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Arte y Cultura

Arte textil hecho a mano es el regalo perfecto para esta navidad

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Arte textil hecho a mano es el regalo perfecto para esta navidad


“Ruraq maki- hecho a mano” continúa en la sede principal del Ministerio de Cultura, donde encontrarán bellas obras textiles para toda la familia. El ingreso es libre.

Estamos cerca a la Nochebuena y la exposición venta “Ruraq maki – hecho a mano” es una buena opción para encontrar el regalo perfecto para llevar cultura a los hogares peruanos. Todo ello gracias al trabajo de las maestras y maestros artesanos que ofrecen sus productos en la sede central del Ministerio de Cultura.

De esta manera, se podrá conocer el Perú a través de la belleza de sus creaciones. Justamente para darnos la oportunidad de apreciar las hermosas obras de arte y llevar cultura a casa, Ruraq maki se queda hasta este jueves 22 de diciembre, desde las 10:00 de la mañana hasta las 8:00 de la noche.

En esta oportunidad, les presentamos distintas alternativas de regalos con una serie de creaciones textiles de la costa, sierra y selva del país. Dichos productos han sido elaborados con fibras y tintes naturales que los hacen muy especiales por su gran acabado y buen gusto.

En el mezanine de la sala Kuélap, por ejemplo, encontraremos a don Marcelino Pomataylla, maestro artesano ayacuchano, quien trabaja en telares tradicionales, creando formas de vistosos colores. Don Marcelino junto a su esposa, hijos y nietos se encarga de mantener vigente la tradición y herencia que le fue transmitida de generación en generación.

En su stand, muy cerca de las escaleras de acceso, encontramos cojines a partir de 80 soles, vinchas para el cabello a 15 soles, caminos de mesa de diversos colores a partir de 60 soles y los tradicionales ponchos con diferentes motivos que son muy apreciados por los amantes de los tejidos.

Mientras que las maestras artesanas de la provincia de San Miguel Arcángel de Cajamarca, nos presentan verdaderas obras de arte, tejidas a mano. Manteles y centros de mesa de todos los colores adornan su stand, con precios que van de los 80 a los 360 soles.

Desde Ucayali, la Asociación de mujeres artesanas Reshin Benxo expone sus originales telas con bordados a mano: figuras de tigres, guacamayos, loros y escenas de la vida cotidiana aparecen en sus diseños. Todos los productos utilizados, según nos cuenta doña María, son naturales, nada tóxicos. 

En esta oportunidad, dentro de las novedades que presentan en Ruraq Maki – hecho a mano, las artesanas Reshin Benxo trajeron las faldas que visten las mujeres de las comunidades, todas con diseños tradicionales representativos de la cultura shipiba. Este se puede encontrar a 80 soles.

En tanto, la Asociación de Mujeres Creativas y Emprendedoras de Inkawasi, conformada por artistas de Inkawasi, en la provincia de Ferreñafe, región Lambayeque, presentan una colección de tejidos. Ellas son herederas y portadoras de un conocimiento ancestral único, el cual transmiten a las nuevas generaciones para mantener la tradición del tejido en el que son formadas desde niñas.

Las tejedoras, especialistas en el tejido en telar de cintura y en el teñido textil con pigmentos naturales, presentan prendas de vestir inkawasinas y accesorios para el hogar. En su punto de venta encontraremos blusas de colores bordadas a mano, faldas, bolsos, mantas y telares, con precios que van desde los 80 nuevos soles.

Arte y textilería cusqueña presente en Ruraq maki

Siempre en el ambiente del mezanine de la sala Kuélap, se ubica don Fidel Vara Quispe, presidente de la Asociación Apu Antasaqa, quien trajo desde Cusco hermosos trabajos de los maestros artesanos. Sus tejidos, con diseños geométricos, reflejan el arte tradicional y toda la creencia de la cosmovisión andina.

Los tejidos de Don Fidel varían en precios. Tenemos porta cosméticos a 30 soles, cartucheras a 20 soles, cinturones a 40 soles. También telares, fundas para cojines, chalecos y chullos que van desde los 20 hasta los 80. Así este artista plasma toda sus creencias y tradiciones que les fueron transmitidas desde la época pre inca. 

Para las damas, los maestros de la Asociación Apu Antasaqa de Cusco presentan una cartera con motivos geométricos tejida a mano con hilo de Alpaca bebe y teñida con tintes naturales y fino acabado. El precio de esta hermosa obra es de 200 soles.

Para las más pequeñas de la casa, en los ambientes del videowall, encontraremos el Taller Olivares, Bordados de Monsefú, donde se ofrecen vestidos de colores para la estación de verano, con lindos bordados hechos a mano desde los 70 soles. 

Asimismo, podemos encontrar servilletas con motivos navideños y para toda ocasión, que hacen juego con el camino de mesa en colores rojo, amarillo, verde. Los centros de mesa van desde los 90 soles y las servilletas desde los 12 soles.

