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Otro Colectivo presenta la obra autoficcional «Mudarse en sí» (Pollitos con papas)

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Otro Colectivo presenta la obra autoficcional «Mudarse en sí» (Pollitos con papas)


Otro Colectivo teatro presenta la obra autoficcional MUDARSE DE SÍ (Pollito con papas), escrita por Tirso Causillas y dirigida por Nani Pease. La tragicomedia tendrá una única función el jueves 16 de noviembre, a las 8:00 p.m. en el Teatro de Lucía, en Miraflores. Entradas al siguiente número 966 617 900 y en boletería del teatro el mismo día de la puesta en escena.

Conoceremos la historia de Tirsito -como lo llaman en casa- quien escribe cartas a sí mismo, al Tirso del futuro, para agarrar valor e irse del cuarto en Breña que comparte con sus padres a quienes teme y ama, quienes se han herido y lo han herido profundamente desde quién sabe cuándo. Hacerlo no es sencillo, pues mudarse de esa historia de horror en la que ha crecido implica no mantener a sus padres con su sueldo de profesor de teatro, dejarlos con 27 soles hasta quién sabe cuándo, dejarlos lidiando con el casero que golpea la puerta y amenaza con echarlos a la calle. Implica también sustraerse de una compleja y dolorosa relación con su hermana donde demasiados límites fueron cruzados, que reaparece ofreciendo apoyo económico a la familia a cambio de reabrir las heridas del pasado.

La propuesta escénica nos llevará de la mano por la precariedad en la que el autor-creador, nos invita a acompañarle en su proceso de dejar atrás -mudarse de- las vivencias familiares de violencia en las que ha crecido. Los personajes nos acompañarán a entender lo que pasó, lo que debió pasar, lo que queremos que suceda y lo que nunca debió suceder. Esos relatos estarán también llenos de ternura y de humor y serán acompañados de música en vivo, una guitarra acargo del Loko Pérez y una batería a cargo de Alfredo Anderson. La música y canto sirve a veces de palabra a los personajes para decir todo eso que cuesta decir. En la historia no hay solo perpetradores, ni solo víctimas, hay una compleja y dolorosa red de afectos y maltrato potenciada por la precariedad, la migración y la exclusión. Y hay también mucho pollo a la brasa, que es como la familia solía celebrar todo, engullido con el gusto de quien come con hambre.

“La obra implica un doble proceso: primero, imaginar cómo así esta historia puede ser útil para otros. Cómo así la ficción puede permitir construir preguntas incisivas en torno a tres problemáticas que han atravesado mi historia familiar como son la violencia intrafamiliar, la precarización laboral y la migración”, nos dice el creador y actor en la obra Tirso Causillas. “Por otro lado, con la obra me pregunto por cómo desanudar el nudo que me tocó; qué se anuda en esta historia cargada de dolor y límites difusos, pero también de amor. Del intento, a veces fallido, de amar a padres, madres, hijos e hijas. Que la historia de intentos nos permita construir una vida nueva. En ese sentido, Mudarse de sí es imposible, pero al mismo tiempo es el camino que se desea desde la memoria.”

Para la directora de la obra, esta tragicomedia es una profunda exploración de la capacidad humana de crecer desde el trauma que ocasionan las violencias: “siendo en nuestro país un problema estructural que nos tiene en situación de emergencia, las familias peruanas educan con violencia, cruzan límites y violentan sexualmente, maltratan, se hacen daño y para quien la recibe, al violencia, abre una grieta compleja, genera una marca identitaria. Y al mismo tiempo, la mente tiene infinitas posibilidades de, dados ciertos apoyos, lograr crecer desde ahí”. En el caso de esta obra la historia nos muestra en primera persona las heridas de la violencia, pero también cómo crecer desde ella: “la generosidad de Tirso para compartir su historia y llevarnos de la mano por lo que implica seguir creyendo que merecemos una mejor vida y que tenemos el derecho a perseguirla, es muy potente, muy inspiradora y es un acto político valioso de lucha contra las violencias. Esperamos que esta obra pueda ser acogida y llegue a inspirar a quienes la necesitan para mudarse de esas historias que duelen”.

Mudarse de sí (pollito con papas) es la historia del viaje de Tirso Causillas, acompañado de dos actores creadores, cercanos y de una directora (Nani Pease) cercana a él, tratando de significar y entender las heridas de su propia historia generadas por aquellos que más debieron cuidarnos, para poder crecer desde esa historia y con el deseo de ayudar a otros a salir, a mudarse, de aquellos contextos que les hacen daño. Forma parte del elenco: Mariana Palau, Bruno Espejo y Tirso Causillas.

