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Salud mental en crisis, por Eduardo Pérez Zúñiga
No es novedad que estamos atravesando un periodo histórico crítico. Recién salimos de una pandemia, estamos al inicio de una crisis económica y muy posiblemente de una crisis climática; sumado a ello, nuestro país (como muchos de Latinoamérica) atraviesa una habitual crisis política, el panorama realmente no pinta bien para la mayoría de ciudadanos y clasemedieros emergentes. Esta suma de elementos ha creado una preocupación por parte de los especialistas y ciudadanos de a pie sobre una posible “crisis de salud mental”. El alto índice de depresión, ansiedad, suicidios, violencia intrafamiliar y demás problemas socioeconómicos, todo esto es palpable más allá de un aparente sesgo de confirmación, pero hay algo de lo que no se está hablando hasta ahora posiblemente porque las preocupaciones ya mencionadas nos mantienen ocupados, me refiero a la real capacidad de dichos especialistas para abordar toda esta crisis. Según los acuerdos sociales, los encargados de abordar estos problemas son los psicólogos; sin embargo, la actual ley de salud mental en el Perú, la Ley 30947, da casi una exclusiva preponderancia al paradigma biomédico, es decir, con una perspectiva de medicalización como solución al problema psicológico de turno, ¡Alprazolam para todos! Los electroshocks y los manicomios son cosa del pasado (¿o no?). Y si bien este paradigma ha sido muy útil en cuestiones netamente médicas y de salud física, en el aspecto de la “salud mental” sus resultados están más orientados a desregulaciones bioquímicas y como consecuencia desregulaciones conductuales.
En psicología, la perspectiva es distinta, partiendo de que no hablamos de “salud mental” debido a las implicancias dualistas que conlleva hablar de una “mente” (tema epistemológico aparte). De un tiempo a esta parte los psicólogos (de orientación científica) en este afán de hacernos respetar y de definir nuestro campo de estudio usamos el término Salud Psicológica, pues consideramos que las desregulaciones conductuales provienen de la interacción del individuo, ya sea con su contexto (como el periodo histórico álgido) como con la interacción directa con otros individuos y que, dependiendo de las habilidades sociales desarrolladas, dicho individuo se comportará acorde a lo socialmente aceptable, siendo así que a estas desregulaciones conductuales también las llamamos “problemas psicológicos”.
El paradigma biomédico y su hegemonía en la salud psicológica no es el único de nuestros problemas. En nuestro país estamos atravesando la crisis de las universidades con la injerencia de grupos políticos en la SUNEDU. Imprimir diplomas nunca había sido tan fácil, ya sea para pregrado como posgrado. Más allá de los intereses económicos y políticos, las consecuencias las padecemos nosotros, los ciudadanos de a pie que nos topamos con “profesionales” cada vez más incompetentes, lo que deviene eventualmente en problemas socioeconómicos, pues no solamente nos los tenemos que cruzar en nuestro día a día en las calles, ya sea para solucionar un problema legal, de salud, administrativo, etc, sino que ahora los tenemos que ver dirigiendo el país y promulgando leyes. Pero, ¿eso es todo?, lamentablemente no, la cereza del pastel está en la calidad de la formación profesional de los psicólogos, algo de lo que se viene padeciendo desde siempre.
Al ser una ciencia relativamente joven, la psicología se ve ensombrecida por diferentes pseudociencias y prácticas no científicas como el psicoanálisis, terapia Gestalt, constelaciones familiares, PNL, coaching y un largo etc. que algunas más que otras se vienen impartiendo en las aulas de las universidades, diplomados, posgrados y hasta en los colegios profesionales, pero ¿Es tan importante basar sus prácticas en ciencia? Si queremos mantener el discurso y ufanarnos de ser una disciplina científica, evidentemente sí, debemos realmente basar nuestras prácticas en ciencia, no basta con llenar los papeles y descripciones de los perfiles de egresados en las universidades, ni los currículos en los sílabos y planes de estudio, así como tampoco en el código deontológico del colegio profesional, debería ser, pero hasta ahora solo ha quedado en un discurso vacío, palabras bonitas como las del político de turno del que ya estamos acostumbrados.
