#Hace20Años Duelo en Marriot Hotel entre Alan García y Alejandro Toledo

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El 25 de mayo del 2001 se publicó la edición N° 49 del semanario El Búho, donde se detalla en una crónica los entretelones del debate entre los candidatos a la presidencia en aquel momento, Alan García y Alejandro Toledo.

Debate entre Alan García y Alejandro Toledo.

Tras la unánime decepción que el promocionado debate dejó en el electorado, nuestros candidatos no han tenido mejor idea que dedicarse a intercambiar epítetos, en una sorda confrontación de trapitos sucios en la que quien tiene más que perder es obviamente, el candidato mejor posicionado según las encuestas. A fin de cuentas la conclusión va a ser lo que todos ya sabemos: las credenciales morales de ambos, no son las mejores.

Aceptando en principio esta realidad, y ya que las sorpresas dejaron de existir por haberse hecho demasiado frecuentes en la historia electoral peruana de los últimos años, es la fragilidad previsible del nuevo gobierno, cuyo respaldo neto estaría apenas por encima de los 35 puntos. Al alto porcentaje del voto en blanco, y las heridas que inevitablemente dejará la campaña, hay que sumarle la precariedad de una eventual mayoría parlamentaria, supuestamente conformada entre Perú Posible, el FIM y algunos grupos pequeños que para mantenerse unida requerirá de los malabares de un equilibrista para controlar a un insaciable e impredecible Fernando Olivera, cuya actuación de los últimos días ha sido. por decirlo menos. decepcionante.

Este escenario con base de polvorín, sólo puede ser neutralizado por un acuerdo nacional en el que nadie puede imponer vetos o exclusiones y menos aún, un candidato perdedor. Además de casi boicotear la iniciativa del gobierno de transición para conformar una mesa de diálogo que haga de la gobernabilidad algo más que un pretexto para que los partidos chicos departan en una mesa con los grandes en sesiones que sirven para tomar muchas fotos y recordar a Gustavo Momhe quien sí era un auténtico concertador.

El resultado de las elecciones, a pesar de ciertos indicios, continúa siendo una incógnita, abonada por la desastrosa performance del candidato con mayor respaldo, luego del debate, a pesar de haber saneado exitosamente una anunciada demolición en el evento mediático que ocupó a los peruanos los últimos días. Su escasez de recursos quedó al descubierto apenas terminado el esperado debate.

Por su parte, García, quien a pesar de sus esfuerzos aún está, según las en-cuestas, muy por debajo de Alejandro Toledo, viene aplicando exitosamente la misma táctica que, casi insospechadamente, le permitió pasar a la segunda vuelta, sorprendiéndolo a él mismo. Y es la de privilegiar, por sobre todas las cosas, un ánimo conciliador. No en vano se ha autodenominado “el presidente de la concertación”. Los golpes, cuanto más rudos y directos sean, favorecerían menos a quien los propina. El mensaje del cambio y la supuesta serenidad que García habría adquirido con los años, no seria compatible con una reacción airada o desproporcionada, ni siquiera con la defensa propia, que ha dejado en manos de Jorge del Castillo.

Así, sin quererlo, los mejores aliados de García han resultado ser el propio Alejandro Toledo, por un lado, y su archienemigo Fernando Olivera, por el otro. Este último que había logrado concentrar la votación de un 10 por ciento del electorado en primera vuelta, con la imagen de luchador implacable contra la corrupción que también tenía frases muy duras contra Alejandro Toledo, se ha convertido en un personaje sumamente antipático por su agresividad y su indisimulado afán de figuración. Sus censurables spots televisivos, se han convertido en el símbolo del estilo politiquero que los pentanos quisimos dejar atrás.

