Arte y Cultura
Más de 1,700 estudiantes postulan a las Becas Quiero de VIU
VIU – Universidad Internacional de Valencia acaba de cerrar el plazo para presentar solicitudes a las Becas Quiero, un programa internacional de 60 becas (50 para maestría y 10 para carreras online), a las que han accedido estudiantes en España, Ecuador, Colombia, Chile y Perú, países donde la universidad cuenta con gran volumen de estudiantes.
En su segunda edición, más de 1,700 estudiantes han presentado su candidatura con el fin de obtener una de estas becas. Entre ellos 145 residen en Perú, 800 en Colombia, 363 en Ecuador, 81 en Chile y 314 estudiantes residen en España (232 de maestrías y 82 de carreras).
Las Becas Quiero cubren el 100% de la docencia y dan, a los ganadores de las becas, la oportunidad de empezar, en octubre próximo, un programa de la Universidad Internacional de Valencia. Además, los estudiantes que sean elegidos como beneficiarios de las Becas Quiero entrarán a formar parte de una comunidad de más de 15,000 estudiantes de 73 nacionalidades distintas en 81 países, ya que VIU es una de las principales Universidades Online del mundo hispanohablante.
Los ganadores se darán a conocer el 15 de septiembre a través de la página web de las “Becas Quiero” y en las redes sociales de la Universidad. Además, los ganadores serán notificados vía email.
Las Becas Quiero nacen de la voluntad de la Universidad Internacional de Valencia de premiar e incentivar el esfuerzo, el talento, y la excelencia académica y, por ello, aunque los criterios para la elección de los ganadores son principalmente académicos, también se ha valorado de forma notable la trayectoria y currículo de los candidatos, además de su motivación y voluntad por progresar. Con esto, VIU busca lanzar un mensaje de optimismo y esperanza, realzando el papel transformador que tiene la educación, y su papel como agente de progreso y mejora social.
Las cifras de la II Edición del Programa de Becas Quiero
En total, VIU – Universidad Internacional de Valencia otorgará 60 becas, que se reparten de la siguiente manera: 10 becas para maestría para estudiantes en Perú; 10 becas para maestría para estudiantes en Colombia; 10 becas para maestría para estudiantes en Ecuador; 10 becas para maestría para estudiantes en Chile; y 20 becas para estudiantes en España (10 maestrías y 10 carreras);.
En esta edición, los programas más demandados por los estudiantes han sido los del área el Área de Ciencias de la Salud con un total de 434 solicitudes, seguido del Área de Empresa con 415. Tras ellas, el Área de Ciencia y Tecnología con 273 candidaturas presentadas, el Área de Educación con 217, el Área de Jurídico con 154, el Área de Artes y Humanidades con 121 instancias y el Área de Comunicación con 82.
El impacto formativo y social del Programa de Becas Quiero
En la pasada edición de las Becas Quiero ofrecidas por VIU – Universidad Internacional de Valencia, 50 estudiantes internacionales fueron los elegidos para cursar los programas que, en algunos casos, les han cambiado la vida.
Detrás de estos 50 estudiantes se esconden historias de sueños cumplidos y de metas por conseguir, que empezaron con esta oportunidad de formación. Historias en Perú como la de Lorena Rocío Retjman Flores, que psicóloga de profesión, optó por la Maestría Oficial en Terapias Psicológicas de Tercera Generación porque “en esta coyuntura del COVID-19, deseaba contribuir en los tópicos de salud mental para favorecer el bienestar de las personas”. Para ella, “ganar la Beca Quiero generó un gran impacto, otorgándome una mirada internacional para el abordaje de las problemáticas y una visión distinta de la psicología desde las terapias contextuales”. De su experiencia en VIU “está siendo muy positiva y enriquecedora, tanto por la destacada plana docente, su metodología virtual que facilita la experiencia de aprendizaje, las conferencias de expertos, las clases vivenciales y la interacción con colegas de todas partes del mundo. Me encuentro aplicando los conocimientos de las asignaturas como Counselling, Psicología Positiva, Aceptación y Compromiso, entre otros, en mi práctica clínica”.
