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Jóvenes talentos de los Colegios de Alto Rendimiento fueron premiados con becas de estudio gracias a concurso CO-CREA de UPAL

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Jóvenes talentos de los Colegios de Alto Rendimiento fueron premiados con becas de estudio gracias a concurso CO-CREA de UPAL


Con el firme compromiso de apoyar a los jóvenes talentos de nuestro país para destacar sus habilidades y competencias, así como de empoderarlos para que sean los profesionales del futuro, la Universidad Privada Peruano Alemana – UPAL, a través del concurso CO-CREA de UPAL, dirigido exclusivamente para los estudiantes de 5to de secundaria, premió, por segundo año consecutivo, el esfuerzo, talento y creatividad de los estudiantes de los Colegios de Alto Rendimiento – COAR de Lambayeque, Junín, Ica, Lima y Cusco, con becas de estudio y beneficios educativos.

El concurso CO-CREA de UPAL se desarrolló en dos categorías: Becas Jóvenes Emprendedores, cuyo objetivo es fomentar y apoyar los emprendimientos de los estudiantes con talentos y habilidades para los negocios y la tecnología; y Becas Chicas Tech que busca lograr la participación, interés y desarrollo de más mujeres en la ciencia y tecnología, además se espera promover la inserción profesional femenina en las áreas de ingeniería de software y sistemas.

Los jóvenes ganadores, quienes recibieron becas integrales, media beca y un cuarto de beca, así como beneficios educativos universitarios, podrán elegir estudiar las carreras en la Facultad de Administración y Negocios y la Facultad de Ciencias e Ingeniería que ofrece UPAL.

Ana María Soldevilla, Directora General de la Universidad Privada Peruano Alemana (UPAL), comentó que a través de este concurso se busca atraer, despertar e incentivar a todos los jóvenes del país a pensar de manera colectiva para la búsqueda de nuevas soluciones que aporten a su entorno y ayuden a resolver los problemas de su comunidad.

“El solo hecho de participar ya genera una curva de aprendizaje que motiva a los jóvenes estudiantes a pensar fuera de su área de confort y les estimula a seguir aportando a nuestra sociedad. En UPAL esperamos poder ayudarlos a llevar sus iniciativas a la realidad y, sobre todo, en el tiempo que estudien con nosotros puedan trabajar sus proyectos junto a sus mentores”, dijo Soldevilla.

Además, la Directora General de la Universidad Privada Peruano Alemana (UPAL) resaltó el arduo trabajo que realizaron los jueces Aldo Bertello (Empresario e inversionista), Miguel Zicia (CEO & Fundador de ZICCOSOR) y Luis Barragán (CEO & Fundador de Big Data SAC) para escoger a los proyectos ganadores, ya que todos los trabajos presentados fueron muy interesantes y la selección tomó un tiempo mayor al esperado.


EMPODERAMIENTO FEMENINO

En la categoría Becas Chicas Tech, el tercer puesto lo obtuvo el proyecto Action Girls del COAR Lambayeque con el cual desarrollaron un sistema capaz de generar energía eléctrica con la combustión de hojarasca y beneficiar a su comunidad. El equipo fue conformado por Cecilia Llontop, Milenka Romero y Valeria Cruzado, ellas ganaron un cuarto de beca.

El segundo puesto fue para el proyecto EducaWarmi del COAR Ica que ganó la media beca con la creación de una App que tiene como propósito prevenir la violencia en el ámbito digital de los jóvenes. Con esta iniciativa se busca disminuir la violencia digital fomentando el autocuidado en las redes sociales y la huella digital que se genera en los principales buscadores de información. El equipo estuvo conformado por Luisell Valencia, Hibar Rocha y Xiomara Casia.

Y el primer puesto lo obtuvo el proyecto Hablemos con las Manos del COAR Lima, quienes desarrollaron una App que facilita la enseñanza de lenguaje de señas peruano, usando prácticas didácticas para estimular al usuario a no rendirse. El equipo estuvo integrado por María Jamanca, Maydelith Zúñiga y Estrella Torres, ellas se hicieron acreedoras a la beca integral.

Es importante destacar que la categoría Becas Chicas Tech busca que cada vez más mujeres se interesen en la ciencia y la tecnología, rubros en el que actualmente es mayor la participación de hombres.

JÓVENES TALENTOS

De otro lado, en la categoría Becas Jóvenes Emprendedores, los ganadores del tercer puesto lo consiguió el proyecto Strong Plant del COAR Junín, quienes obtuvieron un cuarto de beca con el proyecto de desarrollo de fertilizantes de fácil accesibilidad para el agricultor, ya que protege y potencia el cultivo del cacao. Este producto ofrece resistencia ante el cambio climático y las plagas, igualmente permite una mejor absorción de los nutrientes. El equipo fue conformado por Sahori Cabello, Alexander Apolinario y Rhomina Sosa.

El segundo puesto lo obtuvo el proyecto Rappicook, del COAR Cusco, logrando la media beca, con un proyecto que busca la innovación en la industria culinaria, ofreciendo al público la posibilidad de hacer un postre de manera fácil, rápida y saludable. El equipo fue conformado por Caren Ximin, Kevin Palomino y Ángela Olivera.

