Arte y Cultura
Ministerio de Cultura declaró Patrimonio Cultural a la danza de Los Margaritos o Ingleses de Mochumí de Lambayeque
Actualmente, el principal contexto de representación de la danza Los Margaritos o Ingleses de Mochumí es la Festividad de la Virgen Purísima Concepción, durante el mes de febrero.
El Ministerio de Cultura declaró Patrimonio Cultural de la Nación a la danza de Los Margaritos o Ingleses de Mochumí, del distrito de Mochumí, provincia y departamento de Lambayeque, por constituir una manifestación de identidad para las familias de devotos y danzantes que sostienen su representación año tras año, acompañando la imagen de la Virgen Purísima Concepción, durante su peregrinación en febrero y a la imagen de la Inmaculada Concepción, en su festividad de diciembre.
Además, se ha convertido en una expresión de cultura viva fuertemente asociada con las redes familiares, de compadrazgo, así como con la historia y tradición oral del distrito de Mocuño.
Respecto al posible origen de la danza de Los Margaritos o Ingleses, resulta de especial importancia el registro fotográfico del investigador alemán Heinrich Brüning sobre las costumbres en el norte del país y que, como detalla Richard P. Schaedel en su publicación La etnografía Muchik en las fotografías de H. Brüning 1886- 1925, observó la representación de dos comparsas de Ingleses hacia fines del siglo XIX e inicios del siglo XX. La primera en Sechura, durante la fiesta de la Virgen de la Luz en 1890; y la segunda en Jayanca, durante la Fiesta de la Ascensión en 1904.
Es importante mencionar que, desde la segunda mitad del siglo XIX y hasta inicios del siglo XX, el proceso de expansión de los cultivos de algodón y azúcar en las regiones de Piura y Lambayeque estuvieron acompañados de una presencia sostenida de migrantes ingleses, quienes se insertaron en la sociedad local como inversionistas, comerciantes y terratenientes. La aparición de la danza de Los Margaritos o Ingleses en distintas localidades de la costa norte, y su entrelazamiento con contextos festivos tradicionales sería un ejemplo de la configuración de nuevas formas de representación a partir del intercambio cultural e interacción entre poblaciones foráneas y locales.
Asimismo, considerando este escenario, caben destacar dos versiones de relatos de tradición oral locales que explican el origen de la danza de Los Margaritos o Ingleses actualmente practicada y representada en Mochumí. La primera versión sostiene que se trata de una danza inglesa aprendida por un peruano que viajó a Inglaterra a finales del siglo XIX y que, tras su retorno, se la enseñó a un amigo suyo y la transmitió a Mochumí donde habría sido representada en primer lugar antes que en otras localidades. La segunda versión menciona que la danza habría tomado forma a partir de la presencia de una familia de ingleses en una feria o festividad de Mochumí a la que fueron invitados, tratándose de una evocación o parodia de su particular forma de vestir y su llegada en barco.
Actualmente, el principal contexto de representación de la danza Los Margaritos o Ingleses de Mochumí es la Festividad de la Virgen Purísima Concepción, durante el mes de febrero, caracterizada por el recorrido procesional a través de los distritos de Ferreñafe, Mochumí y Túcume realizado por la imagen de la Virgen peregrina, también conocida como la Virgen pequeña, la Andariega y la Serrana. Se trata de una imagen a la que los mochumanos profesan gran devoción, pidiendo su bendición para contar con la suficiente agua que permita garantizar buenas cosechas.
La danza de Los Margaritos o Ingleses de Mochumí también puede ser representada en otras celebraciones cívico religiosas a lo largo del año, en base a las coordinaciones de su mayordomía y por invitación de los cargos u organizadores de tales festividades. Entre éstas cabe resaltar, la Festividad en honor a la Inmaculada Concepción, patrona de Mochumí, cuya celebración tiene lugar en diciembre además de una celebración a medio año en junio.
La comparsa de Los Ingleses o Margaritos de Mochumí se compone de tres personajes: el márgaro principal, márgaro mayor, capitán o viejo; dos márgaras, verde y roja; y los margaritos o ingleses. El márgaro principal o capitán cumple el papel de guía o jefe de la comparsa, y su personaje representa una persona de edad madura quien ostenta poder e inspira respeto.
A nivel de estructura, la comparsa es encabezada por el capitán a cuyo lado derecho se ubica la márgara verde y a su izquierda la márgara roja, cada una de las cuáles lidera a su vez una columna compuesta por un numero variable de margaritos o ingleses. Se precisa que, desde 2020, se ha dispuesto que un margarito o inglés asuma la función de portaestandarte, situándose entre ambas columnas de danzantes detrás del capitán, llevando un estandarte bordado de color rojo y verde que identifica a la comparsa. No hay un número exacto de danzantes, sino que este varía cada año o incluso según la fecha en que se presenten. Según los testimonios de los mayordomos, hay tres pasos principales: el saludo o cadencia, el paso largo y el zapateo o marcha.