De otro lado, aunque hayan dado algunos pasos atrás en público, respecto al acuerdo entre ambos partidos (FIM y Perú Posible), es obvio que su alianza parlamentaria y la “ayuda” que brinda al candidato estos spots, hablan de una alianza, donde el moralizador tiene que tener alguna ganancia. También resulta sintomático no haber escuchado a Olivera pronunciarse por el tema del destino del millón de dólares donado por George Soros, que bien podrían haber servido para comprar el video Kouri/Montesinos. Fue el propio jefe del FIM quien denunció en primera vuelta la falta de voluntad de Perú Posible en la lucha contra la dictadura al no haber realizado los esfuerzos suficientes para conseguir que la cinta fuera difundida públicamente, a lo que la tienda de Perú Posible dijo que no lo hizo por falta de fondos, ya que los informantes habrían solicitado 150 mil dólares.

Duelo en el Marriot Hotel (debate presidencial)

¿Para qué cubrir un debate presidencial que se va a desarrollar prácticamente en privado? Alan y Toledo se mechan frente a 25 testigos de excepción y, a 20 metros, en un par de salitas, 170 periodistas acreditados y arrinconados de todo el mundo tienen que resignarse a seguirlos a través de un par de televisores de 18 pulgadas. ¿Cuánto hay para reportar que no sea lo que ya todo el Perú ha visto en sus pantalla ? En realidad, bastante.

Marco Sifuentes (Agenciaperu.com)

Tránsito cerrado tres cuadras a la redonda. Larcomar abandonada. La gente camina por las pistas. Policías con cascos y escudos por todos lados, casi un flashback a la Marcha de los Cuatro Suyos. En el frontis del hotel: periodistas, camarógrafos, técnicos, más policías, botones y políticos. “Después de once años, un debate presidencial paraliza el país… “, alguien suelta clichés a su cámara.

Hotel Marriot, resplandores dorados, lujo excesivo. En el ascensor transparente, primer contacto: Gloria Helfer, luciendo un primaveral traje completamente verde intenso, equívoca el botón del piso 4, donde están los salones del debate, de los periodistas y de la conferencia de prensa. “Uy, ahorita nos vamos al sótano”, se ríe.

Piso cuatro, tonos marrones, sobriedad calculada. Siete de la noche, todos los periodistas ya llegaron. Hay una abarrotada cola de fotógrafos para entrar a la restringida “Zona Anil”, donde está el salón San Martín, el del debate. Las instrucciones son claras: “Fotógrafos y camarógrafos podrán entrar al salón para captar vistas 15 minutos antes del inicio del debate”, sólo durante 5 minutos. Masacre segura.

Los invitados en el debate presidencial

En el misterioso Salón Ejecutivo Grau, los invitados de Transparencia departen a puertas cerradas. Juan Paredes Castro entra y sale cada cinco minutos y la puerta entreabierta deja ver al psicoanalista Jorge Bruce entre los invitados, En la primera vuelta, había dicho que cada vez que Alan salía en la televisión, cambiaba de canal para que no lo convenza. ¿Por qué exponerse a 9() minutos de hipnótica verborrea, entonces? ¿Quiere convertirse en el Daniel Alcides Carrión del psicoanálisis peruano, señor Bruce? La puerta del Salón Grau se cierra y la pregunta se queda afuera.

Carlos Blancas, Enrique Cornejo, Carlos Zumaeta: la comitiva del APRA llega de a pocos. Mauricio Mulder se parece peligrosamente a Oscar Medelius. Por el otro bando, Carlos Ferrero, apurado, da la impresión de querer pasar desapercibido. “No es eso; es el tamaño”, lo defiende una chica. Raúl Diez Canseco, en cambio, parece estar en todos lados. O quizás es el tamaño

Los coleguitas

Zenaida Solis, que desborda felicidad y declaraciones a la prensa, pasea por donde puede las bolitas blancas de su falda negra. Beto Ortíz, 10 kilos menos, casaca de cuero, la reconoce y le da su besito. Fotógrafos atentos. Clic, Momento Kodak. Algunos periodistas también son estrellas. Los que no lo son, esperan en los salones Bolognesi y Bolívar viendo el debate de Los Chistosos.

