Arte y Cultura
Universitarios logran construir el primer vehículo ecológico en el Perú
Llevarán el vehículo a una competencia internacional que se desarrollará en Brasil.
David Tenorio Núñez, hijo de docentes, dice que fue muy importante tener un árbol cerca cuando era niño. Desde su estatura infantil observaba con curiosidad el despegar de las aves en las ramas. Le llamaba la atención cómo podían volar, por lo que se fijaba en el movimiento de sus alas y su cola. Tienen un motor dentro, pensaba, al compararlas con los coches. Fue más adelante cuando descubrió que el aleteo respondía a las leyes de la aerodinámica, las cuales hoy, a sus 21 años, está aplicando para construir un automóvil en el Perú.
¿Cómo es construir un automóvil en nuestro país? Es muy difícil si se tiene en cuenta que no tenemos una industria automotriz desarrollada. Y el reto es más complejo si es que este vehículo tiene que ser el más eficiente del mundo, es decir ecológico. Esto significa que debe viajar usando la menor cantidad de energía posible, de tal forma que sea amigable con el medio ambiente, que no emita dióxido de carbono, y con una tecnología que le dé un nivel de autonomía y estética para comodidad del conductor o conductora.
David no está solo frente a tamaña hazaña. Lo acompañan otros 29 jóvenes como él, con los que conforma el KON Team, un equipo multidisciplinario de la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC), que busca promover la movilidad sostenible y la innovación mediante la construcción de vehículos energéticamente eficientes.
David está concluyendo la carrera de Ingeniería Mecánica, becado por el Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo (Pronabec) del Ministerio de Educación. Los otros miembros del equipo también estudian carreras STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Su objetivo es ganar la competencia Shell Eco-Marathon 2022, que se desarrollará en Brasil este mes de agosto, y en la que miles de jóvenes de cuatro continentes buscan crear el automóvil con mayor eficiencia energética del mundo desde su diseño, construcción y operación en una pista de carrera.
“Diseñar y construir un vehículo no es de otro planeta”
El automóvil peruano se llama MK3. “Para el diseño aerodinámico nos basamos en el perfil simétrico NACA 63(3)-018 y para la estética nos inspiramos en el jaguar”, dijo David, al referirse al dios KON (que le da el nombre al equipo), un felino que tiene la capacidad de moverse como el viento, según la mitología incaica. El vehículo tiene dos llantas delanteras y una posterior. Es en las primeras donde se puede apreciar una curvatura de la carrocería como dos patas agazapadas en pleno vuelo.
Esta hendidura curva de la parte inferior del vehículo, que tiene un largo de 2.6 metros, es diferente a la versión anterior del mismo (MKII), en la que era recta, y de 3.2 metros. Otro cambio es que ya no se cuenta con un chasis donde se soporte el asiento del piloto, sino que se ha elaborado un monocasco de fibra de vidrio, con incrustación de poliuretano, para que sostenga cómodamente a la conductora —llamada Daniela Vargas— durante su performance en la pista de competencia en Brasil.
El KON Team ya se encuentra en una tercera generación de participación en esta importante competencia de innovación de vehículos del futuro. Es un trabajo que ha recibido el apoyo de diversas organizaciones peruanas, a través de su patrocinio, aunque con algunas dificultades por el alto costo, el trámite, y la desfasada industria que no va al mismo ritmo de su ingenio. ¡Construir un automóvil en el Perú y de estas características parece imposible! Pero es real. Lo están haciendo.
“¡Talento sí existe! Quizás actualmente podemos tener limitaciones en nuestra industria y tecnología, pero esperamos que se pueda fomentar su desarrollo en nuestro país”, dijo David Tenorio, jefe de aerodinámica KON Team, animando a que más peruanas y peruanos presten atención al trabajo que están haciendo.
Se debe resaltar que estos jóvenes armaron su propia batería de iones litio —las mismas que usan los celulares modernos—, que el vehículo tiene un controlador que le permite a la conductora un nivel de autonomía y cuenta con un sistema con el que se puede monitorear la performance del coche. Todos son avances que han puesto el nombre de nuestro país en alto. Este año el KON Team ya recibió un reconocimiento al haber ganado el reto Future Rider 2022, y liderar la competencia virtual mundial de la Shell Eco-Marathon.
“Estamos apuntando a ganar en pista”, dice David, sobre la competencia en Brasil, por lo que avanzan con mucha motivación, mientras asisten a sus clases de la universidad. “Queremos hacer llegar este mensaje a personas y empresas que nos puedan apoyar con la financiación, que sean nuestros patrocinadores, para poder representar al Perú”, señaló Andre Jenssen, jefe del equipo KON.
Al equipo de KON Team lo pueden contactar a través de su Instagram @kon.team o al correo electrónico [email protected].