Cabe mencionar que ésta declaratoria, se efectúa a través de la Resolución Viceministerial N°000322-22023-VMPCIC/MC firmada por la viceministra de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales, Victoria Rosas.
Arte y Cultura
Pamela
Mi compañera de carpeta en la clase del instituto es Pamela, una joven natural de Ica con muchas ganas de convertirse en comunicadora. Nuestra lección en el octavo piso del instituto culmina, y nos dirigimos hacia el ascensor. Nos acompañan nuestros demás compañeros del grupo de amigos que tenemos. Somos cinco en total y todos vamos rumbo al primer nivel. Son un poco más de las nueve de la noche, y pareciera que ninguno de nosotros tenemos apremio en regresar a casa porque en lugar de dirigirnos hacia la salida vamos rumbo a la cafetería. Nos miramos, sacamos nuestros celulares y no pronunciamos ninguna palabra. Pamela y yo tenemos un pendiente: un diálogo que hace más de una semana nos debemos. Ella y yo nos dirigimos hacia la última banca frente al establecimiento de comida que el instituto tiene, e inmediatamente el resto del grupo nos siguen. Guardo en mi bolsillo izquierdo mi móvil y le sonrío a Pamela. Los demás, probablemente, se acaban de dar cuenta que necesito privacidad con Pamela y se despiden instantáneamente. Mientras se esfuman por el largo pasadizo que los conduce a la puerta principal, ella me pregunta qué deseo decirle. Empezamos la entrevista.
Me advierte que evite las preguntas incómodas. No le hago caso. Empezamos una amena conversación hablando de cómo ingresó al mundo del modelaje. Me dice que llegó gracias a una amiga que conoció en la escuela de Marina Mora. Anteriormente, Pamela también ha bailado ballet profesional, danza inculcada por su padre. Sus ojos le brillan y supongo que es porque quiere hablar de su carrera como modelo. No me equivoco. Con un exacerbado entusiasmo me cuenta de sus participaciones en diversos eventos, tales como en canales de televisión nacional y en provincias. Sin embargo, la experiencia que jamás olvidará sucedió hace un año, y fue cuando logró consagrarse como «Miss Teen Turismo 2014». Por otro lado, me confiesa que el trajín es un inconveniente latente en quienes ejercen esta profesión. En sus épocas de modelo tenía horarios inflexibles que incluso lograron que baje su rendimiento académico. No obstante, la satisfacción de recibir una remuneración por su trabajo aparentemente sencillo era su mejor recompensa. No hay duda que como anfitriona o modelo ganaba muy bien.
La anorexia y bulimia se hacen presentes casi siempre en esta carrera me dice con suma tranquilidad. El escudo que utilizan cuando dejan de comer es la falta de tiempo o el querer bajar de peso. Y a pesar de que se les reitere que demasiado delgadas están, ellas no lo creen. Pamela, de esto no ha sido ajena, pues me comenta que hubo meses en los que no ingería sus alimentos necesarios. Esto se debía a dos factores: horarios y decisión propia. Acto seguido me confiesa que la verdadera razón para que se limitara en sus comidas se debía a las «reglas» impuestas sobre su peso, estatura y contextura dentro del entorno artístico. Llegó a pesar cincuenta y siete kilos, un peso idóneo para cualquier señorita que ostenta un metro setenta y dos de altura; mas eso no le duraría mucho tiempo. Hoy con algunos kilos de más dice aún no acostumbrarse a su cuerpo pues por un buen tiempo se vio demasiado delgada. Al mismo tiempo asegura sentirse calmada al contar con un peso regular. Su relación con Marina es de lo mejor. En los cinco años que se conocen la ha apoyado y brindado múltiples oportunidades. Un claro ejemplo se dio cuando terminó sus estudios de modelaje, y la reconocida modelo llamó a Pamela para que dictara clases en su academia. Su año de aprendizaje fue fructífero, al final.
Actualmente tiene novio. No es su enamorado, por si acaso. Acá es imprescindible que ponga énfasis en el término debido a una razón estrictamente ligada a discernir entre un concepto y otro. Para ella, el noviazgo implica compromiso, algo que ambos poseen. Jorge, su novio y mejor amigo, estudia fotografía en otro instituto. Le lleva casi diez años y es prácticamente vecino suyo. Ambos se conocieron en Ica cuando estudiaban comunicaciones en la universidad que posteriormente dejarían para venir a Lima en tiempos diferentes. Piensan viajar, pero sus prioridades son finalizar sus carreras. Los siete meses de relación que llevan la ilusionan a aspirar a su independización. Es evidente que Pamela está enamorada.
