Arte y Cultura
Ministro de Cultura se despide de la región Ayacucho
Cumplió con sus últimas actividades en esta región, que le asignó el Ejecutivo durante la pandemia.
El ministro de Cultura, Alejandro Neyra Sánchez, regresó a la región Ayacucho para cumplir con sus últimas actividades en esta parte del país, la cual le fue asignada por el Gobierno para atender las necesidades de la población durante la emergencia sanitaria que vive el país por la pandemia de la COVID-19.
“Este es un momento especial porque se van cerrando ciclos. Son tres veces que he sido ministro y que tengo relación con Ayacucho. Durante la pandemia hemos venido más de diez veces y por eso le guardo cariño a esta región. Hemos trabajado en tiempos difíciles, trayendo vacunas, plantas de oxígeno y atendiendo las necesidades de la población. Si algo positivo nos deja la pandemia es que hemos podido acercarnos más a la población. Quiero que sepan que soy un ayacuchano más y desde donde esté, voy a seguir trabajando por esta región, que tiene gente maravillosa y una cultura rica”, afirmó en su despedida de esta región.
En esta ocasión, el titular de Cultura llegó al asentamiento humano 11 de Junio en Huamanga, para visitar a las artistas tradicionales de Ayacucho que son parte del proyecto LATAM Segundo Vuelo. El grupo de artesanas lideradas por Alejandrina Macedonia Guevara Santos, este año se inició un compromiso con LATAM y la empresa privada, que consiste en transformar el plástico que se genera a bordo de los aviones, en nuevas artesanías, obteniendo así ingresos y promoviendo el cuidado del medio ambiente.
“Las felicitamos porque están manteniendo viva la cultura con sus manos y su arte. Es fundamental que sigan con su trabajo. Es un proyecto bonito de LATAM, porque tiene doble impacto al ayudar a erradicar la contaminación y dar trabajo a las madres artesanas. No se dejen vencer por nada, a pesar de las dificultades”, afirmó el ministro.
Por la tarde, llegó el Santuario Histórico Pampas de Ayacucho. En este lugar, el ministro supervisó el avance del Museo de Sitio de Quinua, que está a cargo de Plan COPESCO, cuyas obras se iniciaron en octubre de 2020 y culminarían en setiembre de 2021, con una inversión de aproximadamente S/. 2’400,000, a fin de mejorar las estructuras y toda la infraestructura del museo.
Proyecto Embellece tu Barrio
Más tarde, Neyra participó en el lanzamiento del proyecto Embellece tu Barrio, del Banco Interamericano de Desarrollo – BID, en la Municipalidad de Huamanga. Este plan busca revitalizar el Centro Histórico de la ciudad de Ayacucho, con una inversión de más de S/. 30 millones, recuperando elementos de carácter patrimonial: material e inmaterial.
Por la noche, el ministro asistió a la iluminación del Arco de San Francisco, que es uno de los monumentos más famosos en Ayacucho y probablemente se trate del arco de triunfo más célebre del Perú. El encendido forma parte de la conmemoración del Bicentenario.
Enseguida, participó en la inauguración de la Muestra por el Bicentenario “El Desafío de Nosotros”, en la Plaza Mayor de Huamanga. La exposición aborda la problemática de exclusión de las poblaciones indígenas y minorías étnicas de nuestro país, a partir de su relación con los procesos de representación y construcción de identidades en el ámbito de la cultura. “La cultura y el arte han sufrido mucho en este tiempo. A pesar de los esfuerzos de entregar apoyos y estímulos, sabemos que ha golpeado mucho a los artistas. Estamos recuperándonos y superando un poco con las vacunas. El Bicentenario nos deja muchas reflexiones, porque nunca le dimos la importancia al papel que cumplieron en esa lucha los peruanos y peruanas. Por eso hemos querido visibilizar a los pueblos indígenas, afroperuanos”.
“Hemos tratado de poner en valor a los héroes nacionales. Eso es lo que significa el Desafío de Nosotros. Necesitamos luchar para dar mejores condiciones a todos. Luchar contra la discriminación, la intolerancia. Vernos como ciudadanos de la misma categoría y tener las mismas oportunidades. Pensemos en lo que nos falta, para tener una sociedad más justa, igualitaria. Es la última actividad como ministro en esta ciudad. Siempre los llevaré en el corazón, soy un ayacuchano más. Hemos hechos muchas cosas, pero siempre con cariño”, afirmó el ministro.
Para cerrar el primer día de su visita a Ayacucho, el titular de Cultura presenció el Concurso Final de Canto Quechua, proyecto financiado por los Apoyos Económicos que entregó el sector para la reactivación de la cultura. Se desarrollará en el Centro Cultural de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Es organizado por VIA Studio y la Asociación Cultural “Arte y Tradición”, y busca incentivar la aparición de nuevos valores, principalmente en el canto en quechua.