“Nos damos cuenta que diseñar y construir un vehículo no es de otro planeta. Los peruanos somos muy capaces. Lo estamos demostrando”, enfatizó David, con la misma energía y curiosidad del niño que buscaba responder el misterio de cómo las aves podían volar.
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Pamela
Mi compañera de carpeta en la clase del instituto es Pamela, una joven natural de Ica con muchas ganas de convertirse en comunicadora. Nuestra lección en el octavo piso del instituto culmina, y nos dirigimos hacia el ascensor. Nos acompañan nuestros demás compañeros del grupo de amigos que tenemos. Somos cinco en total y todos vamos rumbo al primer nivel. Son un poco más de las nueve de la noche, y pareciera que ninguno de nosotros tenemos apremio en regresar a casa porque en lugar de dirigirnos hacia la salida vamos rumbo a la cafetería. Nos miramos, sacamos nuestros celulares y no pronunciamos ninguna palabra. Pamela y yo tenemos un pendiente: un diálogo que hace más de una semana nos debemos. Ella y yo nos dirigimos hacia la última banca frente al establecimiento de comida que el instituto tiene, e inmediatamente el resto del grupo nos siguen. Guardo en mi bolsillo izquierdo mi móvil y le sonrío a Pamela. Los demás, probablemente, se acaban de dar cuenta que necesito privacidad con Pamela y se despiden instantáneamente. Mientras se esfuman por el largo pasadizo que los conduce a la puerta principal, ella me pregunta qué deseo decirle. Empezamos la entrevista.
Me advierte que evite las preguntas incómodas. No le hago caso. Empezamos una amena conversación hablando de cómo ingresó al mundo del modelaje. Me dice que llegó gracias a una amiga que conoció en la escuela de Marina Mora. Anteriormente, Pamela también ha bailado ballet profesional, danza inculcada por su padre. Sus ojos le brillan y supongo que es porque quiere hablar de su carrera como modelo. No me equivoco. Con un exacerbado entusiasmo me cuenta de sus participaciones en diversos eventos, tales como en canales de televisión nacional y en provincias. Sin embargo, la experiencia que jamás olvidará sucedió hace un año, y fue cuando logró consagrarse como «Miss Teen Turismo 2014». Por otro lado, me confiesa que el trajín es un inconveniente latente en quienes ejercen esta profesión. En sus épocas de modelo tenía horarios inflexibles que incluso lograron que baje su rendimiento académico. No obstante, la satisfacción de recibir una remuneración por su trabajo aparentemente sencillo era su mejor recompensa. No hay duda que como anfitriona o modelo ganaba muy bien.
La anorexia y bulimia se hacen presentes casi siempre en esta carrera me dice con suma tranquilidad. El escudo que utilizan cuando dejan de comer es la falta de tiempo o el querer bajar de peso. Y a pesar de que se les reitere que demasiado delgadas están, ellas no lo creen. Pamela, de esto no ha sido ajena, pues me comenta que hubo meses en los que no ingería sus alimentos necesarios. Esto se debía a dos factores: horarios y decisión propia. Acto seguido me confiesa que la verdadera razón para que se limitara en sus comidas se debía a las «reglas» impuestas sobre su peso, estatura y contextura dentro del entorno artístico. Llegó a pesar cincuenta y siete kilos, un peso idóneo para cualquier señorita que ostenta un metro setenta y dos de altura; mas eso no le duraría mucho tiempo. Hoy con algunos kilos de más dice aún no acostumbrarse a su cuerpo pues por un buen tiempo se vio demasiado delgada. Al mismo tiempo asegura sentirse calmada al contar con un peso regular. Su relación con Marina es de lo mejor. En los cinco años que se conocen la ha apoyado y brindado múltiples oportunidades. Un claro ejemplo se dio cuando terminó sus estudios de modelaje, y la reconocida modelo llamó a Pamela para que dictara clases en su academia. Su año de aprendizaje fue fructífero, al final.
Actualmente tiene novio. No es su enamorado, por si acaso. Acá es imprescindible que ponga énfasis en el término debido a una razón estrictamente ligada a discernir entre un concepto y otro. Para ella, el noviazgo implica compromiso, algo que ambos poseen. Jorge, su novio y mejor amigo, estudia fotografía en otro instituto. Le lleva casi diez años y es prácticamente vecino suyo. Ambos se conocieron en Ica cuando estudiaban comunicaciones en la universidad que posteriormente dejarían para venir a Lima en tiempos diferentes. Piensan viajar, pero sus prioridades son finalizar sus carreras. Los siete meses de relación que llevan la ilusionan a aspirar a su independización. Es evidente que Pamela está enamorada.