Finalmente, el primer puesto fueron los representantes del COAR Lambayeque, quienes lograron obtener la beca completa con el proyecto Aquapluss que ayudará a los agricultores a encontrar agua potable para sus cultivos mediante un instrumento detector de agua subterránea. El equipo estuvo conformado por Máximo Sandoval, Antonia Álamo y Samuel Mayanga.

“Desde UPAL reconocemos la importancia del desarrollo de la sociedad a través de la educación, por ello, motivamos a que más jóvenes peruanos puedan atreverse a ir más allá de sus límites, para lograr descubrir nuevas habilidades y potenciar sus conocimientos, con el objetivo de empoderarlos y obtengan las herramientas necesarias para competir en sus ámbitos profesionales”, finalizó la Directora General de la Universidad Privada Peruano Alemana (UPAL).



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Pamela

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Pamela

Mi compañera de carpeta en la clase del instituto es Pamela, una joven natural de Ica con muchas ganas de convertirse en comunicadora. Nuestra lección en el octavo piso del instituto culmina, y nos dirigimos hacia el ascensor. Nos acompañan nuestros demás compañeros del grupo de amigos que tenemos. Somos cinco en total y todos vamos rumbo al primer nivel. Son un poco más de las nueve de la noche, y pareciera que ninguno de nosotros tenemos apremio en regresar a casa porque en lugar de dirigirnos hacia la salida vamos rumbo a la cafetería. Nos miramos, sacamos nuestros celulares y no pronunciamos ninguna palabra. Pamela y yo tenemos un pendiente: un diálogo que hace más de una semana nos debemos. Ella y yo nos dirigimos hacia la última banca frente al establecimiento de comida que el instituto tiene, e inmediatamente el resto del grupo nos siguen. Guardo en mi bolsillo izquierdo mi móvil y le sonrío a Pamela. Los demás, probablemente, se acaban de dar cuenta que necesito privacidad con Pamela y se despiden instantáneamente. Mientras se esfuman por el largo pasadizo que los conduce a la puerta principal, ella me pregunta qué deseo decirle. Empezamos la entrevista.

Me advierte que evite las preguntas incómodas. No le hago caso. Empezamos una amena conversación hablando de cómo ingresó al mundo del modelaje. Me dice que llegó gracias a una amiga que conoció en la escuela de Marina Mora. Anteriormente, Pamela también ha bailado ballet profesional, danza inculcada por su padre. Sus ojos le brillan y supongo que es porque quiere hablar de su carrera como modelo. No me equivoco. Con un exacerbado entusiasmo me cuenta de sus participaciones en diversos eventos, tales como en canales de televisión nacional y en provincias. Sin embargo, la experiencia que jamás olvidará sucedió hace un año, y fue cuando logró consagrarse como «Miss Teen Turismo 2014». Por otro lado, me confiesa que el trajín es un inconveniente latente en quienes ejercen esta profesión. En sus épocas de modelo tenía horarios inflexibles que incluso lograron que baje su rendimiento académico. No obstante, la satisfacción de recibir una remuneración por su trabajo aparentemente sencillo era su mejor recompensa. No hay duda que como anfitriona o modelo ganaba muy bien.

La anorexia y bulimia se hacen presentes casi siempre en esta carrera me dice con suma tranquilidad. El escudo que utilizan cuando dejan de comer es la falta de tiempo o el querer bajar de peso. Y a pesar de que se les reitere que demasiado delgadas están, ellas no lo creen. Pamela, de esto no ha sido ajena, pues me comenta que hubo meses en los que no ingería sus alimentos necesarios. Esto se debía a dos factores: horarios y decisión propia. Acto seguido me confiesa que la verdadera razón para que se limitara en sus comidas se debía a las «reglas» impuestas sobre su peso, estatura y contextura dentro del entorno artístico. Llegó a pesar cincuenta y siete kilos, un peso idóneo para cualquier señorita que ostenta un metro setenta y dos de altura; mas eso no le duraría mucho tiempo. Hoy con algunos kilos de más dice aún no acostumbrarse a su cuerpo pues por un buen tiempo se vio demasiado delgada. Al mismo tiempo asegura sentirse calmada al contar con un peso regular. Su relación con Marina es de lo mejor. En los cinco años que se conocen la ha apoyado y brindado múltiples oportunidades. Un claro ejemplo se dio cuando terminó sus estudios de modelaje, y la reconocida modelo llamó a Pamela para que dictara clases en su academia. Su año de aprendizaje fue fructífero, al final.

Actualmente tiene novio. No es su enamorado, por si acaso. Acá es imprescindible que ponga énfasis en el término debido a una razón estrictamente ligada a discernir entre un concepto y otro. Para ella, el noviazgo implica compromiso, algo que ambos poseen. Jorge, su novio y mejor amigo, estudia fotografía en otro instituto. Le lleva casi diez años y es prácticamente vecino suyo. Ambos se conocieron en Ica cuando estudiaban comunicaciones en la universidad que posteriormente dejarían para venir a Lima en tiempos diferentes. Piensan viajar, pero sus prioridades son finalizar sus carreras. Los siete meses de relación que llevan la ilusionan a aspirar a su independización. Es evidente que Pamela está enamorada.