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Pamela
Mi compañera de carpeta en la clase del instituto es Pamela, una joven natural de Ica con muchas ganas de convertirse en comunicadora. Nuestra lección en el octavo piso del instituto culmina, y nos dirigimos hacia el ascensor. Nos acompañan nuestros demás compañeros del grupo de amigos que tenemos. Somos cinco en total y todos vamos rumbo al primer nivel. Son un poco más de las nueve de la noche, y pareciera que ninguno de nosotros tenemos apremio en regresar a casa porque en lugar de dirigirnos hacia la salida vamos rumbo a la cafetería. Nos miramos, sacamos nuestros celulares y no pronunciamos ninguna palabra. Pamela y yo tenemos un pendiente: un diálogo que hace más de una semana nos debemos. Ella y yo nos dirigimos hacia la última banca frente al establecimiento de comida que el instituto tiene, e inmediatamente el resto del grupo nos siguen. Guardo en mi bolsillo izquierdo mi móvil y le sonrío a Pamela. Los demás, probablemente, se acaban de dar cuenta que necesito privacidad con Pamela y se despiden instantáneamente. Mientras se esfuman por el largo pasadizo que los conduce a la puerta principal, ella me pregunta qué deseo decirle. Empezamos la entrevista.
Me advierte que evite las preguntas incómodas. No le hago caso. Empezamos una amena conversación hablando de cómo ingresó al mundo del modelaje. Me dice que llegó gracias a una amiga que conoció en la escuela de Marina Mora. Anteriormente, Pamela también ha bailado ballet profesional, danza inculcada por su padre. Sus ojos le brillan y supongo que es porque quiere hablar de su carrera como modelo. No me equivoco. Con un exacerbado entusiasmo me cuenta de sus participaciones en diversos eventos, tales como en canales de televisión nacional y en provincias. Sin embargo, la experiencia que jamás olvidará sucedió hace un año, y fue cuando logró consagrarse como «Miss Teen Turismo 2014». Por otro lado, me confiesa que el trajín es un inconveniente latente en quienes ejercen esta profesión. En sus épocas de modelo tenía horarios inflexibles que incluso lograron que baje su rendimiento académico. No obstante, la satisfacción de recibir una remuneración por su trabajo aparentemente sencillo era su mejor recompensa. No hay duda que como anfitriona o modelo ganaba muy bien.
La anorexia y bulimia se hacen presentes casi siempre en esta carrera me dice con suma tranquilidad. El escudo que utilizan cuando dejan de comer es la falta de tiempo o el querer bajar de peso. Y a pesar de que se les reitere que demasiado delgadas están, ellas no lo creen. Pamela, de esto no ha sido ajena, pues me comenta que hubo meses en los que no ingería sus alimentos necesarios. Esto se debía a dos factores: horarios y decisión propia. Acto seguido me confiesa que la verdadera razón para que se limitara en sus comidas se debía a las «reglas» impuestas sobre su peso, estatura y contextura dentro del entorno artístico. Llegó a pesar cincuenta y siete kilos, un peso idóneo para cualquier señorita que ostenta un metro setenta y dos de altura; mas eso no le duraría mucho tiempo. Hoy con algunos kilos de más dice aún no acostumbrarse a su cuerpo pues por un buen tiempo se vio demasiado delgada. Al mismo tiempo asegura sentirse calmada al contar con un peso regular. Su relación con Marina es de lo mejor. En los cinco años que se conocen la ha apoyado y brindado múltiples oportunidades. Un claro ejemplo se dio cuando terminó sus estudios de modelaje, y la reconocida modelo llamó a Pamela para que dictara clases en su academia. Su año de aprendizaje fue fructífero, al final.
Actualmente tiene novio. No es su enamorado, por si acaso. Acá es imprescindible que ponga énfasis en el término debido a una razón estrictamente ligada a discernir entre un concepto y otro. Para ella, el noviazgo implica compromiso, algo que ambos poseen. Jorge, su novio y mejor amigo, estudia fotografía en otro instituto. Le lleva casi diez años y es prácticamente vecino suyo. Ambos se conocieron en Ica cuando estudiaban comunicaciones en la universidad que posteriormente dejarían para venir a Lima en tiempos diferentes. Piensan viajar, pero sus prioridades son finalizar sus carreras. Los siete meses de relación que llevan la ilusionan a aspirar a su independización. Es evidente que Pamela está enamorada.
Tengo la sensación de que los minutos han transcurrido más lento de lo habitual. No han pasado ni treinta desde que dimos inicio a nuestra conversación, pero siento que llevamos horas. Es raro, pero real. Damos por terminada nuestra entrevista con un beso en la mejilla. Ella se queda aún en el instituto. Se queda esperando a su novio, quien estudia a dos cuadras y en aproximadamente quince minutos más saldrá de clase. Yo no puedo quedarme con ella, así que me marcho. Saco mis auriculares y me pierdo entre las calles miraflorinas escuchando el último hit de Sia. «Chandelier» me hace soñar despierto.
