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Ministerio de Cultura: Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú resguarda los símbolos patrios más antiguos del país

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Ministerio de Cultura: Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú resguarda los símbolos patrios más antiguos del país


Se trata del primer estandarte y el primer escudo diseñados por José de San Martín y el segundo escudo del Congreso de la República, y la Partitura original autógrafa del Himno Nacional.

El Ministerio de Cultura, a través del Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, resguarda los símbolos patrios más antiguos del Perú, así como más de 400 mil piezas de nuestro legado prehispánico, colonial y republicano.

Se trata del primer estandarte y el primer escudo nacional diseñadas por don José de San Martín; así como el segundo escudo del Congreso de la República y la partitura original manuscrita del Himno Nacional de Claudio Rebagliati y revisada enteramente por José Bernardo Alcedo en 1869.

El primer estandarte del Perú fue utilizado por don José de San Martín para la declaración de la independencia en Piura el 4 de junio de 1821. Es una de las banderas más antiguas que existen y es parte de la colección textil del Museo. Tiene el diseño oficializado por José de San Martín el 21 de octubre de 1820.

El estandarte, elaborado en seda y con bordado en metal, está dividido por dos líneas diagonales blancas y dos rojas a los costados, tiene un sol radiante sobre una corona de laurel, a lo cual se añade la frase «Libertad y Unión». Tiene 11,30 metros de largo por 7,10 metros de ancho.

Este primer estandarte permaneció vigente hasta marzo de 1822 en el que durante el gobierno de José Bernardo de Tagle se cambió su diseño original por tres franjas horizontales: dos de color rojo a los extremos y una blanca en medio, con un sol rojo en el centro. Sin embargo, este duró solo unos meses y sufrió un nuevo cambio en mayo de ese mismo año que pasó de franjas horizontales a verticales.

La cuarta y última bandera fue creada por la ley del Congreso Constituyente del 25 de febrero de 1825. El diseño anterior de modo general se mantuvo y solo se modificó el escudo. En 1950, durante el gobierno de Manuel Odría, se estableció que el escudo, solo aparezca en el pabellón nacional en las ceremonias oficiales de institucionales estatales y ese modelo permanece vigente en la actualidad.

Otro de los valiosos objetos que resguarda el Museo ubicado en el distrito de Pueblo Libre, es la lámina del primer escudo Nacional impreso en color en 1888. El diseño de este símbolo patrio fue aprobado por decreto de José de San Martín el 21 de octubre de 1821. En él se incluyen la fauna y flora nativa, y la Cordillera de los Andes con un fondo de sol naciente llevando como lema: “Renació el Sol del Perú”.  Sin embargo, la complejidad para su confección llevó a su cambio en 1825 y su posterior modificación en 1950.

El segundo escudo se presenta conjuntamente con el oficio de Hipólito Unanue como ministro de Relaciones Exteriores a José Joaquín Olmedo, ministro plenipotenciario del Perú en Europa, informando sobre el cambio del diseño del escudo nacional. Este incluye un ejemplar único del grabado del escudo elaborado por Marcelo Cabello, grabador de la Casa de Moneda de Lima, con algunas modificaciones, y es el que se usa hasta la actualidad.

Otra de las valiosas joyas que protege el Museo es la Partitura autógrafa del Himno Nacional, registro musical manuscrito de la canción nacional realizada por Claudio Rebagliati y revisada enteramente por José Bernardo Alcedo en 1869. Firmada por ambos autores, el himno está compuesto por 12 folios de papel de partitura correspondiente al siglo XIX, escrita para orquesta y canto y lleva las enmendaduras propias del trabajo de corrección y sincronización musical. Además, se ha armonizado con la letra, dándole una introducción inicial original.

Sala Independencia y la Quinta de los Libertadores

El Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (MNAAHP), es el primer museo del país, uno de los más antiguos y representativos de nuestra nación. Dentro de sus instalaciones está la Sala Independencia que fue inaugurada en julio del 2021 como un espacio concebido para conocer el proceso independentista desde las gestas libertarias más tempranas, proclamación de la independencia y la victoria de Ayacucho en 1824. 

Compuesta por once áreas con textos en español, quechua e inglés, la Sala permite conocer los pasos que dio el país para alcanzar la libertad, las batallas que libraron, así como la primera Constitución y nuestros símbolos patrios. De esta manera, se puede ver cómo el Perú se convirtió en República. 

La Sala se encuentra dentro de La Quinta de los Libertadores, símbolo arquitectónico del bicentenario. Su historia se une a la de nuestro país cuando el penúltimo virrey en el Perú, Joaquín de la Pezuela, la adquiere en 1818 y la convierte en su residencia. Años después fue destituido y tanto José de San Martín y Simón Bolívar, en distintos momentos, eligieron a esta casona como su residencia. 

