Arte y Cultura
“El libro puede ser un vehículo para la construcción de ciudadanía”
El 23 de abril se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. Para hablar sobre la importancia de esta fecha, conversamos con Fabiola Vergara, jefa institucional de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP), entidad que forma parte del Ministerio de Cultura (Mincul).
Señora Vergara, este 23 de abril se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, ¿qué importancia tiene esta fecha para la BNP?
-Es muy importante porque los libros son el corazón de las colecciones que conserva y protege la Biblioteca Nacional. Es el libro el que permite a la ciudadanía acceder a nuestra memoria histórica, genera comunidad a través de la lectura y colabora a tener identidad personal y nacional.
Entonces, ¿podríamos decir que el libro es importante para la sociedad en general?
-Es importante que nosotros, como sociedad, nos demos cuenta que el libro puede ser un vehículo para la construcción de ciudadanía, para el acceso a la información. Además, la lectura nos permite ejercer nuestros derechos y tener nuevas oportunidades.
Sabemos que la BNP conserva y protege un valioso acervo bibliográfico y documental, donde hay verdaderas joyas, ¿qué podemos encontrar en su bóveda y repositorios?
-Tenemos desde incunables (libros impresos hasta antes del año 1500), manuscritos que dan cuenta de la historia del Perú, entre ellos los 13 tomos escritos por Juan Basilio Cortegana. Contamos con una crónica que tiene anotaciones de puño y letra del Inca Garcilaso de la Vega, material con apuntes de Ricardo Palma, el archivo de Raúl Porras Barrenechea. También, me gustaría destacar el legado y acervo documental que resguardamos de importantes figuras femeninas que tenemos en la BNP. Encontramos las primeras tesis (1890-1920) de peruanas, la obra de Clorinda Matto de Turner, Magda Portal, Teresa González de Fanning, María Wiesse Romero y mucho más, que simplemente es maravilloso e histórico. Son las joyas de todos los peruanos y peruanas, pues tienen un valor simbólico e histórico y aportan a nuestra identidad nacional, por eso hay que protegerlas. Nuestro trabajo desde la BNP radica en su protección, acceso y difusión para fortalecer nuestra memoria histórica.
Inexorablemente, los tiempos cambian y la tecnología sigue avanzando, ¿cómo la BNP afronta este nuevo reto?
-Más que afrontar es como seguimos nosotros con el compromiso de llevar el libro y la lectura en los distintos formatos que ahora existen. En estos momentos hablamos de una biblioteca híbrida, que tiene material digital e impreso. En la Biblioteca Nacional nos vamos adecuando a los nuevos tiempos, tenemos el reto de resguardar toda esa memoria para beneficio de la generación actual y de las generaciones futuras. Por ello, contamos con BNP Digital, nuestra plataforma de libre acceso, que alberga material bibliográfico documental digitalizado de nuestro Fondo Antiguo. Con ella, las personas podrán acceder a más de 71 mil documentos digitales, entre libros, manuscritos, diarios, revistas, partituras e imágenes. También contamos con la Biblioteca Pública Digital con acceso gratuito a libros en diferentes formatos (electrónicos y audiolibros de publicación contemporánea y de dominio público). Asimismo, tenemos otros esfuerzos con plataformas como Memoria Perú que permiten el acceso al patrimonio documental y artístico.

Un país que lee no solamente está bien informado, sino que también es difícil que lo engañen, ¿falta un mayor impulso a la lectura?
-Ciertamente, en nuestro país el tema pasa, y lo dice la Política Nacional del Libro, la Lectura y las Bibliotecas, por una cuestión de acceso al libro y a la información. Existe, actualmente, una brecha muy grande y se refleja en que solamente el 25% de gobiernos locales tiene una biblioteca pública a disposición de los usuarios. Además, el acceso a la lectura es un derecho cultural a través del cual las personas y sociedades pueden construir su identidad y ejercer su ciudadanía.
Tiempo atrás, en una entrevista dijo que “un libro se presta y también se devuelve”, ¿qué mensaje quiso transmitir?
En Perú es necesario trabajar en fortalecer la noción del bien público, desde la BNP tenemos un trabajo para promover el valor del libro, recordando que estos son bienes públicos y que les pertenecen a todos los peruanos, por esta razón promovemos su uso y también su cuidado. Un libro se enriquece mientras más es compartido entre las personas, por cuanto habrá más posibilidades de encuentro entre lectores y lectoras.