El ministro de Cultura cerró sus actividades en la región visitando el Complejo Arqueológico Conchopata, donde los representantes de instituciones y el Ejército Peruano, desarrollaron una minka de colocación de piedras de canto rodado para delimitar los caminos de acceso, así como el pintado de los mismos.
Conchopata o Qonchopata es un complejo arqueológico situado en los alrededores de Huamanga. Perteneció a la cultura Wari y se desarrolló entre los años 500 a 1100 d.C. Tras esta última actividad, el ministro retornó a Lima para continuar con su agenda.
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Pamela
Mi compañera de carpeta en la clase del instituto es Pamela, una joven natural de Ica con muchas ganas de convertirse en comunicadora. Nuestra lección en el octavo piso del instituto culmina, y nos dirigimos hacia el ascensor. Nos acompañan nuestros demás compañeros del grupo de amigos que tenemos. Somos cinco en total y todos vamos rumbo al primer nivel. Son un poco más de las nueve de la noche, y pareciera que ninguno de nosotros tenemos apremio en regresar a casa porque en lugar de dirigirnos hacia la salida vamos rumbo a la cafetería. Nos miramos, sacamos nuestros celulares y no pronunciamos ninguna palabra. Pamela y yo tenemos un pendiente: un diálogo que hace más de una semana nos debemos. Ella y yo nos dirigimos hacia la última banca frente al establecimiento de comida que el instituto tiene, e inmediatamente el resto del grupo nos siguen. Guardo en mi bolsillo izquierdo mi móvil y le sonrío a Pamela. Los demás, probablemente, se acaban de dar cuenta que necesito privacidad con Pamela y se despiden instantáneamente. Mientras se esfuman por el largo pasadizo que los conduce a la puerta principal, ella me pregunta qué deseo decirle. Empezamos la entrevista.
Me advierte que evite las preguntas incómodas. No le hago caso. Empezamos una amena conversación hablando de cómo ingresó al mundo del modelaje. Me dice que llegó gracias a una amiga que conoció en la escuela de Marina Mora. Anteriormente, Pamela también ha bailado ballet profesional, danza inculcada por su padre. Sus ojos le brillan y supongo que es porque quiere hablar de su carrera como modelo. No me equivoco. Con un exacerbado entusiasmo me cuenta de sus participaciones en diversos eventos, tales como en canales de televisión nacional y en provincias. Sin embargo, la experiencia que jamás olvidará sucedió hace un año, y fue cuando logró consagrarse como «Miss Teen Turismo 2014». Por otro lado, me confiesa que el trajín es un inconveniente latente en quienes ejercen esta profesión. En sus épocas de modelo tenía horarios inflexibles que incluso lograron que baje su rendimiento académico. No obstante, la satisfacción de recibir una remuneración por su trabajo aparentemente sencillo era su mejor recompensa. No hay duda que como anfitriona o modelo ganaba muy bien.
La anorexia y bulimia se hacen presentes casi siempre en esta carrera me dice con suma tranquilidad. El escudo que utilizan cuando dejan de comer es la falta de tiempo o el querer bajar de peso. Y a pesar de que se les reitere que demasiado delgadas están, ellas no lo creen. Pamela, de esto no ha sido ajena, pues me comenta que hubo meses en los que no ingería sus alimentos necesarios. Esto se debía a dos factores: horarios y decisión propia. Acto seguido me confiesa que la verdadera razón para que se limitara en sus comidas se debía a las «reglas» impuestas sobre su peso, estatura y contextura dentro del entorno artístico. Llegó a pesar cincuenta y siete kilos, un peso idóneo para cualquier señorita que ostenta un metro setenta y dos de altura; mas eso no le duraría mucho tiempo. Hoy con algunos kilos de más dice aún no acostumbrarse a su cuerpo pues por un buen tiempo se vio demasiado delgada. Al mismo tiempo asegura sentirse calmada al contar con un peso regular. Su relación con Marina es de lo mejor. En los cinco años que se conocen la ha apoyado y brindado múltiples oportunidades. Un claro ejemplo se dio cuando terminó sus estudios de modelaje, y la reconocida modelo llamó a Pamela para que dictara clases en su academia. Su año de aprendizaje fue fructífero, al final.
Actualmente tiene novio. No es su enamorado, por si acaso. Acá es imprescindible que ponga énfasis en el término debido a una razón estrictamente ligada a discernir entre un concepto y otro. Para ella, el noviazgo implica compromiso, algo que ambos poseen. Jorge, su novio y mejor amigo, estudia fotografía en otro instituto. Le lleva casi diez años y es prácticamente vecino suyo. Ambos se conocieron en Ica cuando estudiaban comunicaciones en la universidad que posteriormente dejarían para venir a Lima en tiempos diferentes. Piensan viajar, pero sus prioridades son finalizar sus carreras. Los siete meses de relación que llevan la ilusionan a aspirar a su independización. Es evidente que Pamela está enamorada.
