¿Qué es un humanista?

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Desde fines de los ochenta cada 21 de junio se celebra el Día mundial del humanista. Hoy hay todavía muchas personas que aunque coinciden con la visión humanista del mundo, no saben qué es el humanismo y por lo tanto no se identifican como humanistas. A continuación voy a intentar explicar qué es y cuáles son sus principios.

 

Escrito por: Adrián Núñez Ferdmann, presidente de la Sociedad Secular Humanista del Perú

 

Muchas veces nos encontramos con personas que no tienen una idea clara de qué es un humanista, o que lo confunden con humanitarismo, o con alguien que se dedica a las labores humanitarias, o con alguna persona dedicada a las humanidades. En las escuelas es común que en las clases de historia se nos presente al humanismo renacentista, pero sin hacer mención a que la palabra humanismo es polisémica, a que existen otros humanismos y a que en la actualidad debe entenderse algo distinto por humanismo y humanista. Por esto último, a lo que me voy a referir en este artículo es específicamente al humanismo moderno, al que actualmente se llama simplemente humanismo, y a quienes coinciden con esta forma de ver el mundo como humanistas.

El humanismo es una filosofía de vida que agrupa a las personas no creyentes (ateos, agnósticos, naturalistas, escépticos) que consideran que: dado que esta vida es la única que tenemos, que no existen ni premios ni castigos divinos para nuestras acciones, y que no existen soluciones mágicas para nuestros problemas (brujería, milagros ni ninguna clase de intervención sobrenatural en la realidad), somos los humanos quienes tenemos que darle un significado a nuestras vidas, quienes tenemos que pensar y trabajar para solucionar nuestros problemas y quienes tenemos la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo y de actuar en concordancia con todo lo anterior (sin la necesidad de una amenaza o de recompensas en otra vida).

Es importante resaltar que los humanistas tenemos una visión naturalista del mundo. Esto significa que no consideramos válidas las explicaciones de la realidad que incluyen fenómenos paranormales, sobrenaturales, magia, milagros, dioses, horóscopos o fantasmas, y sí consideramos que la conciencia, la memoria, la sintiencia y, en general, lo que nos hace personas emerge de las funciones corporales, y que por lo tanto cuando se detienen de manera definitiva estas funciones (especialmente las funciones mentales), es decir, cuando morimos, no queda un alma o espíritu ni en este mundo ni en ningún otro “plano”. Al concluir nuestras funciones dejamos de existir de manera análoga a como un sucede con una instancia de un programa al apagar la computadora en la que operaba, con la diferencia de que aún no tenemos la tecnología para volver a encender nuestra máquina humana ni hacer alguna copia. Aún así, algunas personas pueden considerar como parcialmente válidas algunas creencias en lo divino o lo sobrenatural y a la vez compartir muchos de los principios y fines del humanismo, por lo que por “parecidos de familia” algunos consideramos que estas personas también son humanistas.

 

La felicidad, el propósito y la belleza

Los humanistas no creemos que exista un sentido o propósito en el universo. En cambio creemos que le corresponde a cada persona darle un sentido (o varios) a su propia vida con base en sus intereses, capacidades e ideales. Gracias a la búsqueda del propósito y a la disposición a experimentar esta única vida tanta plenitud como las posibilidades nos lo permitan, es que podemos conseguir satisfacción o felicidad. No es extraño para los humanistas promover la búsqueda de una vida con propósito antes que la búsqueda de la felicidad.

Los humanistas animamos a todos a buscar la belleza a través del arte y la creatividad, y también a la apreciación de la naturaleza como fuente de paz y asombro.

 

El trato a los demás y a la naturaleza

Para los humanistas, la moral no proviene de mandatos divinos sino que es inherente a la naturaleza humana. Más allá del respaldo científico a esta afirmación, es evidente que independientemente de nuestras creencias, tenemos una brújula moral que nos permite distinguir lo bueno de lo malo, y que nos impulsa a buscar el bien común y un trato justo para todos. Sin embargo es natural poner por encima el bienestar de quienes están más cerca a nosotros. Por este motivo los humanistas promovemos la idea de expandir el círculo de nuestra moral, desde las personas más cercanas hasta quienes nos resultan más distantes, y en ese mismo sentido seguir expandiendo el círculo hacia otras especies y hasta la naturaleza en general. Por este motivo es común encontrar humanistas muy comprometidos con la preservación de la naturaleza, algunos en trabajos vinculados a la reducción de la contaminación y preservación de los ecosistemas, muchas veces en contraste con personas cuyo sistema de creencias les hace estar seguras que un dios ha puesto el mundo a nuestra disposición para que hagamos uso ilimitado de él.

 

La racionalidad

Al no creer en soluciones mágicas para nuestros problemas, nuestras mejores herramientas son la razón, la lógica, la ciencia, la experiencia y el escepticismo, y buscamos que nuestras acciones sean consecuentes con este enfoque racional. Quienes ya tenemos algún tiempo en contacto con otros humanistas solemos desarrollar cierta habilidad para conversar con personas de distintas opiniones aplicando a sus enunciados cierta caridad interpretativa, y aprovechamos esta práctica para examinar nuestras propias creencias tratando de vencer el temor a cambiar de ideas. Somos conscientes de que estas herramientas son solo medios y que son los valores humanos los que definen nuestros fines.

 

Democracia, equilibrio de poderes y laicismo

Dado que nadie es infalible ni ha recibido alguna clase de revelación divina a prueba de errores, los humanistas creemos en la constante evaluación y corrección de nuestras normas. Por este motivo abogamos porque las leyes se diseñen con base en evidencia y no por consignas partidarias, ideológicas o religiosas. Idealmente las leyes y su ejecución deben estar en manos de poderes independientes y de personas capacitadas. No deben ser funcionales a los intereses particulares de algún grupo religioso o político aunque sea mayoritario. Imponer políticas públicas basadas en los sesgos de la mayoría en perjuicio de las minorías es una forma de tiranía. Imponer leyes que benefician a una o más iglesias es antidemocrático. Los humanistas, en general, creemos que la democracia, aunque imperfecta, permite la revisión y la corrección de errores, en contraste con los regímenes autocráticos, en los que las decisiones se toman cada vez con información de menor calidad, pues la acumulación de poder repele a la crítica.

Los humanistas defendemos la libertad de culto y también la libertad para criticar a las religiones. Lamentablemente algunos compañeros humanistas sufren persecución y cárcel en países con menos libertades, en los que la religión y el Estado son casi indistinguibles. Esto solo por expresar sus críticas a las religiones mayoritarias del lugar. Por este motivo las organizaciones humanistas en el mundo buscan y financian ayuda legal para conseguir su liberación.

Buscamos un trato igualitario para todos y rechazamos la discriminación étnica, sexual, religiosa, por discapacidad o de cualquier otro tipo, y entendemos que esto no puede ser conseguido sin un Estado laico en el que se se ponga el diseño de las leyes en mano de los expertos.

 

En resumen

El humanismo es una forma naturalista de ver el mundo en la que se confía en la razón, la ciencia y la experiencia para resolver los problemas de la humanidad; en la que la moral se entiende como parte de la naturaleza humana; en la que se busca dar sentido a la vida y se aprecian el arte y la belleza de la naturaleza; en la que se busca igual trato para todos, dentro de un Estado laico en el que las decisiones se tomen con base en evidencia y que estas se puedan examinar y perfeccionar con el tiempo.



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