¿Prefiere los libros impresos o los digitales?
-Indistintamente, depende para qué fines. En lo digital existe otro tipo de información, más inmediata. Sin embargo, si deseo involucrarme más con la lectura y compartir con la comunidad, prefiero el libro impreso. Se genera algo especial.
Usted es bibliotecóloga de profesión, ¿cree que faltan más bibliotecólogos y bibliotecarios en el Perú?
-Sí, hay brechas enormes. En el Perú solo hay dos universidades (una pública y una privada) que enseñan la carrera de Bibliotecología y Ciencias de la Información, y ambas están en Lima. Además, creo que en la actualidad somos entre 600 y 700 bibliotecólogos colegiados. Esto es una clara muestra de la falta de más profesionales en Bibliotecología, pues no es solo saber trabajar la información, también se debe saber gestionar los servicios bibliotecarios y culturales Desde el Sistema Nacional de Bibliotecas venimos trabajando para articular con los gobiernos locales para que cumplan con su obligación de crear y sostener bibliotecas con servicios bibliotecarios y culturales pertinentes y de calidad. Para acortar la brecha en el acceso a la información, al libro y a la lectura es fundamental que todo gobierno local tenga una biblioteca; es necesario que se extienda la carrera de Bibliotecología y Ciencias de la Información para contar con más especialistas, cuyo trabajo debe ser en beneficio del bienestar ciudadano y comunitario, porque contribuyen con el desarrollo de las personas.

¿Es verdad que la BNP es la casa de todos los peruanos?
-Las bibliotecas y en especial la Biblioteca Nacional son lugares abiertos, accesibles, de acceso democrático, donde no se discrimina a nadie. Pueden venir personas de todas las edades no solamente a leer, sino también a encontrarse y encontrar un lugar de solaz. Las bibliotecas contribuimos en el desarrollo de las personas.
PARA TENER EN CUENTA
- La BNP tiene su sede institucional en la Av. De la Poesía 160, en San Borja, y su sede histórica: la Gran Biblioteca Pública de Lima-GBPL, en la cuarta cuadra de la Av. Abancay (Cercado de Lima).
- La BNP, del mismo modo, cuenta con siete Estaciones de Biblioteca Pública: Comas, El Agustino, La Victoria, Rímac, Breña, Cutervo (Cajamarca) y Tarata (Tacna).
- La BNP también posee plataformas digitales, no solamente está la página web de la institución (www.bnp.gob.pe), sino también la Biblioteca Pública Digital (https://bpdigital.bnp.gob.pe/) y BNP Digital (https://bibliotecadigital.bnp.gob.pe/).
*La BNP también impulsa la inclusión. En la sede de la GBPL encontramos la Sala para Personas con Discapacidad Visual “Delfina Otero Villarán”. Tiene, además, Tiflos BNP, sus servicios bibliotecarios accesibles para personas con discapacidad visual, a través del uso de las tecnologías de la información, aplicadas en servicios como lectura asistida, digitalización de texto a solicitud del usuario, conversión de archivos de texto en archivos de MP3, computadoras con lectores y magnificadores de pantalla, acceso a internet y WiFi.
Arte y Cultura
Pamela
Mi compañera de carpeta en la clase del instituto es Pamela, una joven natural de Ica con muchas ganas de convertirse en comunicadora. Nuestra lección en el octavo piso del instituto culmina, y nos dirigimos hacia el ascensor. Nos acompañan nuestros demás compañeros del grupo de amigos que tenemos. Somos cinco en total y todos vamos rumbo al primer nivel. Son un poco más de las nueve de la noche, y pareciera que ninguno de nosotros tenemos apremio en regresar a casa porque en lugar de dirigirnos hacia la salida vamos rumbo a la cafetería. Nos miramos, sacamos nuestros celulares y no pronunciamos ninguna palabra. Pamela y yo tenemos un pendiente: un diálogo que hace más de una semana nos debemos. Ella y yo nos dirigimos hacia la última banca frente al establecimiento de comida que el instituto tiene, e inmediatamente el resto del grupo nos siguen. Guardo en mi bolsillo izquierdo mi móvil y le sonrío a Pamela. Los demás, probablemente, se acaban de dar cuenta que necesito privacidad con Pamela y se despiden instantáneamente. Mientras se esfuman por el largo pasadizo que los conduce a la puerta principal, ella me pregunta qué deseo decirle. Empezamos la entrevista.