Tengo la sensación de que los minutos han transcurrido más lento de lo habitual. No han pasado ni treinta desde que dimos inicio a nuestra conversación, pero siento que llevamos horas. Es raro, pero real. Damos por terminada nuestra entrevista con un beso en la mejilla. Ella se queda aún en el instituto. Se queda esperando a su novio, quien estudia a dos cuadras y en aproximadamente quince minutos más saldrá de clase. Yo no puedo quedarme con ella, así que me marcho. Saco mis auriculares y me pierdo entre las calles miraflorinas escuchando el último hit de Sia. «Chandelier» me hace soñar despierto.
Arte y Cultura
Amor en el primer set
De lo que ocurrió en la fiesta recuerdo poco, casi nada. Estuve consciente hasta las tres de la mañana y luego, borré cassette. Había tomado casi cinco chilcanos sin pausa. Definitivamente, si no perdí el conocimiento antes fue por suerte, nada más que eso. La celebración lo ameritaba. El lanzamiento de Volver merecía disfrutarse. El set de la primera DJ estaba por terminar y yo, la verdad, había dejado de prestarle atención. Ese día era, por coincidencia, el cumpleaños de una persona muy especial para mí, y un par de días antes, le había prometido celebrarle en medio de la fiesta que con algunos amigos estaba organizando. Eso me tenía estresado. Luego pensé que no debí haberlo incluido en la fiesta, pero no podía desinvitarlo. Además, en unas horas volaba a Berlín y ni siquiera tenía mi maleta lista. Me serví otro chilcano para dejar de pensar que las cosas podrían no salir como las tenía planificadas.
Terminó el primer set y el siguiente DJ era un amigo a quien conocía recién. En ese momento, él tenía el deber de encender un poco más el ambiente. Él estaba empezando a tocar al mismo tiempo que mi teléfono empezaba a vibrar. Una nueva asistente había llegado. Estaba en la puerta principal de mi edificio. Me acababa de enviar un mensaje de whatsapp. Lo dejé tocando un poco de electrónica mientras me apuraba en pedir el ascensor. La recién llegada asistente era una persona completamente nueva para mí. Se había enterado de la fiesta por el póster que elaboré y donde redacté mi dirección en Lince detalladamente. Ella no era de Lima ni radicaba en la capital, pero por esos días estaba aquí. Nos saludamos en la entrada, le di la bienvenida y me presentó a su amigo, quien lo acompañaba esa noche.
Subimos, ingresamos al departamento y les invité dos vasos de chilcanos. Ella era alta, había venido con un pantalón ajustado y un bolso bastante pequeño y sobrio. Ella bailaba al ritmo de la música que mi amigo tocaba. Parecía ser la única que realmente estaba disfrutando de sus canciones. Los demás estaban entretenidos en sus conversaciones y ni siquiera le estaban prestando atención a la música. Ella lo miraba con admiración y luego empezaba a grabar algunos videos para inmortalizar el momento. Él no perdía la concentración y continuaba con su playlist como si su performance fuera a tener calificación o se tratara de una evaluación.
El reloj bordeó las dos de la mañana y varios de los asistentes comenzaron a retirarse. Empezaron los abrazos, los cruces de mano y los besos. Algunos se me acercaban para agradecerme por haberlos invitado y otros solo me hacían señas para que les abra la puerta y les facilite su salida. Mientras todo ello ocurría, él seguía concentrado en la consola y ella compartía risas cómplices con su amigo. Les ofrecí un trago más a cada uno, me aceptaron, pero me comentaron que luego de ello tenían que retirarse. No recuerdo bien si regresaban a casa o se iban a otra fiesta.
Terminaron sus chilcanos y se acercaron a la puerta. Entendí que esa era la señal para que vaya a despedirlos. Saqué rápidamente mi juego de llaves, dejé mi vaso con agua en la mesa y los acompañé al primer piso. Mi departamento estaba en un piso diez, así que en el transcurso del viaje en el ascensor seguro conversamos algo que en este momento ya he olvidado por completo. Les abrí la puerta principal y se quedaron afuera pese a mi insistencia de que los podía esperar hasta que llegara su movilidad.
Luego de unos meses, cuando ya había viajado y estaba con mi amigo en el teléfono, me confesó que se había enamorado de la chica de aquella vez. Tal vez el verbo preciso no fue enamorar, tal vez fue solo un gusto. Pero él había sentido una atracción que era imposible de ocultar. Le pregunté si la conocía. Me lo negó. Me preguntó cómo llegó ese día a la fiesta. Le dije que me escribió por interno. Ella no fue la única que lo hizo, además. Mis datos estaban explícitamente redactados en el flyer que hice para la fiesta. Él me admitió que le habría gustado intercambiar alguna conversación con ella esa noche en la fiesta. Le dije que era mejor si le escribía a su cuenta de Instagram. «Ya lo hice», me respondió fríamente. Ojalá la vida los vuelva a juntar, aunque sea para que tengan esa conversación que la fiesta les impidió concretar.
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