Por: Manuel Andrés Coronado
A partir de una entrevista publicada por Perú21 en 2017, repasamos el presente de un distrito que hoy mira al pasado con melancolía.
El tiempo es el mejor juez de la política, y en Chorrillos, el tiempo corre con una mezcla de ironía y melancolía. Mirar hoy el sillón municipal del distrito obliga, inevitablemente, a repasar aquella vieja entrevista de 2017 a un hombre esquivo con las cámaras pero omnipresente en el cemento: el ingeniero Augusto Miyashiro.
Los medios de comunicación en la época lo apodaron ‘El Mudo de Chorrillos’ —un apelativo que llevaba con absoluta indiferencia—, Miyashiro encarnaba una forma de hacer gestión que hoy parece de otra galaxia. Gobernó el distrito desde 1999, sumando cinco periodos que transformaron la infraestructura local. Mientras el Chorrillos de hoy se debate en el escándalo diario y la inestabilidad, recordarlo caminando entre los vecinos evoca la memoria de un alcalde que, al final del día, demostró ser un buen tipo y un hacedor. Definitivamente, hoy se extraña al «Chino».
El declive de un apellido y el desfile del caos
La historia reciente del distrito explica por sí sola este sentimiento de nostalgia. Tras la salida del patriarca, la valla quedó demasiado alta. Su hijo, Augusto Sergio Miyashiro, asumió el cargo en una gestión que resultó poco fructífera, dejando un sinsabor en la comunidad y desgastando un apellido que durante dos décadas había sido sinónimo de progreso. Los vecinos sintieron que el legado se desvanecía.
Pero lo que vino después convirtió la decepción en crisis. Fernando Velasco llegó al poder prometiendo un ‘buen cambio’ que terminó en una vacancia impulsada por su propio teniente alcalde. Y el presente no es más alentador; hoy Chorrillos se encuentra bajo el mando de una gestión ensombrecida por un video donde se observa a la actual autoridad recibiendo dinero de un empresario, un panorama gris que hasta el día de hoy sigue sin esclarecerse.
Ante este desfile de inestabilidad, la figura del viejo «Chino» Miyashiro se agiganta en la memoria colectiva.
El estilo de un hombre que hablaba con cemento
En aquella última etapa de su mandato, en 2017, Miyashiro ya anticipaba el secreto de su permanencia frente a las preguntas de la prensa:
«Se permanece haciendo obra, no diciendo que faltan recursos. Aquí hacemos hasta 10 y 11 obras: empezamos una, terminamos y seguimos con otra. Lo que no hacen en otros distritos».
Y cumplía. El distrito avanzaba a un ritmo que hoy parece paralizado.
Habiendo transitado por diversos movimientos hasta consolidar su recordado Más Obras Y Desarrollo Social (MODS), su figura despertaba pasiones, pero sobre todo, respeto. «Castañeda habla en Lima; este no, este hace», comentaba un vecino en el malecón chorrillano mientras observaba el paso del alcalde. No necesitaba armar espectáculos mediáticos; las antiguas «zonas vulnerables» se convertían en urbanizaciones bajo su firma.
«Para ser alcalde hay que tener amor»
Aquel día de la entrevista, Miyashiro se marchó entre el cariño de las madres de los comedores populares. No probó bocado de los potajes ofrecidos por la fiesta de Chorrillos, pero no dejó una sola mano sin estrechar. Su fotógrafo lo seguía, pero él no buscaba el like en redes sociales; buscaba el contacto real.
Visto a la distancia, el tiempo le ha dado la razón en algo fundamental que confesó esa tarde:
«Para ser alcalde hay que sentirlo, hay que tener amor y ser muy honesto».
Hoy, atrapados en una crisis municipal que parece no tener fin, los chorrillanos miran hacia atrás y rescatan al hombre silencioso. Detrás del perfil bajo, hubo un vecino que quiso a su distrito. Hoy, más que nunca, Chorrillos extraña al «Chino» Miyashiro.