Me advierte que evite las preguntas incómodas. No le hago caso. Empezamos una amena conversación hablando de cómo ingresó al mundo del modelaje. Me dice que llegó gracias a una amiga que conoció en la escuela de Marina Mora. Anteriormente, Pamela también ha bailado ballet profesional, danza inculcada por su padre. Sus ojos le brillan y supongo que es porque quiere hablar de su carrera como modelo. No me equivoco. Con un exacerbado entusiasmo me cuenta de sus participaciones en diversos eventos, tales como en canales de televisión nacional y en provincias. Sin embargo, la experiencia que jamás olvidará sucedió hace un año, y fue cuando logró consagrarse como «Miss Teen Turismo 2014». Por otro lado, me confiesa que el trajín es un inconveniente latente en quienes ejercen esta profesión. En sus épocas de modelo tenía horarios inflexibles que incluso lograron que baje su rendimiento académico. No obstante, la satisfacción de recibir una remuneración por su trabajo aparentemente sencillo era su mejor recompensa. No hay duda que como anfitriona o modelo ganaba muy bien.
La anorexia y bulimia se hacen presentes casi siempre en esta carrera me dice con suma tranquilidad. El escudo que utilizan cuando dejan de comer es la falta de tiempo o el querer bajar de peso. Y a pesar de que se les reitere que demasiado delgadas están, ellas no lo creen. Pamela, de esto no ha sido ajena, pues me comenta que hubo meses en los que no ingería sus alimentos necesarios. Esto se debía a dos factores: horarios y decisión propia. Acto seguido me confiesa que la verdadera razón para que se limitara en sus comidas se debía a las «reglas» impuestas sobre su peso, estatura y contextura dentro del entorno artístico. Llegó a pesar cincuenta y siete kilos, un peso idóneo para cualquier señorita que ostenta un metro setenta y dos de altura; mas eso no le duraría mucho tiempo. Hoy con algunos kilos de más dice aún no acostumbrarse a su cuerpo pues por un buen tiempo se vio demasiado delgada. Al mismo tiempo asegura sentirse calmada al contar con un peso regular. Su relación con Marina es de lo mejor. En los cinco años que se conocen la ha apoyado y brindado múltiples oportunidades. Un claro ejemplo se dio cuando terminó sus estudios de modelaje, y la reconocida modelo llamó a Pamela para que dictara clases en su academia. Su año de aprendizaje fue fructífero, al final.
Actualmente tiene novio. No es su enamorado, por si acaso. Acá es imprescindible que ponga énfasis en el término debido a una razón estrictamente ligada a discernir entre un concepto y otro. Para ella, el noviazgo implica compromiso, algo que ambos poseen. Jorge, su novio y mejor amigo, estudia fotografía en otro instituto. Le lleva casi diez años y es prácticamente vecino suyo. Ambos se conocieron en Ica cuando estudiaban comunicaciones en la universidad que posteriormente dejarían para venir a Lima en tiempos diferentes. Piensan viajar, pero sus prioridades son finalizar sus carreras. Los siete meses de relación que llevan la ilusionan a aspirar a su independización. Es evidente que Pamela está enamorada.
Tengo la sensación de que los minutos han transcurrido más lento de lo habitual. No han pasado ni treinta desde que dimos inicio a nuestra conversación, pero siento que llevamos horas. Es raro, pero real. Damos por terminada nuestra entrevista con un beso en la mejilla. Ella se queda aún en el instituto. Se queda esperando a su novio, quien estudia a dos cuadras y en aproximadamente quince minutos más saldrá de clase. Yo no puedo quedarme con ella, así que me marcho. Saco mis auriculares y me pierdo entre las calles miraflorinas escuchando el último hit de Sia. «Chandelier» me hace soñar despierto.
