Arte y Cultura
CADEX: Necesitamos del compromiso de las autoridades para acelerar el retorno a clases, por el bien de los estudiantes
El retorno a la presencialidad es urgente. Tras casi dos años de clases a distancia, la pérdida de aprendizajes y problemas psicológicos y pedagógicos causados por la pandemia y el cierre de los colegios son evidentes.
Si bien el Ejecutivo ha expresado que su objetivo es que, a julio de 2022, el 99% de las instituciones educativas atiendan plenamente, necesitamos que este proceso se acelere, por el bien de los estudiantes peruanos, y el próximo año escolar se inicie con las aulas abiertas en marzo.
Para generar un diálogo sobre el proceso de retorno y la mejor manera de agilizarlo, IPAE Asociación Empresarial organizó el CADEx “Aceleremos el retorno: buenas prácticas y modelos”. Este contó con la participación de tres destacadas especialistas que, desde sus distintos roles, han liderado los procesos de retorno a la presencialidad en sus respectivas instituciones. Ellas fueron Ángela Villacorta, Directora de Gestión Pedagógica de la Dirección Regional de Educación de Ucayali; Mercedes Escobar, Directora Institución Educativa Inicial N° 42 Elizabeth Espejo De Marroquín; y Nora Tinoco, Directora Regional en Innova Schools. El diálogo fue moderado por José Carlos Vera, Exdirector de la Dirección General de Gestión Descentralizada del Ministerio de Educación (Minedu).
Si bien 96,566 escuelas a nivel nacional -lo que supone un 87% del total- ya se encuentran habilitadas para retornar a las aulas porque cumplen con las exigentes condiciones epidemiológicas establecidas, solo 8,887 de ellas brindan hoy un servicio de semipresencialidad. Entre estas últimas, el 94% se ubica en zonas rurales y, apenas el 6% pertenece al ámbito urbano. Si a esto sumamos que el 82,5% del personal docente y administrativo del sistema educativo nacional ya cuenta con ambas dosis de la vacuna contra el COVID-19, se vuelve obvio que las condiciones para un retorno seguro, gradual y voluntario son viables en este momento. Además, si analizamos el contexto internacional, Perú es uno de los países más rezagados en el proceso de retorno.
El plan del Minedu establece tres condiciones para el retorno a la presencialidad: que la institución esté habilitada (o aplique a la excepción considerada en la norma 273), que se implementen los protocolos necesarios para prevenir contagios y la implementación de un acuerdo con la comunidad educativa. Al respecto, las tres especialistas coincidieron en la importancia de revisar los protocolos existentes y actualizarlos de acuerdo a la evidencia, como es el caso del uso del protector facial y el distanciamiento de 2 metros.
Asimismo, las especialistas remarcaron en la importancia de llevar a cabo un trabajo en conjunto entre padres de familia, docentes y autoridades. “El liderazgo de la gestión comunal ha sido indispensable. Es la comunidad en conjunto que ha hecho los pedidos a las autoridades y al Comando COVID-19. Se han organizado para garantizar las condiciones de bioseguridad en las escuelas: limpiar la escuela, acondicionar las aulas, llevar el agua necesaria para el lavado de manos”, explicó Ángela Villacorta.
En la misma línea, Nora Tinoco expresó que la comunidad educativa debe actuar como una “gran familia”, preocupada por el bienestar de estudiantes, docentes y trabajadores por igual. Solo de este modo se puede enfrentar la comprensible incertidumbre que pueden sentir los padres de familia al enviar a sus hijos de vuelta al colegio. “Todas las decisiones que tomemos deben estar centradas en el impacto en el bienestar y aprendizaje de nuestros estudiantes. Esto no se reduce a lo cognitivo. Para ello, debemos preparar a los maestros para este retorno y tener una comunicación abierta, clara y sincera con los padres de familia, generando espacios de apoyo socio-afectivo para nuestros estudiantes. Cuando la comunicación es clara y oportuna, y se involucra a todos en comunidad, logramos que la confianza se siga fortaleciendo”, afirmó.
Al respecto, Mercedes Escobar, recalcó que los temores no solo parten de los padres de familia, sino también de los propios docentes. Por ello, es necesario brindarles el apoyo emocional y profesional necesario para que puedan llevar a cabo su importante trabajo sin problemas. “Tenemos que generar las condiciones, encontrar alianzas, buscar el apoyo del Ministerio de Educación, que nos den orientación. Las UGEL, las Municipalidades, el Ministerio de Salud, Defensa Civil pueden trabajar de la mano en capacitarnos y capacitar también a los padres de familia”, recalcó Escobar. A modo de conclusión, José Carlos Vera recomendó al Ministerio de Educación ajustar el marco normativo y los protocolos sanitarios exigidos a las escuelas, para adaptarlos a las realidades y necesidades de cada contexto en el país. “Queda claro que el rol de las autoridades locales, comunales y las UGEL es indispensable en este proceso de retorno, así como contar con los lineamientos y respaldo del Ministerio de Educación y del Ejecutivo. El rol de las familias es también clave, generando confianza e información. Con su apoyo podremos retornar a las aulas de manera segura”, finalizó Vera.