Radio Milena, el diario Reforma, Reuters TV, agencia Rotopress, Radio Selecta, El Tío, la Universidad San Martín: Transparencia no ha dejado de invitar a nadie. Hasta Expreso -que denunció una “conspiración de Perú Posible” para dejarlos fuera- ha enviado a un arisco redactor. “Yo no sé nada de eso, en realidad el redactor es ese canoso”, se defiende. El canoso, para variar, está entrevistando a Zenaida Solís. En un sillón, un guachimán informadísimo lee el dossier de Caretas sobre Montesinos.

La espera

7:20 p.m. Alan vuelve al Marriot. El tumulto de la calle se escucha hasta el cuarto piso. Algunos se asoman al balcón. Abajo, un técnico jala un cable y hace rodar a un fotógrafo.

Aprovechando la confusión, Coqui Toledo, cafarena celeste, la pose de Antonio Banderas en el olvido, atraviesa el cuarto piso e intenta subir a un ascensor. “Oye, Coqui, tus palabras”. Sonrisa incómoda. El ascensor demora. “Ya pues, danos una entrevista, que nosotros te tratamos bonito”. Los fotógrafos se pasan la voz. “¿Ah?”, alcanza a decir antes de ser rescatado por Raúl Diez Canseco.

7:30 p.m. Del Castillo, Mercedes Cabanillas, Luis Solari, el Centro Carter en pleno. Ya han llegado todos. Guido Lombardi se dirige al Salón San Martín. “¡Fujimori, Fujimori, tu pata!”, le gritan un par de fotógrafos de diarios chicha. “El Chino era su causa”, recuerda uno.

“¿Me parece o no nos van a dejar entrar?”, reclama la chica de France Press. El fotógrafo de Hoy en la Noticia repregunta “¿Tenés hora?”. 7:55 p.m. “¿Ya está listo mi whisky?”, se preocupa Juan Paredes Castro. La espera desespera. Carlos Araujo, de El Chino, se hurga la nariz.

8:00 p.m. Por fin entra Alan al salón del debate. Toledo ya estaba adentro. Salmón Lerner parece respirar mejor. Bato Ortiz husmea, figurettísimo. Ha conseguido una habitación en el piso 7. “Hemos estado haciendo rabiar un poco a la seguridad del hotel, que son todos argentinos, no sé por qué”. De pronto, los fotógrafos pueden entrar en jauría al Salón San Martín. Previsiblemente, se rompe algo. No tan previsiblemente, Beto entra con ellos y saluda con cachita a Toledo, que le hace un gesto de ya vas a ver a la salida.

Alan está canchero como siempre. Toledo, que trata infructuosamente de disimular su nerviosismo, ha regresado al look Clark Kent que estrenara el 27 de julio del año pasado. Sorprendentemente, la diferencia de estaturas no se ve tan escandalosa.

En el salón Bolognesi, los televisores muestran a Hildebrandt y Zileri, un combo inmejorable. Los coleguitas se acomodan, jalan sus sillas, se sirven sus gaseosas, suben volumen. Shshsshhh. Ya va a empezar.

Round two, fight!

Lombardi da las reglas de juego. Lerner dice algo sobre la transparencia y es el turno de Toledo. “Hermano, hermana, gracias por dejarnos entrar en tu casa”, ha recuperado la conjugación en segunda persona singular que estrenara el 8 de abril. En el salón de periodistas, un mozo deja asolapadamente unos sanguchitos, que desaparecen en segundos. Toledo no dijo nada. Ahora saluda Alan con propuestas concretas y bonitas, y remata con una magistral franela al Marriot, Se lució “Salpica la sangre”, bromea el de Caretas “Uno – cero”, sentencia otro.

Tema: política económica y generación de empleo, Alan: Banco Agrario, 3 mil 500 viviendas, retomo a las 8 horas. Toledo se la juega con ataques caletas a García y le suelta la mala palabra: hiperinflación. “Uuuuuh”, azuza el respetable. Otros silban.

Alan sonríe y suelta otra mala palabra: Vásquez Bazán. Afirma que su contendor trabajó con su exministro de Economía. “Esa es una infamia”, un camarógrafo imita a Toledo. Risas grabadas.