La Sala Independencia está abierta al público los lunes de 12:00 p.m. a 7:30 p.m. y de martes a domingo de 9:00 a.m. a 7:30 p.m. 



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Pamela

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Pamela

Mi compañera de carpeta en la clase del instituto es Pamela, una joven natural de Ica con muchas ganas de convertirse en comunicadora. Nuestra lección en el octavo piso del instituto culmina, y nos dirigimos hacia el ascensor. Nos acompañan nuestros demás compañeros del grupo de amigos que tenemos. Somos cinco en total y todos vamos rumbo al primer nivel. Son un poco más de las nueve de la noche, y pareciera que ninguno de nosotros tenemos apremio en regresar a casa porque en lugar de dirigirnos hacia la salida vamos rumbo a la cafetería. Nos miramos, sacamos nuestros celulares y no pronunciamos ninguna palabra. Pamela y yo tenemos un pendiente: un diálogo que hace más de una semana nos debemos. Ella y yo nos dirigimos hacia la última banca frente al establecimiento de comida que el instituto tiene, e inmediatamente el resto del grupo nos siguen. Guardo en mi bolsillo izquierdo mi móvil y le sonrío a Pamela. Los demás, probablemente, se acaban de dar cuenta que necesito privacidad con Pamela y se despiden instantáneamente. Mientras se esfuman por el largo pasadizo que los conduce a la puerta principal, ella me pregunta qué deseo decirle. Empezamos la entrevista.

Me advierte que evite las preguntas incómodas. No le hago caso. Empezamos una amena conversación hablando de cómo ingresó al mundo del modelaje. Me dice que llegó gracias a una amiga que conoció en la escuela de Marina Mora. Anteriormente, Pamela también ha bailado ballet profesional, danza inculcada por su padre. Sus ojos le brillan y supongo que es porque quiere hablar de su carrera como modelo. No me equivoco. Con un exacerbado entusiasmo me cuenta de sus participaciones en diversos eventos, tales como en canales de televisión nacional y en provincias. Sin embargo, la experiencia que jamás olvidará sucedió hace un año, y fue cuando logró consagrarse como «Miss Teen Turismo 2014». Por otro lado, me confiesa que el trajín es un inconveniente latente en quienes ejercen esta profesión. En sus épocas de modelo tenía horarios inflexibles que incluso lograron que baje su rendimiento académico. No obstante, la satisfacción de recibir una remuneración por su trabajo aparentemente sencillo era su mejor recompensa. No hay duda que como anfitriona o modelo ganaba muy bien.

La anorexia y bulimia se hacen presentes casi siempre en esta carrera me dice con suma tranquilidad. El escudo que utilizan cuando dejan de comer es la falta de tiempo o el querer bajar de peso. Y a pesar de que se les reitere que demasiado delgadas están, ellas no lo creen. Pamela, de esto no ha sido ajena, pues me comenta que hubo meses en los que no ingería sus alimentos necesarios. Esto se debía a dos factores: horarios y decisión propia. Acto seguido me confiesa que la verdadera razón para que se limitara en sus comidas se debía a las «reglas» impuestas sobre su peso, estatura y contextura dentro del entorno artístico. Llegó a pesar cincuenta y siete kilos, un peso idóneo para cualquier señorita que ostenta un metro setenta y dos de altura; mas eso no le duraría mucho tiempo. Hoy con algunos kilos de más dice aún no acostumbrarse a su cuerpo pues por un buen tiempo se vio demasiado delgada. Al mismo tiempo asegura sentirse calmada al contar con un peso regular. Su relación con Marina es de lo mejor. En los cinco años que se conocen la ha apoyado y brindado múltiples oportunidades. Un claro ejemplo se dio cuando terminó sus estudios de modelaje, y la reconocida modelo llamó a Pamela para que dictara clases en su academia. Su año de aprendizaje fue fructífero, al final.

Actualmente tiene novio. No es su enamorado, por si acaso. Acá es imprescindible que ponga énfasis en el término debido a una razón estrictamente ligada a discernir entre un concepto y otro. Para ella, el noviazgo implica compromiso, algo que ambos poseen. Jorge, su novio y mejor amigo, estudia fotografía en otro instituto. Le lleva casi diez años y es prácticamente vecino suyo. Ambos se conocieron en Ica cuando estudiaban comunicaciones en la universidad que posteriormente dejarían para venir a Lima en tiempos diferentes. Piensan viajar, pero sus prioridades son finalizar sus carreras. Los siete meses de relación que llevan la ilusionan a aspirar a su independización. Es evidente que Pamela está enamorada.