Arte y Cultura
Amor en el primer set
De lo que ocurrió en la fiesta recuerdo poco, casi nada. Estuve consciente hasta las tres de la mañana y luego, borré cassette. Había tomado casi cinco chilcanos sin pausa. Definitivamente, si no perdí el conocimiento antes fue por suerte, nada más que eso. La celebración lo ameritaba. El lanzamiento de Volver merecía disfrutarse. El set de la primera DJ estaba por terminar y yo, la verdad, había dejado de prestarle atención. Ese día era, por coincidencia, el cumpleaños de una persona muy especial para mí, y un par de días antes, le había prometido celebrarle en medio de la fiesta que con algunos amigos estaba organizando. Eso me tenía estresado. Luego pensé que no debí haberlo incluido en la fiesta, pero no podía desinvitarlo. Además, en unas horas volaba a Berlín y ni siquiera tenía mi maleta lista. Me serví otro chilcano para dejar de pensar que las cosas podrían no salir como las tenía planificadas.
Terminó el primer set y el siguiente DJ era un amigo a quien conocía recién. En ese momento, él tenía el deber de encender un poco más el ambiente. Él estaba empezando a tocar al mismo tiempo que mi teléfono empezaba a vibrar. Una nueva asistente había llegado. Estaba en la puerta principal de mi edificio. Me acababa de enviar un mensaje de whatsapp. Lo dejé tocando un poco de electrónica mientras me apuraba en pedir el ascensor. La recién llegada asistente era una persona completamente nueva para mí. Se había enterado de la fiesta por el póster que elaboré y donde redacté mi dirección en Lince detalladamente. Ella no era de Lima ni radicaba en la capital, pero por esos días estaba aquí. Nos saludamos en la entrada, le di la bienvenida y me presentó a su amigo, quien lo acompañaba esa noche.
Subimos, ingresamos al departamento y les invité dos vasos de chilcanos. Ella era alta, había venido con un pantalón ajustado y un bolso bastante pequeño y sobrio. Ella bailaba al ritmo de la música que mi amigo tocaba. Parecía ser la única que realmente estaba disfrutando de sus canciones. Los demás estaban entretenidos en sus conversaciones y ni siquiera le estaban prestando atención a la música. Ella lo miraba con admiración y luego empezaba a grabar algunos videos para inmortalizar el momento. Él no perdía la concentración y continuaba con su playlist como si su performance fuera a tener calificación o se tratara de una evaluación.
El reloj bordeó las dos de la mañana y varios de los asistentes comenzaron a retirarse. Empezaron los abrazos, los cruces de mano y los besos. Algunos se me acercaban para agradecerme por haberlos invitado y otros solo me hacían señas para que les abra la puerta y les facilite su salida. Mientras todo ello ocurría, él seguía concentrado en la consola y ella compartía risas cómplices con su amigo. Les ofrecí un trago más a cada uno, me aceptaron, pero me comentaron que luego de ello tenían que retirarse. No recuerdo bien si regresaban a casa o se iban a otra fiesta.
Terminaron sus chilcanos y se acercaron a la puerta. Entendí que esa era la señal para que vaya a despedirlos. Saqué rápidamente mi juego de llaves, dejé mi vaso con agua en la mesa y los acompañé al primer piso. Mi departamento estaba en un piso diez, así que en el transcurso del viaje en el ascensor seguro conversamos algo que en este momento ya he olvidado por completo. Les abrí la puerta principal y se quedaron afuera pese a mi insistencia de que los podía esperar hasta que llegara su movilidad.
Luego de unos meses, cuando ya había viajado y estaba con mi amigo en el teléfono, me confesó que se había enamorado de la chica de aquella vez. Tal vez el verbo preciso no fue enamorar, tal vez fue solo un gusto. Pero él había sentido una atracción que era imposible de ocultar. Le pregunté si la conocía. Me lo negó. Me preguntó cómo llegó ese día a la fiesta. Le dije que me escribió por interno. Ella no fue la única que lo hizo, además. Mis datos estaban explícitamente redactados en el flyer que hice para la fiesta. Él me admitió que le habría gustado intercambiar alguna conversación con ella esa noche en la fiesta. Le dije que era mejor si le escribía a su cuenta de Instagram. «Ya lo hice», me respondió fríamente. Ojalá la vida los vuelva a juntar, aunque sea para que tengan esa conversación que la fiesta les impidió concretar.
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