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Becario del Pronabec usa tubérculo del Vraem para fortalecer el pan francés con más proteínas  

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Becario del Pronabec usa tubérculo del Vraem para fortalecer el pan francés con más proteínas  


Miguel Ángel García, natural de Ayacucho, estudió Ingeniería Agroindustrial con Beca 18. Sus investigaciones también le han permitido ganar Beca Generación del Bicentenario y pronto iniciará clases de maestría en la Universidad de Buenos Aires. 

Entre las inmensas áreas verdes de Palestina Alta, una comunidad ubicada dentro de los Valles de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), Miguel Ángel García Cisneros conoció por primera vez la pituca, un tubérculo muy usado entre los habitantes del lugar, pero poco conocido en otros departamentos del Perú. Quedó tan fascinado con este que, al concluir la secundaria, se formó como ingeniero agroindustrial y colocó a la pituca como la gran protagonista de sus investigaciones. Con uno de sus últimos proyectos ha logrado demostrar que usando el puré de pituca en la preparación del pan francés se obtiene un producto con más proteínas. 

“El pan francés que elaboramos llegó a tener 11.37 % de proteína, a comparación del pan francés comercial que usa solo harina de trigo y tiene un 8.6 %.; además, nuestro producto resultó más agradable al paladar del consumidor, gracias a la composición de la pituca”, explica Miguel Ángel, ganador de la primera promoción de Beca 18 del Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo (Pronabec) del Ministerio de Educación. 

La investigación de Miguel Ángel fue realizada en conjunto con su docente Eusebio De la Cruz, de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, Ayacucho, y otros dos docentes de universidades nacionales de Lima. El grupo llegó a la conclusión que es posible sustituir parcialmente (en un 30 %) la harina de trigo, comúnmente usada en la preparación del pan, con el puré de pituca sin afectar las características de apariencia, sabor, olor, color o textura del pan francés. Esta sustitución, además de brindar más proteínas al producto, disminuye el porcentaje de grasa, de 3.7 % a 2.5 %. 

Este tipo de investigaciones son importantes porque brindan una mayor seguridad alimentaria al consumidor y porque mostramosrecursos naturales en Perú que están esperando para ser usados, como la pituca”, detalla el docente Eusebio, desde el Centro Experimental de Panificación de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga. En este lugar también se viene experimentando el uso del puré de pituca en empanadas y milhojas, con resultados alentadores. 

La visión de Miguel Ángel y su equipo es que su producto enriquecido pueda ser ofrecido en las panaderías de la región Ayacucho. Asimismo, tienen el reto de usar el puré de pituca en la preparación del pan tradicional de su región (el pan chapla) o en productos de pastelería básica y, más adelante, en pastas.  

“Quiero empoderar a las mujeres del Vraem” 

Tras la publicación de esta investigación en la revista científica Agroindustrial Science, Miguel Ángel ha recibido llamadas de asociaciones del Vraem interesadas en conocer cómo ingresar la pituca a grandes mercados nacionales. El joven ha asumido el compromiso de apoyarlos porque el fin de su investigación es empoderar precisamente a los habitantes del Vraem y demás zonas de la selva peruana donde siembran y cultivan la pituca, cuya apariencia es muy similar a la yuca o a la papa. 

“Sobre todo, quiero empoderar a las mujeres, porque son ellas las que la cultivan la pituca para su consumo, pero si nosotros les damos capacitaciones sobre el gran potencial de este tubérculo, podemos llegar a masificar su exportación, como ocurre con el café o el cacao. Les quiero ofrecer más oportunidades”, dice Miguel Ángel, y agrega que los estudios de diversos países señalan la prevención de la diabetes y del cáncer, una buena salud ocular, la estimulación del sistema digestivo, y el fortalecimiento de huesos y dientes en los niños, como algunos de los principales beneficios de la pituca, que crece de manera natural y libre de insecticidas. 

Esta investigación, así como su historial profesional, también le ha permitido a Miguel Ángel cumplir una nueva meta: ser admitido en la Universidad de Buenos Aires, Argentina, para estudiar una maestría en Bromatología y Tecnología de la Industrialización de Alimentos. El joven de 28 años logrará seguir estos estudios con todos los gastos pagados por el Estado, tras haberse esforzado y ganado la Beca Generación del Bicentenario 2023 del Pronabec. 