Entonces, ¿los psicólogos no sirven y hemos sido embaucados todo este tiempo? Quizás, por eso no es de extrañar, que existan tantas confusiones por parte de la población general sobre el quehacer del psicólogo, sobre el porqué las personas creen que los psicólogos “damos consejos”, “solo escuchamos”, “son para los locos”, etc. No es de extrañar tampoco que la sociedad prescinda de los servicios psicológicos. En muchos casos, las personas no diferencian entre un psicólogo y un coach, siendo este último muchas veces más carismático y dada su limitada formación tienden a prometer resultados sin medir consecuencia y su discurso, a su vez, suele ser netamente pragmático, lo que lo hace más atractivo. De igual forma, el ciudadano al asistir a su establecimiento de salud más cercano o hasta para pagar considerables sumas de dinero con un psicólogo particular termina decepcionado del mismo, simplemente porque el profesional no ha recibido la formación adecuada para intervenir en los problemas por los que acuden a él. Estos son probablemente los principales motivos por los que a nivel social no somos importantes, tal es el caso que cuando se habla de intervenciones en salud mental (psicológica) para el Estado, es más relevante un médico generalista que nosotros. Aparentemente el alprazolam y el prozac son mejores y más efectivos que la silla vacía y el piensa positivo, sin duda.
¿Existen entonces culpables? No es tan sencillo y tampoco podemos culpar al profesional que de buena fe realiza su trabajo con las pocas herramientas a disposición, ni al profesor que le enseñó, ni a la universidad a la que asistió. Como hemos venido explicando, la psicología viene luchando contra sus propios demonios intrusistas. Las regulaciones por parte de entidades como la SUNEDU trataron de mejorar las cosas pero eso solo es la superficie, tenemos un problema endémico, un problema del propio sistema, un problema de educación, una crisis de educación (sí, otra más), aunados a nuestra limitada comprensión lectora y bajos índices educativos reflejados en las pruebas pisa por ejemplo, carecemos de una educación basada en ciencia. Existe un concepto poco conocido que pretende sintetizar la capacidad que tiene el individuo en reconocer la ciencia y sus implicancias sociales, nos referimos a la alfabetización científica o como Costa (2021) lo explica: “Un ciudadano alfabetizado científicamente reconoce la naturaleza acumulativa, provisional y escéptica de la ciencia, las limitaciones de la indagación científica, la necesidad de la presencia de evidencias suficientes y conocimientos consolidados para apoyar o rechazar proposiciones, el impacto de la ciencia y la tecnología en lo político, social y entorno económico y la influencia de la sociedad en la ciencia y la tecnología.”
Hablar del porqué es importante tener un nivel óptimo de alfabetización científica es un tema aparte a desarrollar, pero es evidente que la ciencia y su comprensión nos han permitido llegar hasta nuestros días y en la medida que un mayor número de ciudadanos posean este conocimiento tendrán mayores y mejores herramientas para desenvolverse, tanto a nivel personal como profesional lo que a su vez se ve reflejado en el desarrollo económico de una nación. Es así que el nivel actual de alfabetización científica de los profesionales peruanos en general y en particular del área de la salud es incongruente con la descripción de manual profesional. De no ser el caso no estaría tan normalizada la atención con prácticas pseudocientíficas, como las descritas líneas arriba desde la psicología, sino también a nivel médico, con acupuntura, flores de Bach, reiki, homeopatía, etc.
En este orden de ideas quizás podamos entender por qué la salud psicológica está en crisis. Ante la precariedad de la atención debido a la poca capacidad y limitadas herramientas de los especialistas en las intervenciones debido al bajo nivel de alfabetización científica, etc., los problemas no van a ser resueltos realmente y por el contrario se crea un efecto rebote donde cada vez el psicólogo profesional no toma el protagonismo que le corresponde. Las personas seguirán optando por asistir al coach, al tarotista, al yoga o seguirán ahogando sus preocupaciones con evitación por medio de drogas, fiestas o lo mejor que encuentren a mano. Tampoco basta ni es una solución real enmallar los puentes, ni atiborrar los espacios con la contratación de más psicólogos para abordar la “salud mental”, son esfuerzos que se reconocen pero si no atendemos de manera efectiva este problema y seguimos aplazando los cambios importantes…estamos mal.

