Arte y Cultura
Ministra de Cultura inaugura colección de arte tradicional y artesanía del Bicentenario
Contiene 26 obras que reflejan la memoria histórica de cada región del Perú independiente. La exposición puede ser visitada en la Casa O’Higgins hasta el 20 de setiembre.
La ministra de Cultura, Leslie Urteaga, inauguró esta tarde la colección de arte tradicional y artesanía del Bicentenario, que contiene veintiséis (26) obras de arte tradicional y artesanía de 22 regiones, que reflejan nuestras diversas tradiciones y técnicas artesanales, así como el significado que cada región le ha dado a la independencia del Perú a lo largo del tiempo.
Las obras son mostradas por primera vez al público en una exposición del Proyecto Especial Bicentenario del Ministerio de Cultura, la cual fue inaugurada por la ministra en la Casa Museo O’Higgins, en jirón de la Unión 554, y podrá ser visitada hasta el 20 de setiembre.
“El Ministerio de Cultura no solo se encarga de cuidar los sitios arqueológicos o de resolver algunos problemas de nuestros pueblos indígenas. Hace más que eso, tene un rol fundamental en la construcción de la ciudadanía. Justamente por eso es que esta muestra es una de las más importantes para nosotros”, señaló la ministra.
Leslie Urteaga destacó el trabajo de los maestros artesanos y artesanas, para presentar las obras que se exponen. “Esta muestra nos trae esa reflexión necesaria para sentirnos orgullosos de nuestra diversidad cultural”, afirmó.
“Todos estamos convocados a conocer la artesanía, el arte tradicional, pero también a hacer la reflexión necesaria de lo que queremos para nuestro Perú Bicentenario. Esperemos que los ciudadanos del tricentenario nos recuerden y se enorgullezcan de lo que hicimos por el país”, finalizó.
Esta colección es resultado de la selección de proyectos de obra que fueron ejecutadas por sus creadores como parte del concurso Arte al Bicentenario, que recibió 213 postulaciones de todo el país, con excepción de Tacna, Tumbes, Madre de Dios y Pasco.
Sobre las obras
Entre las obras se encuentra la pieza de cerámica nombrada “La casa de la Capitulación de la Batalla de Ayacucho”, elaborada por el artesano de Quinua Artemio Poma, que presenta el lugar donde se firmó al Acta de capitulación entre los ejércitos patriotas y realistas; también encontramos textiles, como el presentado por Fedima Chinchay, artesana piurana que tejió un poncho tradicional de la sierra piurana en cuyos bordes rescata la iconografía de los petroglifos de la comunidad de Yanchalá; o el de Segundina Carranza, maestra textil distinguida como personalidad meritoria por el Ministerio de Cultura por su aporte en la preservación del tejido pomabambino, tradicional de Áncash.
Igual de importantes son los trabajos con fibras vegetales, como la bandera de Perú elaborada en chambira y teñida con tintes naturales de Aly Ruiz, destacada miembro de la comunidad Bora de Loreto; o la canasta tradicional de junco trabajada por María Tasayco de Ica donde se aprecia en alto relieve el escudo nacional. En ambos casos las artesanas se apropian de los símbolos patrios a partir del trabajo con fibras vegetales propias de sus localidades, entre otras piezas de gran importancia.
Esta colección del Bicentenario, que quedará como legado por los 200 años de la consolidación de la independencia a conmemorarse en 2024, ofrece creaciones artísticas que han sido trabajadas en diferentes líneas artesanales como textilería, joyería, fibras vegetales, imaginería, alfarería y cerámica, instrumentos musicales, pintura, entre otros.
Con esta exposición, el Proyecto Especial Bicentenario del Ministerio de Cultura busca contribuir al fortalecimiento de la identidad nacional, a partir del reconocimiento del Perú como país plural, que posee costumbres, tradiciones y manifestaciones culturales diversas; y, al mismo tiempo, impulsar el reconocimiento a nuestros artesanos y artistas tradicionales como peruanos del Bicentenario que conservan y difunden nuestro patrimonio inmaterial.
Visita la exposición
Se invita al público en Lima a visitar la colección que estará abierta al público, de manera gratuita, hasta el 20 de setiembre, de martes a domingo de 10:00 a. m. a 8:00 p. m. Y para que todo el país pueda conocer esta colección especial del Bicentenario se ha preparado una web interactiva http://www.bicentenario.gob.pe/coleccionbicentenario que contiene fotografías y videos de las obras y el proceso de elaboración, así como las reseñas de los creadores y otros elementos para comprender mejor cada pieza.