“Seguí la carrera de mis sueños” 

Miguel Ángel nació en el centro poblado Chumbes, en Ayacucho, lugar donde también estudió primaria y secundaria. En sus vacaciones escolares, viajaba ocho horas en bus hacia Palestina Alta, tierra natal de su papá Miguel Lorenzo, donde aprendió a cultivar y cosechar café, cacao, arroz, maní, entre otros tubérculos y semillas, de la mano de su padre. Pronto, esas actividades se volvieron el pasatiempo favorito del becario. 

“Desde los 3 años ya le gustaba ir al colegio. Estoy muy orgulloso de él porque veía sus ganas de seguir aprendiendo. Además, siempre me ayudó acá en la chacra. Yo valoro mucho eso”, dice Miguel Lorenzo, un hombre que a sus 63 años sigue demostrando gran agilidad para la siembra y la cosecha. “Le doy gracias a Dios porque él sigue cumpliendo sus metas”, dice el padre del becario, mientras enseña los diplomas escolares de primer o segundo puesto de su hijo.  

En efecto, pese a las carencias económicas en su familia, Miguel Ángel ha sabido esforzarse para cumplir sus metas desde que descubrió cuál era la carrera de sus sueños. Fue a sus 8 años, cuando se encontraba jugando con sus amigos luego de clases, que un docente de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga se les acercó y les preguntó si podían ayudarle buscando aguaymanto o arrayán, frutas que abundaban en Chumbes, pero que solían ser desperdiciadas. Los niños aceptaron y cuando se las llevaron al docente descubrieron que este los usaba para producir mermeladas o néctar de estos frutos.  

“Descubrí otro mundo. El docente me dijo que él era un ingeniero agroindustrial y desde ese momento me nació la pasión por mi carrera. Yo también quería transformar la materia prima en un producto con alto valor nutricional, que beneficie a mi comunidad”, afirma Miguel Ángel, quien gracias a Beca 18 de Pronabec pudo seguir su carrera sin preocupaciones económicas. Con este logro, además, se convirtió en el primer universitario de su familia nuclear y un ejemplo para sus hermanos.

Miguel Ángel asegura que, tras culminar sus clases de maestría en Argentina, volverá a Perú y cumplirá una nueva meta: crear un centro experimental en su comunidad natal, Chumbes, para promover la investigación y seguir produciendo alimentos de alto valor nutricional con materias primas peruanas.  

“Primero es importante que sepan lo que quieren y se propongan objetivos para lograrlo. Segundo, disfruten todo este proceso, y tercero, tengan mucha perseverancia, que todo sueño se les va a cumplir si se lo proponen”, recomienda el becario, quien ya se prepara para sus clases de maestría que iniciarán en marzo. Conoce más sobre Miguel Ángel y su investigación con la pituca: https://www.youtube.com/watch?v=NCxTQ1p3rM8 



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Pamela

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Pamela

Mi compañera de carpeta en la clase del instituto es Pamela, una joven natural de Ica con muchas ganas de convertirse en comunicadora. Nuestra lección en el octavo piso del instituto culmina, y nos dirigimos hacia el ascensor. Nos acompañan nuestros demás compañeros del grupo de amigos que tenemos. Somos cinco en total y todos vamos rumbo al primer nivel. Son un poco más de las nueve de la noche, y pareciera que ninguno de nosotros tenemos apremio en regresar a casa porque en lugar de dirigirnos hacia la salida vamos rumbo a la cafetería. Nos miramos, sacamos nuestros celulares y no pronunciamos ninguna palabra. Pamela y yo tenemos un pendiente: un diálogo que hace más de una semana nos debemos. Ella y yo nos dirigimos hacia la última banca frente al establecimiento de comida que el instituto tiene, e inmediatamente el resto del grupo nos siguen. Guardo en mi bolsillo izquierdo mi móvil y le sonrío a Pamela. Los demás, probablemente, se acaban de dar cuenta que necesito privacidad con Pamela y se despiden instantáneamente. Mientras se esfuman por el largo pasadizo que los conduce a la puerta principal, ella me pregunta qué deseo decirle. Empezamos la entrevista.