Tengo la sensación de que los minutos han transcurrido más lento de lo habitual. No han pasado ni treinta desde que dimos inicio a nuestra conversación, pero siento que llevamos horas. Es raro, pero real. Damos por terminada nuestra entrevista con un beso en la mejilla. Ella se queda aún en el instituto. Se queda esperando a su novio, quien estudia a dos cuadras y en aproximadamente quince minutos más saldrá de clase. Yo no puedo quedarme con ella, así que me marcho. Saco mis auriculares y me pierdo entre las calles miraflorinas escuchando el último hit de Sia. «Chandelier» me hace soñar despierto.
Arte y Cultura
Amor en el primer set
De lo que ocurrió en la fiesta recuerdo poco, casi nada. Estuve consciente hasta las tres de la mañana y luego, borré cassette. Había tomado casi cinco chilcanos sin pausa. Definitivamente, si no perdí el conocimiento antes fue por suerte, nada más que eso. La celebración lo ameritaba. El lanzamiento de Volver merecía disfrutarse. El set de la primera DJ estaba por terminar y yo, la verdad, había dejado de prestarle atención. Ese día era, por coincidencia, el cumpleaños de una persona muy especial para mí, y un par de días antes, le había prometido celebrarle en medio de la fiesta que con algunos amigos estaba organizando. Eso me tenía estresado. Luego pensé que no debí haberlo incluido en la fiesta, pero no podía desinvitarlo. Además, en unas horas volaba a Berlín y ni siquiera tenía mi maleta lista. Me serví otro chilcano para dejar de pensar que las cosas podrían no salir como las tenía planificadas.
Terminó el primer set y el siguiente DJ era un amigo a quien conocía recién. En ese momento, él tenía el deber de encender un poco más el ambiente. Él estaba empezando a tocar al mismo tiempo que mi teléfono empezaba a vibrar. Una nueva asistente había llegado. Estaba en la puerta principal de mi edificio. Me acababa de enviar un mensaje de whatsapp. Lo dejé tocando un poco de electrónica mientras me apuraba en pedir el ascensor. La recién llegada asistente era una persona completamente nueva para mí. Se había enterado de la fiesta por el póster que elaboré y donde redacté mi dirección en Lince detalladamente. Ella no era de Lima ni radicaba en la capital, pero por esos días estaba aquí. Nos saludamos en la entrada, le di la bienvenida y me presentó a su amigo, quien lo acompañaba esa noche.
Subimos, ingresamos al departamento y les invité dos vasos de chilcanos. Ella era alta, había venido con un pantalón ajustado y un bolso bastante pequeño y sobrio. Ella bailaba al ritmo de la música que mi amigo tocaba. Parecía ser la única que realmente estaba disfrutando de sus canciones. Los demás estaban entretenidos en sus conversaciones y ni siquiera le estaban prestando atención a la música. Ella lo miraba con admiración y luego empezaba a grabar algunos videos para inmortalizar el momento. Él no perdía la concentración y continuaba con su playlist como si su performance fuera a tener calificación o se tratara de una evaluación.
El reloj bordeó las dos de la mañana y varios de los asistentes comenzaron a retirarse. Empezaron los abrazos, los cruces de mano y los besos. Algunos se me acercaban para agradecerme por haberlos invitado y otros solo me hacían señas para que les abra la puerta y les facilite su salida. Mientras todo ello ocurría, él seguía concentrado en la consola y ella compartía risas cómplices con su amigo. Les ofrecí un trago más a cada uno, me aceptaron, pero me comentaron que luego de ello tenían que retirarse. No recuerdo bien si regresaban a casa o se iban a otra fiesta.
Terminaron sus chilcanos y se acercaron a la puerta. Entendí que esa era la señal para que vaya a despedirlos. Saqué rápidamente mi juego de llaves, dejé mi vaso con agua en la mesa y los acompañé al primer piso. Mi departamento estaba en un piso diez, así que en el transcurso del viaje en el ascensor seguro conversamos algo que en este momento ya he olvidado por completo. Les abrí la puerta principal y se quedaron afuera pese a mi insistencia de que los podía esperar hasta que llegara su movilidad.
Luego de unos meses, cuando ya había viajado y estaba con mi amigo en el teléfono, me confesó que se había enamorado de la chica de aquella vez. Tal vez el verbo preciso no fue enamorar, tal vez fue solo un gusto. Pero él había sentido una atracción que era imposible de ocultar. Le pregunté si la conocía. Me lo negó. Me preguntó cómo llegó ese día a la fiesta. Le dije que me escribió por interno. Ella no fue la única que lo hizo, además. Mis datos estaban explícitamente redactados en el flyer que hice para la fiesta. Él me admitió que le habría gustado intercambiar alguna conversación con ella esa noche en la fiesta. Le dije que era mejor si le escribía a su cuenta de Instagram. «Ya lo hice», me respondió fríamente. Ojalá la vida los vuelva a juntar, aunque sea para que tengan esa conversación que la fiesta les impidió concretar.
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