El verdadero cholo de Harvard muestra un ejemplar de Semana Económica y aclara: “En mi gobierno, los ministros no serán secretarios del Presidente de la República”. Toma mientras. García replica mostrando otra revista, pero Toledo ha dado la talla y este round se declara tablas. Lombardi confunde al padre Wicht cuando éste iba a formular su pregunta. En su respuesta, Toledo dice “miones”. Déja vú. Un escalofrío recorre la audiencia.

Política social y alivio de la pobreza. Toledo: “Yo soy el producto de la educación”. Alan promete seguro hasta a los mototaxistas. Han bajado el tono. Zenaida atropella su pregunta. “¿Un minuto?” Lombardi se malea”, comenta alguno de una radio de provincia.

Derechos humanos, política anticorrupción y drogas. Uyuyuy. Alan se arriesga y menciona el terrorismo. Se lanza con todo y promete enhestar la corrupción “con el apoyo de la juventud”. Se altera ligeramente: por primera vez excede el tiempo estipulado. Toledo empieza suave, menciona a Waisman y Olivera. Tose, carraspea, traga agua. Reta a García a ratificar su apoyo a la Comisión de la Verdad.

Alan sorprende mencionando el Plan Colombia y vuelve a sorprender: “ningún funcionario público debe tener pruebas de consumo de drogas”. Toledo acusa el golpe, habla de ciertos juicios pendientes y vuelve a retar a García, quien reacciona, ahora sí. con la pierna en alto: “Un consumidor de cocaína no puede ser Presidente de la República”. El otro sigue enrostrándole el pasado vergonzante: 2 mil 619 desaparecidos, El Frontón, Cayara.

Lo peor ya ha pasado y en Canal N Toledo va ganando con el 60% de las llamadas. Último tema: Descentralización, gobiernos regionales y locales. Los dos coinciden, aunque según García la exposición de Toledo “ha sido un prólogo para la mía”.

En las alocuciones finales, Toledo ha tenido suerte: empieza Alan. “De peores circunstancias hemos salido”, dice el expresidente. “De la que nos dejaste, por ejemplo”, contestan en la sala. García es emotivo, pero la sensación de que ha empatado de local cuando por el salón Bolognesi. Toledo termina con un mensaje entre conciliador y provocativo. Lombardi respira más calmado y se despide. Aplausos. El show ha terminado.

¿Y quién ganó?

Las conferencias postdebate son un saludo a la bandera. Primero Toledo, con todo su equipo, responde las preguntas que Rospigliosi y Gonzáles Arica permiten que sus conocidos hagan. “Zarai, justicia!”. grita una mujer bastante elegante con toda la pinta de trabajar en el hotel. Luego Alan – acompañado tan solo por Del Castillo, que lo observa de lejos- aprovecha la primera pregunta para lanzarse con un discurso de 10 minutos y largarse inmediatamente.

En el intermedio se han formado pequeños conciábulos de gente esperando ansiosa por ser entrevistada. La única que puede decir algo diferente, en realidad, es Paulina Arpasi ¿Qué piensa de lo que dijo Alan sobre descentralización? “En su época había gobiernos regionales, ¿con que moral viene a hablar? Además, se ha copiada todo de Perú Posible y ni siquiera sabe ni copiarse…” Entonces un camarógrafo de Frecuencia Latina la empuja y los dos se olvidan de debates ajenos.

En la tele, Bayly y Alvarito declaran ganador a García. Hildebrandt calcula que Toledo ganó por puntos. Zilerí hace fintas. En la avenida Larco, el “Club de Fans de Toledo” ha llevado un Cholobús y celebra bailando los jingles del partido. En mi libreta, lo que iba a ser la crónica de una masacre anunciada se ha convertido en un empate técnico.

A la salida, Mufarech abraza a Garrido Lecca y lo vacila: “Paciencia, hermanito, son sólo cinco años más”.

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Fuente: #Hace20Años Duelo en Marriot Hotel entre Alan García y Alejandro Toledo

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