Tengo la sensación de que los minutos han transcurrido más lento de lo habitual. No han pasado ni treinta desde que dimos inicio a nuestra conversación, pero siento que llevamos horas. Es raro, pero real. Damos por terminada nuestra entrevista con un beso en la mejilla. Ella se queda aún en el instituto. Se queda esperando a su novio, quien estudia a dos cuadras y en aproximadamente quince minutos más saldrá de clase. Yo no puedo quedarme con ella, así que me marcho. Saco mis auriculares y me pierdo entre las calles miraflorinas escuchando el último hit de Sia. «Chandelier» me hace soñar despierto.

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Amor en el primer set

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Amor en el primer set

De lo que ocurrió en la fiesta recuerdo poco, casi nada. Estuve consciente hasta las tres de la mañana y luego, borré cassette. Había tomado casi cinco chilcanos sin pausa. Definitivamente, si no perdí el conocimiento antes fue por suerte, nada más que eso. La celebración lo ameritaba. El lanzamiento de Volver merecía disfrutarse. El set de la primera DJ estaba por terminar y yo, la verdad, había dejado de prestarle atención. Ese día era, por coincidencia, el cumpleaños de una persona muy especial para mí, y un par de días antes, le había prometido celebrarle en medio de la fiesta que con algunos amigos estaba organizando. Eso me tenía estresado. Luego pensé que no debí haberlo incluido en la fiesta, pero no podía desinvitarlo. Además, en unas horas volaba a Berlín y ni siquiera tenía mi maleta lista. Me serví otro chilcano para dejar de pensar que las cosas podrían no salir como las tenía planificadas.

Terminó el primer set y el siguiente DJ era un amigo a quien conocía recién. En ese momento, él tenía el deber de encender un poco más el ambiente. Él estaba empezando a tocar al mismo tiempo que mi teléfono empezaba a vibrar. Una nueva asistente había llegado. Estaba en la puerta principal de mi edificio. Me acababa de enviar un mensaje de whatsapp. Lo dejé tocando un poco de electrónica mientras me apuraba en pedir el ascensor. La recién llegada asistente era una persona completamente nueva para mí. Se había enterado de la fiesta por el póster que elaboré y donde redacté mi dirección en Lince detalladamente. Ella no era de Lima ni radicaba en la capital, pero por esos días estaba aquí. Nos saludamos en la entrada, le di la bienvenida y me presentó a su amigo, quien lo acompañaba esa noche.

Subimos, ingresamos al departamento y les invité dos vasos de chilcanos. Ella era alta, había venido con un pantalón ajustado y un bolso bastante pequeño y sobrio. Ella bailaba al ritmo de la música que mi amigo tocaba. Parecía ser la única que realmente estaba disfrutando de sus canciones. Los demás estaban entretenidos en sus conversaciones y ni siquiera le estaban prestando atención a la música. Ella lo miraba con admiración y luego empezaba a grabar algunos videos para inmortalizar el momento. Él no perdía la concentración y continuaba con su playlist como si su performance fuera a tener calificación o se tratara de una evaluación.

El reloj bordeó las dos de la mañana y varios de los asistentes comenzaron a retirarse. Empezaron los abrazos, los cruces de mano y los besos. Algunos se me acercaban para agradecerme por haberlos invitado y otros solo me hacían señas para que les abra la puerta y les facilite su salida. Mientras todo ello ocurría, él seguía concentrado en la consola y ella compartía risas cómplices con su amigo. Les ofrecí un trago más a cada uno, me aceptaron, pero me comentaron que luego de ello tenían que retirarse. No recuerdo bien si regresaban a casa o se iban a otra fiesta.

Terminaron sus chilcanos y se acercaron a la puerta. Entendí que esa era la señal para que vaya a despedirlos. Saqué rápidamente mi juego de llaves, dejé mi vaso con agua en la mesa y los acompañé al primer piso. Mi departamento estaba en un piso diez, así que en el transcurso del viaje en el ascensor seguro conversamos algo que en este momento ya he olvidado por completo. Les abrí la puerta principal y se quedaron afuera pese a mi insistencia de que los podía esperar hasta que llegara su movilidad.

Luego de unos meses, cuando ya había viajado y estaba con mi amigo en el teléfono, me confesó que se había enamorado de la chica de aquella vez. Tal vez el verbo preciso no fue enamorar, tal vez fue solo un gusto. Pero él había sentido una atracción que era imposible de ocultar. Le pregunté si la conocía. Me lo negó. Me preguntó cómo llegó ese día a la fiesta. Le dije que me escribió por interno. Ella no fue la única que lo hizo, además. Mis datos estaban explícitamente redactados en el flyer que hice para la fiesta. Él me admitió que le habría gustado intercambiar alguna conversación con ella esa noche en la fiesta. Le dije que era mejor si le escribía a su cuenta de Instagram. «Ya lo hice», me respondió fríamente. Ojalá la vida los vuelva a juntar, aunque sea para que tengan esa conversación que la fiesta les impidió concretar.

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