La obra ha sido ganadora de los Estímulos Económicos para la Cultura 2023 del Ministerio de Cultura del 2023, y del Concurso Anual de Proyectos de Creación del Vicerrectorado de Investigación de la Pontificia Universidad Católica del Perú del 2022. Ambos concursos evaluaron el impacto social de la propuesta artística que aborda el tema de la violencia intrafamiliar como espacio en donde se ponen en juego dinámicas estructurales de precarización de la vida.



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Pamela

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Pamela

Mi compañera de carpeta en la clase del instituto es Pamela, una joven natural de Ica con muchas ganas de convertirse en comunicadora. Nuestra lección en el octavo piso del instituto culmina, y nos dirigimos hacia el ascensor. Nos acompañan nuestros demás compañeros del grupo de amigos que tenemos. Somos cinco en total y todos vamos rumbo al primer nivel. Son un poco más de las nueve de la noche, y pareciera que ninguno de nosotros tenemos apremio en regresar a casa porque en lugar de dirigirnos hacia la salida vamos rumbo a la cafetería. Nos miramos, sacamos nuestros celulares y no pronunciamos ninguna palabra. Pamela y yo tenemos un pendiente: un diálogo que hace más de una semana nos debemos. Ella y yo nos dirigimos hacia la última banca frente al establecimiento de comida que el instituto tiene, e inmediatamente el resto del grupo nos siguen. Guardo en mi bolsillo izquierdo mi móvil y le sonrío a Pamela. Los demás, probablemente, se acaban de dar cuenta que necesito privacidad con Pamela y se despiden instantáneamente. Mientras se esfuman por el largo pasadizo que los conduce a la puerta principal, ella me pregunta qué deseo decirle. Empezamos la entrevista.

Me advierte que evite las preguntas incómodas. No le hago caso. Empezamos una amena conversación hablando de cómo ingresó al mundo del modelaje. Me dice que llegó gracias a una amiga que conoció en la escuela de Marina Mora. Anteriormente, Pamela también ha bailado ballet profesional, danza inculcada por su padre. Sus ojos le brillan y supongo que es porque quiere hablar de su carrera como modelo. No me equivoco. Con un exacerbado entusiasmo me cuenta de sus participaciones en diversos eventos, tales como en canales de televisión nacional y en provincias. Sin embargo, la experiencia que jamás olvidará sucedió hace un año, y fue cuando logró consagrarse como «Miss Teen Turismo 2014». Por otro lado, me confiesa que el trajín es un inconveniente latente en quienes ejercen esta profesión. En sus épocas de modelo tenía horarios inflexibles que incluso lograron que baje su rendimiento académico. No obstante, la satisfacción de recibir una remuneración por su trabajo aparentemente sencillo era su mejor recompensa. No hay duda que como anfitriona o modelo ganaba muy bien.

La anorexia y bulimia se hacen presentes casi siempre en esta carrera me dice con suma tranquilidad. El escudo que utilizan cuando dejan de comer es la falta de tiempo o el querer bajar de peso. Y a pesar de que se les reitere que demasiado delgadas están, ellas no lo creen. Pamela, de esto no ha sido ajena, pues me comenta que hubo meses en los que no ingería sus alimentos necesarios. Esto se debía a dos factores: horarios y decisión propia. Acto seguido me confiesa que la verdadera razón para que se limitara en sus comidas se debía a las «reglas» impuestas sobre su peso, estatura y contextura dentro del entorno artístico. Llegó a pesar cincuenta y siete kilos, un peso idóneo para cualquier señorita que ostenta un metro setenta y dos de altura; mas eso no le duraría mucho tiempo. Hoy con algunos kilos de más dice aún no acostumbrarse a su cuerpo pues por un buen tiempo se vio demasiado delgada. Al mismo tiempo asegura sentirse calmada al contar con un peso regular. Su relación con Marina es de lo mejor. En los cinco años que se conocen la ha apoyado y brindado múltiples oportunidades. Un claro ejemplo se dio cuando terminó sus estudios de modelaje, y la reconocida modelo llamó a Pamela para que dictara clases en su academia. Su año de aprendizaje fue fructífero, al final.

Actualmente tiene novio. No es su enamorado, por si acaso. Acá es imprescindible que ponga énfasis en el término debido a una razón estrictamente ligada a discernir entre un concepto y otro. Para ella, el noviazgo implica compromiso, algo que ambos poseen. Jorge, su novio y mejor amigo, estudia fotografía en otro instituto. Le lleva casi diez años y es prácticamente vecino suyo. Ambos se conocieron en Ica cuando estudiaban comunicaciones en la universidad que posteriormente dejarían para venir a Lima en tiempos diferentes. Piensan viajar, pero sus prioridades son finalizar sus carreras. Los siete meses de relación que llevan la ilusionan a aspirar a su independización. Es evidente que Pamela está enamorada.