Asimismo, se recuerda que está en marcha un concurso nacional para seleccionar nuevas creaciones artísticas de todas las regiones con el objetivo de ampliar la actual colección y completarla con los trabajos de las regiones que no postularon en la edición pasada. Más información sobre las bases y el cronograma en https://bicentenario.gob.pe/concursos/
Arte y Cultura
Pamela
Mi compañera de carpeta en la clase del instituto es Pamela, una joven natural de Ica con muchas ganas de convertirse en comunicadora. Nuestra lección en el octavo piso del instituto culmina, y nos dirigimos hacia el ascensor. Nos acompañan nuestros demás compañeros del grupo de amigos que tenemos. Somos cinco en total y todos vamos rumbo al primer nivel. Son un poco más de las nueve de la noche, y pareciera que ninguno de nosotros tenemos apremio en regresar a casa porque en lugar de dirigirnos hacia la salida vamos rumbo a la cafetería. Nos miramos, sacamos nuestros celulares y no pronunciamos ninguna palabra. Pamela y yo tenemos un pendiente: un diálogo que hace más de una semana nos debemos. Ella y yo nos dirigimos hacia la última banca frente al establecimiento de comida que el instituto tiene, e inmediatamente el resto del grupo nos siguen. Guardo en mi bolsillo izquierdo mi móvil y le sonrío a Pamela. Los demás, probablemente, se acaban de dar cuenta que necesito privacidad con Pamela y se despiden instantáneamente. Mientras se esfuman por el largo pasadizo que los conduce a la puerta principal, ella me pregunta qué deseo decirle. Empezamos la entrevista.
Me advierte que evite las preguntas incómodas. No le hago caso. Empezamos una amena conversación hablando de cómo ingresó al mundo del modelaje. Me dice que llegó gracias a una amiga que conoció en la escuela de Marina Mora. Anteriormente, Pamela también ha bailado ballet profesional, danza inculcada por su padre. Sus ojos le brillan y supongo que es porque quiere hablar de su carrera como modelo. No me equivoco. Con un exacerbado entusiasmo me cuenta de sus participaciones en diversos eventos, tales como en canales de televisión nacional y en provincias. Sin embargo, la experiencia que jamás olvidará sucedió hace un año, y fue cuando logró consagrarse como «Miss Teen Turismo 2014». Por otro lado, me confiesa que el trajín es un inconveniente latente en quienes ejercen esta profesión. En sus épocas de modelo tenía horarios inflexibles que incluso lograron que baje su rendimiento académico. No obstante, la satisfacción de recibir una remuneración por su trabajo aparentemente sencillo era su mejor recompensa. No hay duda que como anfitriona o modelo ganaba muy bien.
La anorexia y bulimia se hacen presentes casi siempre en esta carrera me dice con suma tranquilidad. El escudo que utilizan cuando dejan de comer es la falta de tiempo o el querer bajar de peso. Y a pesar de que se les reitere que demasiado delgadas están, ellas no lo creen. Pamela, de esto no ha sido ajena, pues me comenta que hubo meses en los que no ingería sus alimentos necesarios. Esto se debía a dos factores: horarios y decisión propia. Acto seguido me confiesa que la verdadera razón para que se limitara en sus comidas se debía a las «reglas» impuestas sobre su peso, estatura y contextura dentro del entorno artístico. Llegó a pesar cincuenta y siete kilos, un peso idóneo para cualquier señorita que ostenta un metro setenta y dos de altura; mas eso no le duraría mucho tiempo. Hoy con algunos kilos de más dice aún no acostumbrarse a su cuerpo pues por un buen tiempo se vio demasiado delgada. Al mismo tiempo asegura sentirse calmada al contar con un peso regular. Su relación con Marina es de lo mejor. En los cinco años que se conocen la ha apoyado y brindado múltiples oportunidades. Un claro ejemplo se dio cuando terminó sus estudios de modelaje, y la reconocida modelo llamó a Pamela para que dictara clases en su academia. Su año de aprendizaje fue fructífero, al final.
Actualmente tiene novio. No es su enamorado, por si acaso. Acá es imprescindible que ponga énfasis en el término debido a una razón estrictamente ligada a discernir entre un concepto y otro. Para ella, el noviazgo implica compromiso, algo que ambos poseen. Jorge, su novio y mejor amigo, estudia fotografía en otro instituto. Le lleva casi diez años y es prácticamente vecino suyo. Ambos se conocieron en Ica cuando estudiaban comunicaciones en la universidad que posteriormente dejarían para venir a Lima en tiempos diferentes. Piensan viajar, pero sus prioridades son finalizar sus carreras. Los siete meses de relación que llevan la ilusionan a aspirar a su independización. Es evidente que Pamela está enamorada.
