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Crónica de un rave con Carl Cox y los muchachos
Los muchachos querían que nos encontráramos cerca del mediodía. La idea inicial era almorzar juntos un ceviche, brindar por nuestro trabajo durante estos últimos meses en el medio independiente que tenemos y finalmente, llegar los tres al evento que estaba organizando la compañía peruana de conciertos Vastion. Al final, solo se cumplió nuestra llegada al evento: Carlitos fue el único que llegó a la hora pactada, John se retrasó un par de horas y yo llegué bordeando las cinco de la tarde (pues había salido la noche anterior y pese a no haber consumido ni una sola gota de alcohol, me sentía cansado).
Ese día teníamos muchos sentimientos encontrados y la ilusión de divertirnos por primera vez en un concierto al aire libre que se iba a desarrollar exclusivamente durante el atardecer. Normalmente, todos los conciertos a los que habíamos ido antes juntos empezaban en la noche y terminaban en la madrugada. Ni bien bajé del bus del Metropolitano, les envié un mensaje para avisarles que ya había llegado. Pensé que ellos podrían ya haber ingresado o, tal vez, estaban esperándome. Los muchachos estaban cerca a la puerta de ingreso según la ubicación que me enviaron, así que apresuré el paso.
Cuando ya estaba cerca a la puerta principal del local de eventos ubicado en Chorrillos, me acerqué a unos de los hombres de casaca roja que formaban parte de la seguridad del evento. Le pregunté cuál de las dos filas debía realizar conforme a mi entrada. Tenía el acceso VIP y no quería equivocarme de fila. «Dame un cheque y te hago entrar sin fila», me respondió en voz baja casi susurrándome. No le contesté. Lo miré algo fastidiado y llamé a los muchachos. Nos encontramos y antes de hacer juntos la fila, me comentaron que debíamos terminar con un pendiente: la venta de una entrada que nos había sobrado.
Una señora de aproximadamente sesenta años se acercó con una sonrisa. Nos preguntó a cuánto vendíamos la entrada y luego de darle el precio, accedió instantáneamente. La entrada Vip acababa de venderse a ochenta soles, un precio más que módico y accesible para que ella luego pueda usar el boleto o, en su defecto, revenderlo, una práctica que no apoyo, pero reconozco como importante en situaciones así: la entrada no se pierde y se permite a otra persona acceder a un evento.
Una vez hecha la venta, ingresamos al venue. Sin embargo, dentro del espacio donde se estaba realizando el evento, había que realizar una última fila para que nos revisaran las prendas y lo que llevábamos con nosotros. Mientras realizamos esa fila, pudimos ver cómo una persona de seguridad le gritaba a un joven y le decía que se retirara. «¿Cómo llegó hasta ahí? ¿Será que tiene su entrada, pero llevaba consigo alguna sustancia ilegal?», me pregunté en voz alta. «Se ha colado, por eso lo sacan», dijo uno de los muchachos. «Imposible», respondí. No había forma que hubiese pasado el primer filtro si carecía de una entrada. Procedí a mirar bien su rostro y descubrí que era un conocido con quien ya me había visto anteriormente en un club de techno en el Cercado de Lima. De hecho, este joven en alguna oportunidad me pidió pases libres para el club, ya que sabía que podía conseguirle. Y lo hice en su momento, pues me había caído muy bien. Por ello, me causó tristeza y desconcierto verlo en una confrontación con la seguridad de Vastion. Pero si había infringido alguna norma, la empresa debía hacerse respetar.
La fila avanzó y llegó mi turno. El señor de seguridad empezó a tocarme los hombros hasta pasar por mi espalda y cintura. Es la práctica habitual que las personas que trabajan en seguridad realizan siempre antes de que el público ingrese a un club, discoteca o concierto. Ya estaba acostumbrado a ese protocolo, así que reaccioné como de costumbre: alce mis brazos y abrí mis piernas para que el joven de seguridad corroborara que los únicos elementos que traía conmigo eran mis llaves y mi tarjeta del Metropolitano, además de mi celular. No obstante, me causó sorpresa que este joven verificara mis bolsillos de la parte trasera ingresando ingresando su mano entre mis piernas. Me sentí raro; ni en otros conciertos e incluso festivales internacionales de mayor magnitud algo similar me había sucedido. Uno de los muchachos registró el momento en video. Allí aparecía yo tratando de contener la risa, pues mi sistema nervioso es tan sensible que ante esa verificación de seguridad, fue inevitable que no me moviera y le dijera al joven que me estaba haciendo (involuntariamente) cosquillas. Una vez que ese procedimiento culminó, los muchachos me dijeron que ellos fueron revisados de la misma forma y eso ocurrió, probablemente, debido a que muchos asistentes a eventos de música electrónica suelen llevar consigo drogas ilícitas.