Me advierte que evite las preguntas incómodas. No le hago caso. Empezamos una amena conversación hablando de cómo ingresó al mundo del modelaje. Me dice que llegó gracias a una amiga que conoció en la escuela de Marina Mora. Anteriormente, Pamela también ha bailado ballet profesional, danza inculcada por su padre. Sus ojos le brillan y supongo que es porque quiere hablar de su carrera como modelo. No me equivoco. Con un exacerbado entusiasmo me cuenta de sus participaciones en diversos eventos, tales como en canales de televisión nacional y en provincias. Sin embargo, la experiencia que jamás olvidará sucedió hace un año, y fue cuando logró consagrarse como «Miss Teen Turismo 2014». Por otro lado, me confiesa que el trajín es un inconveniente latente en quienes ejercen esta profesión. En sus épocas de modelo tenía horarios inflexibles que incluso lograron que baje su rendimiento académico. No obstante, la satisfacción de recibir una remuneración por su trabajo aparentemente sencillo era su mejor recompensa. No hay duda que como anfitriona o modelo ganaba muy bien.

La anorexia y bulimia se hacen presentes casi siempre en esta carrera me dice con suma tranquilidad. El escudo que utilizan cuando dejan de comer es la falta de tiempo o el querer bajar de peso. Y a pesar de que se les reitere que demasiado delgadas están, ellas no lo creen. Pamela, de esto no ha sido ajena, pues me comenta que hubo meses en los que no ingería sus alimentos necesarios. Esto se debía a dos factores: horarios y decisión propia. Acto seguido me confiesa que la verdadera razón para que se limitara en sus comidas se debía a las «reglas» impuestas sobre su peso, estatura y contextura dentro del entorno artístico. Llegó a pesar cincuenta y siete kilos, un peso idóneo para cualquier señorita que ostenta un metro setenta y dos de altura; mas eso no le duraría mucho tiempo. Hoy con algunos kilos de más dice aún no acostumbrarse a su cuerpo pues por un buen tiempo se vio demasiado delgada. Al mismo tiempo asegura sentirse calmada al contar con un peso regular. Su relación con Marina es de lo mejor. En los cinco años que se conocen la ha apoyado y brindado múltiples oportunidades. Un claro ejemplo se dio cuando terminó sus estudios de modelaje, y la reconocida modelo llamó a Pamela para que dictara clases en su academia. Su año de aprendizaje fue fructífero, al final.

Actualmente tiene novio. No es su enamorado, por si acaso. Acá es imprescindible que ponga énfasis en el término debido a una razón estrictamente ligada a discernir entre un concepto y otro. Para ella, el noviazgo implica compromiso, algo que ambos poseen. Jorge, su novio y mejor amigo, estudia fotografía en otro instituto. Le lleva casi diez años y es prácticamente vecino suyo. Ambos se conocieron en Ica cuando estudiaban comunicaciones en la universidad que posteriormente dejarían para venir a Lima en tiempos diferentes. Piensan viajar, pero sus prioridades son finalizar sus carreras. Los siete meses de relación que llevan la ilusionan a aspirar a su independización. Es evidente que Pamela está enamorada.

Tengo la sensación de que los minutos han transcurrido más lento de lo habitual. No han pasado ni treinta desde que dimos inicio a nuestra conversación, pero siento que llevamos horas. Es raro, pero real. Damos por terminada nuestra entrevista con un beso en la mejilla. Ella se queda aún en el instituto. Se queda esperando a su novio, quien estudia a dos cuadras y en aproximadamente quince minutos más saldrá de clase. Yo no puedo quedarme con ella, así que me marcho. Saco mis auriculares y me pierdo entre las calles miraflorinas escuchando el último hit de Sia. «Chandelier» me hace soñar despierto.