Estas medidas coinciden con las recomendaciones que IPAE Asociación Empresarial ha elaborado para un retorno seguro a la presencialidad: (I) Reforzar la comunicación para reconstruir confianza en toda la comunidad educativa; (II) Evaluar a los estudiantes para determinar su nivel de aprendizaje y elaborar un plan de estrategias personalizadas; (III) Implementar modelos híbridos de virtualidad y presencialidad que aprovechen lo mejor de cada uno; (IV) Promover la autonomía y el autoaprendizaje; (V) Acompañar y motivar a los docentes; (VI) Perfeccionar la normativa y la gestión del sector educativo; (VII) Promover una campaña nacional masiva para recuperar a los estudiantes que abandonaron la escuela; y (VIII) Reconocer que nos encontramos ante una oportunidad de transformación y cierre de brechas en la educación peruana.
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Pamela
Mi compañera de carpeta en la clase del instituto es Pamela, una joven natural de Ica con muchas ganas de convertirse en comunicadora. Nuestra lección en el octavo piso del instituto culmina, y nos dirigimos hacia el ascensor. Nos acompañan nuestros demás compañeros del grupo de amigos que tenemos. Somos cinco en total y todos vamos rumbo al primer nivel. Son un poco más de las nueve de la noche, y pareciera que ninguno de nosotros tenemos apremio en regresar a casa porque en lugar de dirigirnos hacia la salida vamos rumbo a la cafetería. Nos miramos, sacamos nuestros celulares y no pronunciamos ninguna palabra. Pamela y yo tenemos un pendiente: un diálogo que hace más de una semana nos debemos. Ella y yo nos dirigimos hacia la última banca frente al establecimiento de comida que el instituto tiene, e inmediatamente el resto del grupo nos siguen. Guardo en mi bolsillo izquierdo mi móvil y le sonrío a Pamela. Los demás, probablemente, se acaban de dar cuenta que necesito privacidad con Pamela y se despiden instantáneamente. Mientras se esfuman por el largo pasadizo que los conduce a la puerta principal, ella me pregunta qué deseo decirle. Empezamos la entrevista.
Me advierte que evite las preguntas incómodas. No le hago caso. Empezamos una amena conversación hablando de cómo ingresó al mundo del modelaje. Me dice que llegó gracias a una amiga que conoció en la escuela de Marina Mora. Anteriormente, Pamela también ha bailado ballet profesional, danza inculcada por su padre. Sus ojos le brillan y supongo que es porque quiere hablar de su carrera como modelo. No me equivoco. Con un exacerbado entusiasmo me cuenta de sus participaciones en diversos eventos, tales como en canales de televisión nacional y en provincias. Sin embargo, la experiencia que jamás olvidará sucedió hace un año, y fue cuando logró consagrarse como «Miss Teen Turismo 2014». Por otro lado, me confiesa que el trajín es un inconveniente latente en quienes ejercen esta profesión. En sus épocas de modelo tenía horarios inflexibles que incluso lograron que baje su rendimiento académico. No obstante, la satisfacción de recibir una remuneración por su trabajo aparentemente sencillo era su mejor recompensa. No hay duda que como anfitriona o modelo ganaba muy bien.
La anorexia y bulimia se hacen presentes casi siempre en esta carrera me dice con suma tranquilidad. El escudo que utilizan cuando dejan de comer es la falta de tiempo o el querer bajar de peso. Y a pesar de que se les reitere que demasiado delgadas están, ellas no lo creen. Pamela, de esto no ha sido ajena, pues me comenta que hubo meses en los que no ingería sus alimentos necesarios. Esto se debía a dos factores: horarios y decisión propia. Acto seguido me confiesa que la verdadera razón para que se limitara en sus comidas se debía a las «reglas» impuestas sobre su peso, estatura y contextura dentro del entorno artístico. Llegó a pesar cincuenta y siete kilos, un peso idóneo para cualquier señorita que ostenta un metro setenta y dos de altura; mas eso no le duraría mucho tiempo. Hoy con algunos kilos de más dice aún no acostumbrarse a su cuerpo pues por un buen tiempo se vio demasiado delgada. Al mismo tiempo asegura sentirse calmada al contar con un peso regular. Su relación con Marina es de lo mejor. En los cinco años que se conocen la ha apoyado y brindado múltiples oportunidades. Un claro ejemplo se dio cuando terminó sus estudios de modelaje, y la reconocida modelo llamó a Pamela para que dictara clases en su academia. Su año de aprendizaje fue fructífero, al final.
Actualmente tiene novio. No es su enamorado, por si acaso. Acá es imprescindible que ponga énfasis en el término debido a una razón estrictamente ligada a discernir entre un concepto y otro. Para ella, el noviazgo implica compromiso, algo que ambos poseen. Jorge, su novio y mejor amigo, estudia fotografía en otro instituto. Le lleva casi diez años y es prácticamente vecino suyo. Ambos se conocieron en Ica cuando estudiaban comunicaciones en la universidad que posteriormente dejarían para venir a Lima en tiempos diferentes. Piensan viajar, pero sus prioridades son finalizar sus carreras. Los siete meses de relación que llevan la ilusionan a aspirar a su independización. Es evidente que Pamela está enamorada.