Ya en el venue, nos ubicamos en la zona general, que es donde normalmente siempre estamos en cada concierto al que asistimos más allá si nuestra entrada tiene algún acceso VIP o exclusivo. Allí realizamos una transmisión en vivo, sacamos algunas fotos y nos mantuvimos hasta la llegada del headliner: Carl Cox. Ese día John no podía tomar nada de alcohol, así que solo con Carlitos compartimos un par de Aperol Spritz, que tenían más hielo que licor. Las cerca de seis horas transcurrieron rápido y el momento de retornar a casa había llegado. Carlitos me llevó en su taxi y me dejó en San Isidro, cerca de la Embajada de México. Mientras caminaba, recordé que la ex primera ministra de Pedro Castillo, Betssy Chávez, estaba asilada allí. Miré hacia la residencia, me saludé con los oficiales y continué mi camino. La noche había terminado para los muchachos y para mí. Para Chávez, quien hasta hoy no tiene el salvoconducto para viajar a México, la noche seguramente sigue siendo parte de sus pesadillas.
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ELEGIR INFORMADOS Y FRENAR LOS DISCURSOS DE ODIO FORTALECE LA DEMOCRACIA
Según Forbes, el 55 % de la población estuvo expuesta a contenidos engañosos en plataformas digitales.
Las noticias falsas y los discursos de odio, muchas veces amplificados con herramientas de inteligencia artificial, están aumentando la desconfianza en los procesos electorales y profundizando la confrontación política. En ese contexto, el miembro del Comité de Fact Checking del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Jeanmarco Vila Solano, señaló que los bulos no solo perjudican a candidatos y organizaciones políticas, sino también a las propias instituciones electorales. “La desinformación electoral crea controversias, polarización, desunión, escepticismo, miedo, manipulación e incluso se evidencian actos de violencia, pero lo más preocupante para nosotros, desde los organismos electorales, es que disminuye la participación ciudadana y también genera desconfianza”, advirtió.
Por otro lado, Urpi Torrado, CEO de Datum Internacional, enfatizó que “la normalización del insulto, la deshumanización y el desprecio dificulta cualquier intento posterior de diálogo, consenso o gobernabilidad”. Asimismo, remarcó que “el discurso de odio puede movilizar adhesiones de corto plazo, pero deja una sociedad más fragmentada, desconfiada y polarizada”.
Ante este panorama, proyectos de alfabetización digital como Up for Democracy recomiendan incorporar hábitos de verificación antes de compartir contenidos, revisando la confiabilidad de las fuentes y comprobando que no se trate de una web falsa haciéndose pasar por una legítima. También sugieren contrastar la información con medios de comunicación y plataformas verificadas, utilizar herramientas como la búsqueda inversa de imágenes y evitar reaccionar únicamente a titulares alarmistas o publicaciones que apelan al miedo y la confrontación.
Fuente: InfoActiva
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IPE: «EL MITO DEL EJECUTIVO QUE NO HACE DAÑO»
“Un análisis del Instituto Peruano de Economía (IPE) advierte que el Poder Ejecutivo mantiene herramientas clave para influir en la economía, la seguridad, el empleo y los servicios públicos, incluso sin mayoría en el Congreso.
El Ejecutivo define la ejecución del presupuesto, lidera las estrategias de seguridad, establece regulaciones laborales y diseña políticas sociales, tributarias y de inversión. Sin embargo, en los últimos años se han evidenciado problemas como el deterioro fiscal, la alta rotación de autoridades, trabas a la inversión y respuestas poco efectivas frente a distintas crisis”, indicó el IPE.
Fuente: Instituto Peruano de Economía
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