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Amor en el primer set

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Amor en el primer set

De lo que ocurrió en la fiesta recuerdo poco, casi nada. Estuve consciente hasta las tres de la mañana y luego, borré cassette. Había tomado casi cinco chilcanos sin pausa. Definitivamente, si no perdí el conocimiento antes fue por suerte, nada más que eso. La celebración lo ameritaba. El lanzamiento de Volver merecía disfrutarse. El set de la primera DJ estaba por terminar y yo, la verdad, había dejado de prestarle atención. Ese día era, por coincidencia, el cumpleaños de una persona muy especial para mí, y un par de días antes, le había prometido celebrarle en medio de la fiesta que con algunos amigos estaba organizando. Eso me tenía estresado. Luego pensé que no debí haberlo incluido en la fiesta, pero no podía desinvitarlo. Además, en unas horas volaba a Berlín y ni siquiera tenía mi maleta lista. Me serví otro chilcano para dejar de pensar que las cosas podrían no salir como las tenía planificadas.

Terminó el primer set y el siguiente DJ era un amigo a quien conocía recién. En ese momento, él tenía el deber de encender un poco más el ambiente. Él estaba empezando a tocar al mismo tiempo que mi teléfono empezaba a vibrar. Una nueva asistente había llegado. Estaba en la puerta principal de mi edificio. Me acababa de enviar un mensaje de whatsapp. Lo dejé tocando un poco de electrónica mientras me apuraba en pedir el ascensor. La recién llegada asistente era una persona completamente nueva para mí. Se había enterado de la fiesta por el póster que elaboré y donde redacté mi dirección en Lince detalladamente. Ella no era de Lima ni radicaba en la capital, pero por esos días estaba aquí. Nos saludamos en la entrada, le di la bienvenida y me presentó a su amigo, quien lo acompañaba esa noche.

Subimos, ingresamos al departamento y les invité dos vasos de chilcanos. Ella era alta, había venido con un pantalón ajustado y un bolso bastante pequeño y sobrio. Ella bailaba al ritmo de la música que mi amigo tocaba. Parecía ser la única que realmente estaba disfrutando de sus canciones. Los demás estaban entretenidos en sus conversaciones y ni siquiera le estaban prestando atención a la música. Ella lo miraba con admiración y luego empezaba a grabar algunos videos para inmortalizar el momento. Él no perdía la concentración y continuaba con su playlist como si su performance fuera a tener calificación o se tratara de una evaluación.

El reloj bordeó las dos de la mañana y varios de los asistentes comenzaron a retirarse. Empezaron los abrazos, los cruces de mano y los besos. Algunos se me acercaban para agradecerme por haberlos invitado y otros solo me hacían señas para que les abra la puerta y les facilite su salida. Mientras todo ello ocurría, él seguía concentrado en la consola y ella compartía risas cómplices con su amigo. Les ofrecí un trago más a cada uno, me aceptaron, pero me comentaron que luego de ello tenían que retirarse. No recuerdo bien si regresaban a casa o se iban a otra fiesta.

Terminaron sus chilcanos y se acercaron a la puerta. Entendí que esa era la señal para que vaya a despedirlos. Saqué rápidamente mi juego de llaves, dejé mi vaso con agua en la mesa y los acompañé al primer piso. Mi departamento estaba en un piso diez, así que en el transcurso del viaje en el ascensor seguro conversamos algo que en este momento ya he olvidado por completo. Les abrí la puerta principal y se quedaron afuera pese a mi insistencia de que los podía esperar hasta que llegara su movilidad.

Luego de unos meses, cuando ya había viajado y estaba con mi amigo en el teléfono, me confesó que se había enamorado de la chica de aquella vez. Tal vez el verbo preciso no fue enamorar, tal vez fue solo un gusto. Pero él había sentido una atracción que era imposible de ocultar. Le pregunté si la conocía. Me lo negó. Me preguntó cómo llegó ese día a la fiesta. Le dije que me escribió por interno. Ella no fue la única que lo hizo, además. Mis datos estaban explícitamente redactados en el flyer que hice para la fiesta. Él me admitió que le habría gustado intercambiar alguna conversación con ella esa noche en la fiesta. Le dije que era mejor si le escribía a su cuenta de Instagram. «Ya lo hice», me respondió fríamente. Ojalá la vida los vuelva a juntar, aunque sea para que tengan esa conversación que la fiesta les impidió concretar.

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