Tengo la sensación de que los minutos han transcurrido más lento de lo habitual. No han pasado ni treinta desde que dimos inicio a nuestra conversación, pero siento que llevamos horas. Es raro, pero real. Damos por terminada nuestra entrevista con un beso en la mejilla. Ella se queda aún en el instituto. Se queda esperando a su novio, quien estudia a dos cuadras y en aproximadamente quince minutos más saldrá de clase. Yo no puedo quedarme con ella, así que me marcho. Saco mis auriculares y me pierdo entre las calles miraflorinas escuchando el último hit de Sia. «Chandelier» me hace soñar despierto.
Arte y Cultura
Amor en el primer set
De lo que ocurrió en la fiesta recuerdo poco, casi nada. Estuve consciente hasta las tres de la mañana y luego, borré cassette. Había tomado casi cinco chilcanos sin pausa. Definitivamente, si no perdí el conocimiento antes fue por suerte, nada más que eso. La celebración lo ameritaba. El lanzamiento de Volver merecía disfrutarse. El set de la primera DJ estaba por terminar y yo, la verdad, había dejado de prestarle atención. Ese día era, por coincidencia, el cumpleaños de una persona muy especial para mí, y un par de días antes, le había prometido celebrarle en medio de la fiesta que con algunos amigos estaba organizando. Eso me tenía estresado. Luego pensé que no debí haberlo incluido en la fiesta, pero no podía desinvitarlo. Además, en unas horas volaba a Berlín y ni siquiera tenía mi maleta lista. Me serví otro chilcano para dejar de pensar que las cosas podrían no salir como las tenía planificadas.
Terminó el primer set y el siguiente DJ era un amigo a quien conocía recién. En ese momento, él tenía el deber de encender un poco más el ambiente. Él estaba empezando a tocar al mismo tiempo que mi teléfono empezaba a vibrar. Una nueva asistente había llegado. Estaba en la puerta principal de mi edificio. Me acababa de enviar un mensaje de whatsapp. Lo dejé tocando un poco de electrónica mientras me apuraba en pedir el ascensor. La recién llegada asistente era una persona completamente nueva para mí. Se había enterado de la fiesta por el póster que elaboré y donde redacté mi dirección en Lince detalladamente. Ella no era de Lima ni radicaba en la capital, pero por esos días estaba aquí. Nos saludamos en la entrada, le di la bienvenida y me presentó a su amigo, quien lo acompañaba esa noche.
Subimos, ingresamos al departamento y les invité dos vasos de chilcanos. Ella era alta, había venido con un pantalón ajustado y un bolso bastante pequeño y sobrio. Ella bailaba al ritmo de la música que mi amigo tocaba. Parecía ser la única que realmente estaba disfrutando de sus canciones. Los demás estaban entretenidos en sus conversaciones y ni siquiera le estaban prestando atención a la música. Ella lo miraba con admiración y luego empezaba a grabar algunos videos para inmortalizar el momento. Él no perdía la concentración y continuaba con su playlist como si su performance fuera a tener calificación o se tratara de una evaluación.
El reloj bordeó las dos de la mañana y varios de los asistentes comenzaron a retirarse. Empezaron los abrazos, los cruces de mano y los besos. Algunos se me acercaban para agradecerme por haberlos invitado y otros solo me hacían señas para que les abra la puerta y les facilite su salida. Mientras todo ello ocurría, él seguía concentrado en la consola y ella compartía risas cómplices con su amigo. Les ofrecí un trago más a cada uno, me aceptaron, pero me comentaron que luego de ello tenían que retirarse. No recuerdo bien si regresaban a casa o se iban a otra fiesta.
Terminaron sus chilcanos y se acercaron a la puerta. Entendí que esa era la señal para que vaya a despedirlos. Saqué rápidamente mi juego de llaves, dejé mi vaso con agua en la mesa y los acompañé al primer piso. Mi departamento estaba en un piso diez, así que en el transcurso del viaje en el ascensor seguro conversamos algo que en este momento ya he olvidado por completo. Les abrí la puerta principal y se quedaron afuera pese a mi insistencia de que los podía esperar hasta que llegara su movilidad.
Luego de unos meses, cuando ya había viajado y estaba con mi amigo en el teléfono, me confesó que se había enamorado de la chica de aquella vez. Tal vez el verbo preciso no fue enamorar, tal vez fue solo un gusto. Pero él había sentido una atracción que era imposible de ocultar. Le pregunté si la conocía. Me lo negó. Me preguntó cómo llegó ese día a la fiesta. Le dije que me escribió por interno. Ella no fue la única que lo hizo, además. Mis datos estaban explícitamente redactados en el flyer que hice para la fiesta. Él me admitió que le habría gustado intercambiar alguna conversación con ella esa noche en la fiesta. Le dije que era mejor si le escribía a su cuenta de Instagram. «Ya lo hice», me respondió fríamente. Ojalá la vida los vuelva a juntar, aunque sea para que tengan esa conversación que la fiesta les impidió concretar.
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