Arte y Cultura
Amor en el primer set
De lo que ocurrió en la fiesta recuerdo poco, casi nada. Estuve consciente hasta las tres de la mañana y luego, borré cassette. Había tomado casi cinco chilcanos sin pausa. Definitivamente, si no perdí el conocimiento antes fue por suerte, nada más que eso. La celebración lo ameritaba. El lanzamiento de Volver merecía disfrutarse. El set de la primera DJ estaba por terminar y yo, la verdad, había dejado de prestarle atención. Ese día era, por coincidencia, el cumpleaños de una persona muy especial para mí, y un par de días antes, le había prometido celebrarle en medio de la fiesta que con algunos amigos estaba organizando. Eso me tenía estresado. Luego pensé que no debí haberlo incluido en la fiesta, pero no podía desinvitarlo. Además, en unas horas volaba a Berlín y ni siquiera tenía mi maleta lista. Me serví otro chilcano para dejar de pensar que las cosas podrían no salir como las tenía planificadas.
Terminó el primer set y el siguiente DJ era un amigo a quien conocía recién. En ese momento, él tenía el deber de encender un poco más el ambiente. Él estaba empezando a tocar al mismo tiempo que mi teléfono empezaba a vibrar. Una nueva asistente había llegado. Estaba en la puerta principal de mi edificio. Me acababa de enviar un mensaje de whatsapp. Lo dejé tocando un poco de electrónica mientras me apuraba en pedir el ascensor. La recién llegada asistente era una persona completamente nueva para mí. Se había enterado de la fiesta por el póster que elaboré y donde redacté mi dirección en Lince detalladamente. Ella no era de Lima ni radicaba en la capital, pero por esos días estaba aquí. Nos saludamos en la entrada, le di la bienvenida y me presentó a su amigo, quien lo acompañaba esa noche.
Subimos, ingresamos al departamento y les invité dos vasos de chilcanos. Ella era alta, había venido con un pantalón ajustado y un bolso bastante pequeño y sobrio. Ella bailaba al ritmo de la música que mi amigo tocaba. Parecía ser la única que realmente estaba disfrutando de sus canciones. Los demás estaban entretenidos en sus conversaciones y ni siquiera le estaban prestando atención a la música. Ella lo miraba con admiración y luego empezaba a grabar algunos videos para inmortalizar el momento. Él no perdía la concentración y continuaba con su playlist como si su performance fuera a tener calificación o se tratara de una evaluación.
El reloj bordeó las dos de la mañana y varios de los asistentes comenzaron a retirarse. Empezaron los abrazos, los cruces de mano y los besos. Algunos se me acercaban para agradecerme por haberlos invitado y otros solo me hacían señas para que les abra la puerta y les facilite su salida. Mientras todo ello ocurría, él seguía concentrado en la consola y ella compartía risas cómplices con su amigo. Les ofrecí un trago más a cada uno, me aceptaron, pero me comentaron que luego de ello tenían que retirarse. No recuerdo bien si regresaban a casa o se iban a otra fiesta.
Terminaron sus chilcanos y se acercaron a la puerta. Entendí que esa era la señal para que vaya a despedirlos. Saqué rápidamente mi juego de llaves, dejé mi vaso con agua en la mesa y los acompañé al primer piso. Mi departamento estaba en un piso diez, así que en el transcurso del viaje en el ascensor seguro conversamos algo que en este momento ya he olvidado por completo. Les abrí la puerta principal y se quedaron afuera pese a mi insistencia de que los podía esperar hasta que llegara su movilidad.
Luego de unos meses, cuando ya había viajado y estaba con mi amigo en el teléfono, me confesó que se había enamorado de la chica de aquella vez. Tal vez el verbo preciso no fue enamorar, tal vez fue solo un gusto. Pero él había sentido una atracción que era imposible de ocultar. Le pregunté si la conocía. Me lo negó. Me preguntó cómo llegó ese día a la fiesta. Le dije que me escribió por interno. Ella no fue la única que lo hizo, además. Mis datos estaban explícitamente redactados en el flyer que hice para la fiesta. Él me admitió que le habría gustado intercambiar alguna conversación con ella esa noche en la fiesta. Le dije que era mejor si le escribía a su cuenta de Instagram. «Ya lo hice», me respondió fríamente. Ojalá la vida los vuelva a juntar, aunque sea para que tengan esa conversación que la fiesta les impidió concretar.
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