Tengo la sensación de que los minutos han transcurrido más lento de lo habitual. No han pasado ni treinta desde que dimos inicio a nuestra conversación, pero siento que llevamos horas. Es raro, pero real. Damos por terminada nuestra entrevista con un beso en la mejilla. Ella se queda aún en el instituto. Se queda esperando a su novio, quien estudia a dos cuadras y en aproximadamente quince minutos más saldrá de clase. Yo no puedo quedarme con ella, así que me marcho. Saco mis auriculares y me pierdo entre las calles miraflorinas escuchando el último hit de Sia. «Chandelier» me hace soñar despierto.
Arte y Cultura
Amor en el primer set
De lo que ocurrió en la fiesta recuerdo poco, casi nada. Estuve consciente hasta las tres de la mañana y luego, borré cassette. Había tomado casi cinco chilcanos sin pausa. Definitivamente, si no perdí el conocimiento antes fue por suerte, nada más que eso. La celebración lo ameritaba. El lanzamiento de Volver merecía disfrutarse. El set de la primera DJ estaba por terminar y yo, la verdad, había dejado de prestarle atención. Ese día era, por coincidencia, el cumpleaños de una persona muy especial para mí, y un par de días antes, le había prometido celebrarle en medio de la fiesta que con algunos amigos estaba organizando. Eso me tenía estresado. Luego pensé que no debí haberlo incluido en la fiesta, pero no podía desinvitarlo. Además, en unas horas volaba a Berlín y ni siquiera tenía mi maleta lista. Me serví otro chilcano para dejar de pensar que las cosas podrían no salir como las tenía planificadas.
Terminó el primer set y el siguiente DJ era un amigo a quien conocía recién. En ese momento, él tenía el deber de encender un poco más el ambiente. Él estaba empezando a tocar al mismo tiempo que mi teléfono empezaba a vibrar. Una nueva asistente había llegado. Estaba en la puerta principal de mi edificio. Me acababa de enviar un mensaje de whatsapp. Lo dejé tocando un poco de electrónica mientras me apuraba en pedir el ascensor. La recién llegada asistente era una persona completamente nueva para mí. Se había enterado de la fiesta por el póster que elaboré y donde redacté mi dirección en Lince detalladamente. Ella no era de Lima ni radicaba en la capital, pero por esos días estaba aquí. Nos saludamos en la entrada, le di la bienvenida y me presentó a su amigo, quien lo acompañaba esa noche.
Subimos, ingresamos al departamento y les invité dos vasos de chilcanos. Ella era alta, había venido con un pantalón ajustado y un bolso bastante pequeño y sobrio. Ella bailaba al ritmo de la música que mi amigo tocaba. Parecía ser la única que realmente estaba disfrutando de sus canciones. Los demás estaban entretenidos en sus conversaciones y ni siquiera le estaban prestando atención a la música. Ella lo miraba con admiración y luego empezaba a grabar algunos videos para inmortalizar el momento. Él no perdía la concentración y continuaba con su playlist como si su performance fuera a tener calificación o se tratara de una evaluación.
El reloj bordeó las dos de la mañana y varios de los asistentes comenzaron a retirarse. Empezaron los abrazos, los cruces de mano y los besos. Algunos se me acercaban para agradecerme por haberlos invitado y otros solo me hacían señas para que les abra la puerta y les facilite su salida. Mientras todo ello ocurría, él seguía concentrado en la consola y ella compartía risas cómplices con su amigo. Les ofrecí un trago más a cada uno, me aceptaron, pero me comentaron que luego de ello tenían que retirarse. No recuerdo bien si regresaban a casa o se iban a otra fiesta.
Terminaron sus chilcanos y se acercaron a la puerta. Entendí que esa era la señal para que vaya a despedirlos. Saqué rápidamente mi juego de llaves, dejé mi vaso con agua en la mesa y los acompañé al primer piso. Mi departamento estaba en un piso diez, así que en el transcurso del viaje en el ascensor seguro conversamos algo que en este momento ya he olvidado por completo. Les abrí la puerta principal y se quedaron afuera pese a mi insistencia de que los podía esperar hasta que llegara su movilidad.
Luego de unos meses, cuando ya había viajado y estaba con mi amigo en el teléfono, me confesó que se había enamorado de la chica de aquella vez. Tal vez el verbo preciso no fue enamorar, tal vez fue solo un gusto. Pero él había sentido una atracción que era imposible de ocultar. Le pregunté si la conocía. Me lo negó. Me preguntó cómo llegó ese día a la fiesta. Le dije que me escribió por interno. Ella no fue la única que lo hizo, además. Mis datos estaban explícitamente redactados en el flyer que hice para la fiesta. Él me admitió que le habría gustado intercambiar alguna conversación con ella esa noche en la fiesta. Le dije que era mejor si le escribía a su cuenta de Instagram. «Ya lo hice», me respondió fríamente. Ojalá la vida los vuelva a juntar, aunque sea para que tengan esa conversación que la fiesta les impidió concretar.
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