Tengo la sensación de que los minutos han transcurrido más lento de lo habitual. No han pasado ni treinta desde que dimos inicio a nuestra conversación, pero siento que llevamos horas. Es raro, pero real. Damos por terminada nuestra entrevista con un beso en la mejilla. Ella se queda aún en el instituto. Se queda esperando a su novio, quien estudia a dos cuadras y en aproximadamente quince minutos más saldrá de clase. Yo no puedo quedarme con ella, así que me marcho. Saco mis auriculares y me pierdo entre las calles miraflorinas escuchando el último hit de Sia. «Chandelier» me hace soñar despierto.
Arte y Cultura
Amor en el primer set
De lo que ocurrió en la fiesta recuerdo poco, casi nada. Estuve consciente hasta las tres de la mañana y luego, borré cassette. Había tomado casi cinco chilcanos sin pausa. Definitivamente, si no perdí el conocimiento antes fue por suerte, nada más que eso. La celebración lo ameritaba. El lanzamiento de Volver merecía disfrutarse. El set de la primera DJ estaba por terminar y yo, la verdad, había dejado de prestarle atención. Ese día era, por coincidencia, el cumpleaños de una persona muy especial para mí, y un par de días antes, le había prometido celebrarle en medio de la fiesta que con algunos amigos estaba organizando. Eso me tenía estresado. Luego pensé que no debí haberlo incluido en la fiesta, pero no podía desinvitarlo. Además, en unas horas volaba a Berlín y ni siquiera tenía mi maleta lista. Me serví otro chilcano para dejar de pensar que las cosas podrían no salir como las tenía planificadas.
Terminó el primer set y el siguiente DJ era un amigo a quien conocía recién. En ese momento, él tenía el deber de encender un poco más el ambiente. Él estaba empezando a tocar al mismo tiempo que mi teléfono empezaba a vibrar. Una nueva asistente había llegado. Estaba en la puerta principal de mi edificio. Me acababa de enviar un mensaje de whatsapp. Lo dejé tocando un poco de electrónica mientras me apuraba en pedir el ascensor. La recién llegada asistente era una persona completamente nueva para mí. Se había enterado de la fiesta por el póster que elaboré y donde redacté mi dirección en Lince detalladamente. Ella no era de Lima ni radicaba en la capital, pero por esos días estaba aquí. Nos saludamos en la entrada, le di la bienvenida y me presentó a su amigo, quien lo acompañaba esa noche.
Subimos, ingresamos al departamento y les invité dos vasos de chilcanos. Ella era alta, había venido con un pantalón ajustado y un bolso bastante pequeño y sobrio. Ella bailaba al ritmo de la música que mi amigo tocaba. Parecía ser la única que realmente estaba disfrutando de sus canciones. Los demás estaban entretenidos en sus conversaciones y ni siquiera le estaban prestando atención a la música. Ella lo miraba con admiración y luego empezaba a grabar algunos videos para inmortalizar el momento. Él no perdía la concentración y continuaba con su playlist como si su performance fuera a tener calificación o se tratara de una evaluación.
El reloj bordeó las dos de la mañana y varios de los asistentes comenzaron a retirarse. Empezaron los abrazos, los cruces de mano y los besos. Algunos se me acercaban para agradecerme por haberlos invitado y otros solo me hacían señas para que les abra la puerta y les facilite su salida. Mientras todo ello ocurría, él seguía concentrado en la consola y ella compartía risas cómplices con su amigo. Les ofrecí un trago más a cada uno, me aceptaron, pero me comentaron que luego de ello tenían que retirarse. No recuerdo bien si regresaban a casa o se iban a otra fiesta.
Terminaron sus chilcanos y se acercaron a la puerta. Entendí que esa era la señal para que vaya a despedirlos. Saqué rápidamente mi juego de llaves, dejé mi vaso con agua en la mesa y los acompañé al primer piso. Mi departamento estaba en un piso diez, así que en el transcurso del viaje en el ascensor seguro conversamos algo que en este momento ya he olvidado por completo. Les abrí la puerta principal y se quedaron afuera pese a mi insistencia de que los podía esperar hasta que llegara su movilidad.
Luego de unos meses, cuando ya había viajado y estaba con mi amigo en el teléfono, me confesó que se había enamorado de la chica de aquella vez. Tal vez el verbo preciso no fue enamorar, tal vez fue solo un gusto. Pero él había sentido una atracción que era imposible de ocultar. Le pregunté si la conocía. Me lo negó. Me preguntó cómo llegó ese día a la fiesta. Le dije que me escribió por interno. Ella no fue la única que lo hizo, además. Mis datos estaban explícitamente redactados en el flyer que hice para la fiesta. Él me admitió que le habría gustado intercambiar alguna conversación con ella esa noche en la fiesta. Le dije que era mejor si le escribía a su cuenta de Instagram. «Ya lo hice», me respondió fríamente. Ojalá la vida los vuelva a juntar, aunque sea para que tengan esa conversación que la fiesta les impidió concretar.
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