En los distintos stands -ubicados en los dos ambientes del Ministerio-, podrás adquirir piezas únicas de juguetería, joyería, ropa, artículos utilitarios para el hogar, nacimientos, carteras de hilo hechas a mano, entre otros productos. Sin duda, no hay mejor regalo que nuestra cultura.

La edición de “Ruraq maki, hecho a mano” reúne a artesanos y artistas tradicionales en la sede del Ministerio de Cultura, en el horario de las 10:00 a.m. a 8:00 p.m. hasta este jueves 22 de diciembre. El ingreso es libre y se realiza por la puerta ubicada en la avenida Javier Prado Este 2465, en el distrito de San Borja.



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Pamela

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Pamela

Mi compañera de carpeta en la clase del instituto es Pamela, una joven natural de Ica con muchas ganas de convertirse en comunicadora. Nuestra lección en el octavo piso del instituto culmina, y nos dirigimos hacia el ascensor. Nos acompañan nuestros demás compañeros del grupo de amigos que tenemos. Somos cinco en total y todos vamos rumbo al primer nivel. Son un poco más de las nueve de la noche, y pareciera que ninguno de nosotros tenemos apremio en regresar a casa porque en lugar de dirigirnos hacia la salida vamos rumbo a la cafetería. Nos miramos, sacamos nuestros celulares y no pronunciamos ninguna palabra. Pamela y yo tenemos un pendiente: un diálogo que hace más de una semana nos debemos. Ella y yo nos dirigimos hacia la última banca frente al establecimiento de comida que el instituto tiene, e inmediatamente el resto del grupo nos siguen. Guardo en mi bolsillo izquierdo mi móvil y le sonrío a Pamela. Los demás, probablemente, se acaban de dar cuenta que necesito privacidad con Pamela y se despiden instantáneamente. Mientras se esfuman por el largo pasadizo que los conduce a la puerta principal, ella me pregunta qué deseo decirle. Empezamos la entrevista.

Me advierte que evite las preguntas incómodas. No le hago caso. Empezamos una amena conversación hablando de cómo ingresó al mundo del modelaje. Me dice que llegó gracias a una amiga que conoció en la escuela de Marina Mora. Anteriormente, Pamela también ha bailado ballet profesional, danza inculcada por su padre. Sus ojos le brillan y supongo que es porque quiere hablar de su carrera como modelo. No me equivoco. Con un exacerbado entusiasmo me cuenta de sus participaciones en diversos eventos, tales como en canales de televisión nacional y en provincias. Sin embargo, la experiencia que jamás olvidará sucedió hace un año, y fue cuando logró consagrarse como «Miss Teen Turismo 2014». Por otro lado, me confiesa que el trajín es un inconveniente latente en quienes ejercen esta profesión. En sus épocas de modelo tenía horarios inflexibles que incluso lograron que baje su rendimiento académico. No obstante, la satisfacción de recibir una remuneración por su trabajo aparentemente sencillo era su mejor recompensa. No hay duda que como anfitriona o modelo ganaba muy bien.

La anorexia y bulimia se hacen presentes casi siempre en esta carrera me dice con suma tranquilidad. El escudo que utilizan cuando dejan de comer es la falta de tiempo o el querer bajar de peso. Y a pesar de que se les reitere que demasiado delgadas están, ellas no lo creen. Pamela, de esto no ha sido ajena, pues me comenta que hubo meses en los que no ingería sus alimentos necesarios. Esto se debía a dos factores: horarios y decisión propia. Acto seguido me confiesa que la verdadera razón para que se limitara en sus comidas se debía a las «reglas» impuestas sobre su peso, estatura y contextura dentro del entorno artístico. Llegó a pesar cincuenta y siete kilos, un peso idóneo para cualquier señorita que ostenta un metro setenta y dos de altura; mas eso no le duraría mucho tiempo. Hoy con algunos kilos de más dice aún no acostumbrarse a su cuerpo pues por un buen tiempo se vio demasiado delgada. Al mismo tiempo asegura sentirse calmada al contar con un peso regular. Su relación con Marina es de lo mejor. En los cinco años que se conocen la ha apoyado y brindado múltiples oportunidades. Un claro ejemplo se dio cuando terminó sus estudios de modelaje, y la reconocida modelo llamó a Pamela para que dictara clases en su academia. Su año de aprendizaje fue fructífero, al final.

Actualmente tiene novio. No es su enamorado, por si acaso. Acá es imprescindible que ponga énfasis en el término debido a una razón estrictamente ligada a discernir entre un concepto y otro. Para ella, el noviazgo implica compromiso, algo que ambos poseen. Jorge, su novio y mejor amigo, estudia fotografía en otro instituto. Le lleva casi diez años y es prácticamente vecino suyo. Ambos se conocieron en Ica cuando estudiaban comunicaciones en la universidad que posteriormente dejarían para venir a Lima en tiempos diferentes. Piensan viajar, pero sus prioridades son finalizar sus carreras. Los siete meses de relación que llevan la ilusionan a aspirar a su independización. Es evidente que Pamela está enamorada.