Tengo la sensación de que los minutos han transcurrido más lento de lo habitual. No han pasado ni treinta desde que dimos inicio a nuestra conversación, pero siento que llevamos horas. Es raro, pero real. Damos por terminada nuestra entrevista con un beso en la mejilla. Ella se queda aún en el instituto. Se queda esperando a su novio, quien estudia a dos cuadras y en aproximadamente quince minutos más saldrá de clase. Yo no puedo quedarme con ella, así que me marcho. Saco mis auriculares y me pierdo entre las calles miraflorinas escuchando el último hit de Sia. «Chandelier» me hace soñar despierto.

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Amor en el primer set

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Amor en el primer set

De lo que ocurrió en la fiesta recuerdo poco, casi nada. Estuve consciente hasta las tres de la mañana y luego, borré cassette. Había tomado casi cinco chilcanos sin pausa. Definitivamente, si no perdí el conocimiento antes fue por suerte, nada más que eso. La celebración lo ameritaba. El lanzamiento de Volver merecía disfrutarse. El set de la primera DJ estaba por terminar y yo, la verdad, había dejado de prestarle atención. Ese día era, por coincidencia, el cumpleaños de una persona muy especial para mí, y un par de días antes, le había prometido celebrarle en medio de la fiesta que con algunos amigos estaba organizando. Eso me tenía estresado. Luego pensé que no debí haberlo incluido en la fiesta, pero no podía desinvitarlo. Además, en unas horas volaba a Berlín y ni siquiera tenía mi maleta lista. Me serví otro chilcano para dejar de pensar que las cosas podrían no salir como las tenía planificadas.

Terminó el primer set y el siguiente DJ era un amigo a quien conocía recién. En ese momento, él tenía el deber de encender un poco más el ambiente. Él estaba empezando a tocar al mismo tiempo que mi teléfono empezaba a vibrar. Una nueva asistente había llegado. Estaba en la puerta principal de mi edificio. Me acababa de enviar un mensaje de whatsapp. Lo dejé tocando un poco de electrónica mientras me apuraba en pedir el ascensor. La recién llegada asistente era una persona completamente nueva para mí. Se había enterado de la fiesta por el póster que elaboré y donde redacté mi dirección en Lince detalladamente. Ella no era de Lima ni radicaba en la capital, pero por esos días estaba aquí. Nos saludamos en la entrada, le di la bienvenida y me presentó a su amigo, quien lo acompañaba esa noche.

Subimos, ingresamos al departamento y les invité dos vasos de chilcanos. Ella era alta, había venido con un pantalón ajustado y un bolso bastante pequeño y sobrio. Ella bailaba al ritmo de la música que mi amigo tocaba. Parecía ser la única que realmente estaba disfrutando de sus canciones. Los demás estaban entretenidos en sus conversaciones y ni siquiera le estaban prestando atención a la música. Ella lo miraba con admiración y luego empezaba a grabar algunos videos para inmortalizar el momento. Él no perdía la concentración y continuaba con su playlist como si su performance fuera a tener calificación o se tratara de una evaluación.

El reloj bordeó las dos de la mañana y varios de los asistentes comenzaron a retirarse. Empezaron los abrazos, los cruces de mano y los besos. Algunos se me acercaban para agradecerme por haberlos invitado y otros solo me hacían señas para que les abra la puerta y les facilite su salida. Mientras todo ello ocurría, él seguía concentrado en la consola y ella compartía risas cómplices con su amigo. Les ofrecí un trago más a cada uno, me aceptaron, pero me comentaron que luego de ello tenían que retirarse. No recuerdo bien si regresaban a casa o se iban a otra fiesta.

Terminaron sus chilcanos y se acercaron a la puerta. Entendí que esa era la señal para que vaya a despedirlos. Saqué rápidamente mi juego de llaves, dejé mi vaso con agua en la mesa y los acompañé al primer piso. Mi departamento estaba en un piso diez, así que en el transcurso del viaje en el ascensor seguro conversamos algo que en este momento ya he olvidado por completo. Les abrí la puerta principal y se quedaron afuera pese a mi insistencia de que los podía esperar hasta que llegara su movilidad.

Luego de unos meses, cuando ya había viajado y estaba con mi amigo en el teléfono, me confesó que se había enamorado de la chica de aquella vez. Tal vez el verbo preciso no fue enamorar, tal vez fue solo un gusto. Pero él había sentido una atracción que era imposible de ocultar. Le pregunté si la conocía. Me lo negó. Me preguntó cómo llegó ese día a la fiesta. Le dije que me escribió por interno. Ella no fue la única que lo hizo, además. Mis datos estaban explícitamente redactados en el flyer que hice para la fiesta. Él me admitió que le habría gustado intercambiar alguna conversación con ella esa noche en la fiesta. Le dije que era mejor si le escribía a su cuenta de Instagram. «Ya lo hice», me respondió fríamente. Ojalá la vida los vuelva a juntar, aunque sea para que tengan esa conversación que la fiesta les impidió concretar.

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