Tengo la sensación de que los minutos han transcurrido más lento de lo habitual. No han pasado ni treinta desde que dimos inicio a nuestra conversación, pero siento que llevamos horas. Es raro, pero real. Damos por terminada nuestra entrevista con un beso en la mejilla. Ella se queda aún en el instituto. Se queda esperando a su novio, quien estudia a dos cuadras y en aproximadamente quince minutos más saldrá de clase. Yo no puedo quedarme con ella, así que me marcho. Saco mis auriculares y me pierdo entre las calles miraflorinas escuchando el último hit de Sia. «Chandelier» me hace soñar despierto.

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Amor en el primer set

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Amor en el primer set

De lo que ocurrió en la fiesta recuerdo poco, casi nada. Estuve consciente hasta las tres de la mañana y luego, borré cassette. Había tomado casi cinco chilcanos sin pausa. Definitivamente, si no perdí el conocimiento antes fue por suerte, nada más que eso. La celebración lo ameritaba. El lanzamiento de Volver merecía disfrutarse. El set de la primera DJ estaba por terminar y yo, la verdad, había dejado de prestarle atención. Ese día era, por coincidencia, el cumpleaños de una persona muy especial para mí, y un par de días antes, le había prometido celebrarle en medio de la fiesta que con algunos amigos estaba organizando. Eso me tenía estresado. Luego pensé que no debí haberlo incluido en la fiesta, pero no podía desinvitarlo. Además, en unas horas volaba a Berlín y ni siquiera tenía mi maleta lista. Me serví otro chilcano para dejar de pensar que las cosas podrían no salir como las tenía planificadas.

Terminó el primer set y el siguiente DJ era un amigo a quien conocía recién. En ese momento, él tenía el deber de encender un poco más el ambiente. Él estaba empezando a tocar al mismo tiempo que mi teléfono empezaba a vibrar. Una nueva asistente había llegado. Estaba en la puerta principal de mi edificio. Me acababa de enviar un mensaje de whatsapp. Lo dejé tocando un poco de electrónica mientras me apuraba en pedir el ascensor. La recién llegada asistente era una persona completamente nueva para mí. Se había enterado de la fiesta por el póster que elaboré y donde redacté mi dirección en Lince detalladamente. Ella no era de Lima ni radicaba en la capital, pero por esos días estaba aquí. Nos saludamos en la entrada, le di la bienvenida y me presentó a su amigo, quien lo acompañaba esa noche.

Subimos, ingresamos al departamento y les invité dos vasos de chilcanos. Ella era alta, había venido con un pantalón ajustado y un bolso bastante pequeño y sobrio. Ella bailaba al ritmo de la música que mi amigo tocaba. Parecía ser la única que realmente estaba disfrutando de sus canciones. Los demás estaban entretenidos en sus conversaciones y ni siquiera le estaban prestando atención a la música. Ella lo miraba con admiración y luego empezaba a grabar algunos videos para inmortalizar el momento. Él no perdía la concentración y continuaba con su playlist como si su performance fuera a tener calificación o se tratara de una evaluación.

El reloj bordeó las dos de la mañana y varios de los asistentes comenzaron a retirarse. Empezaron los abrazos, los cruces de mano y los besos. Algunos se me acercaban para agradecerme por haberlos invitado y otros solo me hacían señas para que les abra la puerta y les facilite su salida. Mientras todo ello ocurría, él seguía concentrado en la consola y ella compartía risas cómplices con su amigo. Les ofrecí un trago más a cada uno, me aceptaron, pero me comentaron que luego de ello tenían que retirarse. No recuerdo bien si regresaban a casa o se iban a otra fiesta.

Terminaron sus chilcanos y se acercaron a la puerta. Entendí que esa era la señal para que vaya a despedirlos. Saqué rápidamente mi juego de llaves, dejé mi vaso con agua en la mesa y los acompañé al primer piso. Mi departamento estaba en un piso diez, así que en el transcurso del viaje en el ascensor seguro conversamos algo que en este momento ya he olvidado por completo. Les abrí la puerta principal y se quedaron afuera pese a mi insistencia de que los podía esperar hasta que llegara su movilidad.

Luego de unos meses, cuando ya había viajado y estaba con mi amigo en el teléfono, me confesó que se había enamorado de la chica de aquella vez. Tal vez el verbo preciso no fue enamorar, tal vez fue solo un gusto. Pero él había sentido una atracción que era imposible de ocultar. Le pregunté si la conocía. Me lo negó. Me preguntó cómo llegó ese día a la fiesta. Le dije que me escribió por interno. Ella no fue la única que lo hizo, además. Mis datos estaban explícitamente redactados en el flyer que hice para la fiesta. Él me admitió que le habría gustado intercambiar alguna conversación con ella esa noche en la fiesta. Le dije que era mejor si le escribía a su cuenta de Instagram. «Ya lo hice», me respondió fríamente. Ojalá la vida los vuelva a juntar, aunque sea para que tengan esa conversación que la fiesta les impidió concretar.

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