Fujimori habría respondido ante la justicia y los demás serían respetados ex presidentes y sus colaboradores – por no utilizar un término más fuerte – consultados gurúes de la realidad nacional.

Lamentablemente, los últimos veinte años de sufrida estabilidad democrática (2000-2020), con sus comprensibles vaivenes, no han producido nuevos partidos políticos con ideología y programa, sino la paulatina extinción de los existentes bajo una montaña de proyectos personalistas en los tres niveles de gobierno: nacional, regional y municipal, que irremediablemente se licúan con el término del período de mandato o con la carcelería de sus caudillos. Basta revisar la lista de gobernadores y alcaldes procesados y/o condenados para confirmar este aserto.

El riesgo de un salto al vacío es exponencial de cara a las elecciones generales de Abril de 2021. Con el país atravesando por una coyuntura de dimensiones apocalípticas solo comparable con lo ocurrido en 1884 – tras la finalización de la guerra con Chile – la última encuesta nacional publicada[1] en este mes de Agosto arroja resultados pavorosos.

El puntero es el ninguno/no precisa con 34%, seguido con una intención de voto del 25% por un novel alcalde distrital, sin partido ni coalición, cuya única valía es un sólido respaldo de los medios de comunicación que soslayan la magnitud de su fracaso frente a uno de los distritos más convulsionados de la capital. Detrás él y tras la autoexclusión de Del Solar está con 10% un ruidoso y pintoresco congresista, sin ideología ni programa, convertido en uno de los abanderados de la destrucción de la institucionalidad y la economía nacional desde el calamitoso Congreso que engendró el presidente Vizcarra.

Completan la grilla de partida una pléyade de figuras que no alcanzan el 10% y que en su mayoría replican las características de los punteros: sin ideología, programa u organización política que los sostengan; con los representantes de los partidos políticos supervivientes muy rezagados en el respaldo popular y con espacio suficiente – 34% – para la aparición del enésimo outsider que haga cera y pabilo de nuestra democracia.

En suma, un escenario tan peligroso como el que precedió a la elección del actual Congreso (2020) y del insustancial Alcalde de Lima Metropolitana (2018), con un riesgo de salto al vacío justamente ahora que el Perú urge de un liderazgo fuerte y una coalición que sustente la reconstrucción nacional.

[1] IPSOS, Agosto de 2020





Fuente: EL RIESGO DEL SALTO AL VACÍO – VALOR.PE

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