Tengo la sensación de que los minutos han transcurrido más lento de lo habitual. No han pasado ni treinta desde que dimos inicio a nuestra conversación, pero siento que llevamos horas. Es raro, pero real. Damos por terminada nuestra entrevista con un beso en la mejilla. Ella se queda aún en el instituto. Se queda esperando a su novio, quien estudia a dos cuadras y en aproximadamente quince minutos más saldrá de clase. Yo no puedo quedarme con ella, así que me marcho. Saco mis auriculares y me pierdo entre las calles miraflorinas escuchando el último hit de Sia. «Chandelier» me hace soñar despierto.

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Amor en el primer set

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Amor en el primer set

De lo que ocurrió en la fiesta recuerdo poco, casi nada. Estuve consciente hasta las tres de la mañana y luego, borré cassette. Había tomado casi cinco chilcanos sin pausa. Definitivamente, si no perdí el conocimiento antes fue por suerte, nada más que eso. La celebración lo ameritaba. El lanzamiento de Volver merecía disfrutarse. El set de la primera DJ estaba por terminar y yo, la verdad, había dejado de prestarle atención. Ese día era, por coincidencia, el cumpleaños de una persona muy especial para mí, y un par de días antes, le había prometido celebrarle en medio de la fiesta que con algunos amigos estaba organizando. Eso me tenía estresado. Luego pensé que no debí haberlo incluido en la fiesta, pero no podía desinvitarlo. Además, en unas horas volaba a Berlín y ni siquiera tenía mi maleta lista. Me serví otro chilcano para dejar de pensar que las cosas podrían no salir como las tenía planificadas.

Terminó el primer set y el siguiente DJ era un amigo a quien conocía recién. En ese momento, él tenía el deber de encender un poco más el ambiente. Él estaba empezando a tocar al mismo tiempo que mi teléfono empezaba a vibrar. Una nueva asistente había llegado. Estaba en la puerta principal de mi edificio. Me acababa de enviar un mensaje de whatsapp. Lo dejé tocando un poco de electrónica mientras me apuraba en pedir el ascensor. La recién llegada asistente era una persona completamente nueva para mí. Se había enterado de la fiesta por el póster que elaboré y donde redacté mi dirección en Lince detalladamente. Ella no era de Lima ni radicaba en la capital, pero por esos días estaba aquí. Nos saludamos en la entrada, le di la bienvenida y me presentó a su amigo, quien lo acompañaba esa noche.

Subimos, ingresamos al departamento y les invité dos vasos de chilcanos. Ella era alta, había venido con un pantalón ajustado y un bolso bastante pequeño y sobrio. Ella bailaba al ritmo de la música que mi amigo tocaba. Parecía ser la única que realmente estaba disfrutando de sus canciones. Los demás estaban entretenidos en sus conversaciones y ni siquiera le estaban prestando atención a la música. Ella lo miraba con admiración y luego empezaba a grabar algunos videos para inmortalizar el momento. Él no perdía la concentración y continuaba con su playlist como si su performance fuera a tener calificación o se tratara de una evaluación.

El reloj bordeó las dos de la mañana y varios de los asistentes comenzaron a retirarse. Empezaron los abrazos, los cruces de mano y los besos. Algunos se me acercaban para agradecerme por haberlos invitado y otros solo me hacían señas para que les abra la puerta y les facilite su salida. Mientras todo ello ocurría, él seguía concentrado en la consola y ella compartía risas cómplices con su amigo. Les ofrecí un trago más a cada uno, me aceptaron, pero me comentaron que luego de ello tenían que retirarse. No recuerdo bien si regresaban a casa o se iban a otra fiesta.

Terminaron sus chilcanos y se acercaron a la puerta. Entendí que esa era la señal para que vaya a despedirlos. Saqué rápidamente mi juego de llaves, dejé mi vaso con agua en la mesa y los acompañé al primer piso. Mi departamento estaba en un piso diez, así que en el transcurso del viaje en el ascensor seguro conversamos algo que en este momento ya he olvidado por completo. Les abrí la puerta principal y se quedaron afuera pese a mi insistencia de que los podía esperar hasta que llegara su movilidad.

Luego de unos meses, cuando ya había viajado y estaba con mi amigo en el teléfono, me confesó que se había enamorado de la chica de aquella vez. Tal vez el verbo preciso no fue enamorar, tal vez fue solo un gusto. Pero él había sentido una atracción que era imposible de ocultar. Le pregunté si la conocía. Me lo negó. Me preguntó cómo llegó ese día a la fiesta. Le dije que me escribió por interno. Ella no fue la única que lo hizo, además. Mis datos estaban explícitamente redactados en el flyer que hice para la fiesta. Él me admitió que le habría gustado intercambiar alguna conversación con ella esa noche en la fiesta. Le dije que era mejor si le escribía a su cuenta de Instagram. «Ya lo hice», me respondió fríamente. Ojalá la vida los vuelva a juntar, aunque sea para que tengan esa conversación que la fiesta les impidió concretar.

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