Aunque el gasto total crece solo 2.29 %, el Congreso incrementó en 39 % su presupuesto, mientras la planilla pública sigue ganando peso y la inversión pierde espacio, advierte Videnza Instituto.
El Congreso aprobó la Ley de Presupuesto Público 2026 por S/257,562 millones, lo que representa un incremento de 2.29 % respecto a 2025. Sin embargo, un análisis de Videnza Instituto advierte que esta aparente moderación del gasto esconde un cambio estructural preocupante: “La planilla pública continúa expandiéndose en detrimento de la inversión”. Según el informe, el gasto en personal y obligaciones sociales pasó de representar el 29 % del presupuesto en 2019 a 36 % para 2026, una tendencia que reduce el espacio fiscal para infraestructura, servicios y atención de emergencias.
Uno de los puntos más críticos es el aumento del presupuesto del propio Parlamento. Frente a la propuesta del Ejecutivo, el Congreso elevó en 39 % su presupuesto institucional, que alcanzará S/1,735 millones en 2026, un crecimiento de 26 % respecto a 2025. Videnza subraya que “ningún otro sector del Estado registra variaciones al alza de esta magnitud”. En contraste, sectores clave como salud y transporte verán reducciones de S/145 millones y S/232 millones, respectivamente, frente a la propuesta inicial.
El análisis recuerda que esta tendencia no es reciente. El presupuesto “ya había crecido 123 % entre 2021 y 2025”, incluso antes del retorno a la bicameralidad. Además, el Congreso incorporó 74 disposiciones adicionales al proyecto del Ejecutivo, muchas de ellas orientadas a ampliar gastos permanentes sin una evaluación técnica rigurosa, incluyendo la creación de nuevas unidades ejecutoras y la flexibilización de controles presupuestales.
Para Videnza Instituto, el problema trasciende el monto asignado. Permitir que el Congreso se autoasigne mayores recursos sin controles equivalentes debilita los contrapesos fiscales y reduce la capacidad del Estado para responder a prioridades nacionales. Cuando el presupuesto deja de ser una herramienta técnica y se convierte en un instrumento político, advierte el informe, el costo termina recayendo en la ciudadanía.
Fuente: El Comercio