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Gracia Teruya presenta «Yoko del Mar», una exposición inspirada en el amor y la transformación
La muestra reúne 30 obras que narran la historia de una sirena que renuncia a su inmortalidad para vivir un amor verdadero y formar una familia. La propuesta pictórica destaca por el uso expresivo del color y los trazos libres, con influencias del fauvismo y el expresionismo. Podrá visitarse del 7 al 28 de noviembre en la Galería Martín Yépez, con ingreso libre.
La artista peruana Gracia Teruya presenta «Yoko del Mar», una exposición de 30 obras entre pinturas, esculturas y poemas intervenidos que tienen como protagonista a una sirena que decide dejar atrás su vida en el océano para vivir un amor verdadero junto a un pescador. A través de esta historia, la artista explora temas como el amor, la transformación, la familia y la posibilidad de comenzar una nueva vida.
La muestra toma su nombre de Carmen Yoko, abuela paterna de la artista. A partir de este vínculo familiar, Teruya creó a Yoko, una sirena mestiza que se enamora de Antón de las Estrellas, un pescador, y decide renunciar a su eternidad marina para compartir una vida con él. La historia presenta también a sus hijas, Sumi y Luna del Mar y las Estrellas, así como otros elementos simbólicos como el Sol, la Luna y una isla, escenario de esta nueva vida familiar.
Desde una mirada curatorial, la exposición aborda la transformación de la protagonista como una decisión que implica dejar atrás su naturaleza mágica para asumir una experiencia terrenal. En este universo, el mar no es solo un paisaje, sino un espacio cargado de emociones y significados. Mientras que la isla, espacio de confinamiento y a la vez de refugio, actúa como el escenario donde se teje la vida familiar compartida con el pescador.
La propuesta pictórica destaca por el uso expresivo del color y los trazos libres, con influencias del fauvismo y el expresionismo, recursos con los que la artista construye un mundo de carácter onírico.
Nacida en Lima en 1986, Gracia Teruya ha desarrollado una trayectoria artística centrada en la relación entre emoción, imaginación y pintura. Entre sus exposiciones individuales destacan Un mundo aparte (2015), Amor, pasión y vida (2018), Entre el cielo y el infierno (2024) y El imaginario de Gracia Teruya (2025). También ha participado en muestras colectivas y salones de arte en Perú, Italia y Estados Unidos. Es autora de los libros de artista El sueño de la luna (2013) y Después del mundo (2015).
«Yoko del Mar» se presentará del 7 al 28 de noviembre en la Galería Martín Yépez, ubicada en la avenida Nicolás de Piérola 934, Lima. El ingreso es libre. El horario de visita es de martes a jueves, de 2:00 p. m. a 6:00 p. m., y viernes y sábados, de 10:00 a. m. a 6:00 p. m.
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Hoy comienza el CyberWow: conoce las últimas ofertas del año y las marcas que participan
Con más de 1200 ofertas y 200 marcas oficiales llega la última edición del CyberWow 2026, que organiza el Interactive Advertising Bureau (IAB Perú). El público podrá encontrar descuentos en productos y servicios de tecnología, decoración y hogar, ropa y calzado, salud, viajes y turismo, automotriz, entretenimiento, deportes y fitness, infantil, educación, mascotas y más.
Se desarrolla del 2 al 5 de noviembre y es la oportunidad ideal para los peruanos que buscan adelantar las compras navideñas o planificar un viaje de fin de año.
“El CyberWow es el principal evento de comercio electrónico. Se destaca por su alto nivel de recordación, participación y capacidad de activar la intención de compra. Tiene todo en una sola plataforma y con las garantías necesarias para adquirir productos y servicios», resalta Beatriz Hernández, directora ejecutiva del IAB Perú.
El CyberWow cuenta con más marcas participantes y mejores ofertas que otras promociones, y eso lo convierte en el más importante y esperado por muchos peruanos.
Entre las marcas que se suman a esta edición se encuentran: Falabella, Ripley, Plaza Vea, Sentua, Mercado Libre, MiFarma, Despegar, Sodimac, Esika, Viajes Falabella, IShop, Assist Card, Juntoz, Shopstar y Maxx Nutrition, VP Trends, Skin Center, entre otras. Para la seguridad de los usuarios, los negocios que participan tienen un sello de marca oficial del CyberWow y pueden revisarlos en https://cyberwow.pe/
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